lunes, 10 de julio de 2017

GRANADA Y EL NARCOTRÁFICO



Imágenes tomadas de Internet 

  El tres de julio echaron ‘En el punto de mira’, de la cadena Cuatro, ‘La marihuana en Granada’, a las 10:45 horas. El programa fue impactante. El reportero de la Cuatro, Luis Troya, acompaña a varios coches patrulla de la Guardia Civil a un chalé en Atarfe. Se trata de un barrio donde viven vecinos con alto poder adquisitivo. “Las mafias nacionales e internacionales han comprado viviendas y se instalan en los pueblos del cinturón de Granada”, aseguró un agente. Una vez allí, los guardias civiles derriban la puerta de entrada del chalé y comprueban que hay plantaciones de ‘maría’, en varias habitaciones. Numerosas macetas que contienen las ramas de marihuana, focos para mantener una temperatura de unos treinta grados en las habitaciones, tubos de aluminio y extractores para extraer el fuerte olor de las plantas, varios cuadros de luz, que están enganchados ilegalmente… “Esta vivienda consumirá como unas diez casas y calculo que la venta de la droga le dará unos beneficios de 300.000 a 400.000 euros”, le dijo un guardia al reportero. Entre 50 y 66 millones de pesetas. El siguiente destino fue el barrio de La Paz y en una casa había muchas más plantas de marihuana. El periodista le preguntó a un vecino de allí y le dijo, más o menos: “Si la casa tiene unas cien plantas de cultivo, es para su consumo” (a mí se me antojan demasiadas plantas). “Pero si tiene más de cien o quinientas plantas, eso ya es negocio”.

Otro vecino fue preguntado también y empezó a darse golpes en la barriga, con rabia, diciendo que cultivaban ‘maría’ para poder comer, porque si no pasaban hambre. En un momento dado, alguien arrojó una botella de cristal que cayó cerca del periodista, porque no le gustaría que filmaran por allí. Y así, los agentes entraron en varias viviendas más del barrio. En una mansión encontraron a un matrimonio, en la jerga de los narcos son “los jardineros” que cuidan de las plantas. El sótano y una planta estaban dedicados al cultivo de la droga. En otra secuencia, el reportero va con una cámara oculta al barrio de La Paz y se oyen unos disparos. La cámara capta el momento en que un vehículo sale huyendo a toda velocidad, mientras que un individuo, que lleva a un niño en brazos, se introduce en un vehículo y también pone tierra de por medio. Poco después la cámara enfoca a un hombre, que yace tirado en el suelo, boca arriba, y medio metro más allá están su gorra y una pistola. Empezó a llegar gente y familiares del difunto, mientras que algunas mujeres gritaban. “Hay que llamar a una ‘ambulanza’”, dice uno de los recién llegados. En un momento dado, un hombre empuja la pistola con el pie y, al ser preguntado por el periodista, dice que “es para  esconderla bajo la gorra”. Poco después, una mujer que lloraba recoge la pistola del suelo y se la lleva. Esto ocurre cuando acaba de llegar la Policía, y está más pendiente de su seguridad y del fallecido que de lo que pueda ocurrir a su alrededor.

El arma parece ser que era del que yace en el suelo, se había enfrentado a varios individuos y le dieron un tiro en la cabeza. A su hermano se lo llevaron muy grave al hospital y hay otro herido también. “Ajuste de cuentas”, se suele decir, desgraciadamente, en estos casos cuando hay muertos de por medio. En el programa entrevistan también a otro sujeto, que se dedica a alquilar pisos para el cultivo de ‘maría’. Un negocio redondo. Hay quien sostenía públicamente que  “si la gente del barrio no cultivara marihuana, podía cometer delitos peores”. No se pueden hacer declaraciones frívolas, justificando el cultivo, puesto que habría que justificar también la venta, el consumo y todas las secuelas que vienen detrás. En los últimos meses ha habido dos muertos por disparos, en la Zona Norte, a los que hay que añadir otras muertes anteriores, pues matan y roban para controlar el negocio. Al que mataron en la calle Joaquina Eguaras, fue también de un disparo a la cabeza, desde una furgoneta. Ahora son pistoleros profesionales y no como antes, que eran puñaladas de navajas cachicuernas.







Las mafias internacionales se están estableciendo en los pueblos del cinturón y la marihuana que se cultiva en Granada ya se vende en toda España, en Holanda, Francia, etc., porque dicen que es de las mejores. El pasado 30 de junio detuvieron a una banda de narcotraficantes españoles, holandeses y marroquíes, que exportaban toneladas de marihuana a los Países Bajos. Las incautaciones de ‘maría’ y las detenciones han crecido en la provincia de Granada más que en cualquier otra de Andalucía. Cuando la Policía y Endesa han acudido, se han dado cuenta de que son centenares los enganches ilegales y por eso los cortes de luz en estos barrios son frecuentes. Hoy descubren un piso y desmantelan los cultivos, pero mañana vuelven a enganchar la luz. Al haber más demanda de esta droga, habrá más cultivo y más tráfico. Y en consecuencia habrá más delitos: robos, asesinatos, corrupción…, de manera que Granada se convertirá en algo parecido a cualquier ciudad de Colombia o de México, con sus mafias, si no le ponen remedio. Últimamente, he pasado varias veces por el barrio de Almanjáyar y un olor intenso a marihuana se percibe en las calles, de forma que niños, ancianos y enfermos lo respiran porque muchos han hecho del cultivo y del consumo de marihuana una forma de vida.

Las distintas administraciones han dejado abandonados a su suerte a los barrios de la Zona Norte, por desidia, dejadez y, cuando no, justificando el cultivo de marihuana, hasta que nos hemos dado cuenta de que tenemos a un verdadero monstruo, que ha extendido sus tentáculos y ha puesto sus huevos por muchos sitios. ¿Está ocurriendo en Granada como en Chicago, en los años treinta del siglo pasado, con Al Capone y Elliot Ness y sus muchachos? Aquello era tráfico ilegal de alcohol, pero la marihuana es una droga que produce el 40% de los estados sicóticos en los jóvenes consumidores, pero esto muchos no lo saben. Desgraciadamente, todo irá a peor en Granada (así ha sido hasta ahora) porque en esos barrios impera ya la ley de la droga y del narcotraficante, pues el negocio deja muchos beneficios y el consumo irá aumentando considerablemente entre la población. El Ayuntamiento, la Diputación y la Junta de Andalucía deberían de hacer ya campañas de concienciación entre los jóvenes, advirtiendo del peligro de consumir esta droga, aparte de las medidas y refuerzos policiales que sean necesarios. Lo que vimos en el programa ‘En el punto de mira’, la mayoría de los granadinos lo desconocía y nos ha impactado a todos. Muchos nos tememos de que se ha acudido demasiado tarde, por una sencilla razón: en cualquier calle, de cualquier pueblo del cinturón de Granada, te puedes encontrar un fuerte olor a cultivo de marihuana. Antonio Arenas no ve mal que en España se haga como en Uruguay, donde la Administración controla todo el proceso del ‘cannabis’: el cultivo, el empaquetado y la comercialización. En unos días se venderá en las farmacias uruguayas. 



jueves, 29 de junio de 2017

PRÁCTICAS ABUSIVAS E ILEGALES











El 19 de enero, me di de alta en una compañía y causé baja en SIMYO, haciendo el contrato de alta y la solicitud de portabilidad a una y otra compañía. A finales de enero, SIMYO me cargó en la cuenta 3,71 euros, aunque no me envió la factura para que yo pudiera comprobar el consumo. El 27 de febrero, SIMYO volvió a cargarme en mi cartilla 3,50 euros, sin enviarme la factura,  y la devolví. El 10 de marzo recibo un correo electrónico, de los que no puedes contestar porque te lo devuelven (no-reply@ simyo.es): “Te informamos que tienes pendiente de pago la factura correspondiente al periodo comprendido entre el día 20/01/2017 y el día 20/02/2017…”. Unos días después, escribo al correo electrónico de SIMYO que viene en el contrato: “No aportan factura ni puede cobrármela pues ya me había dado de baja, pero como siga insistiendo con llamadas al teléfono de mi esposa, tendré que poner estas prácticas abusivas e ilegales en conocimiento del Servicio de Consumo”.

El 24 de marzo recibo otro correo electrónico, donde me amenazan de esta forma: “En caso de no producirse el pago en el término de 7 días, tus datos relativos al impago podrán ser comunicados a ficheros relativos al cumplimiento o incumplimiento de obligaciones dinerarias”. Esto es, SIMYO me amenaza claramente con llevarme al Registro de Morosos, sabiendo que legalmente no puede hacerlo. A final de mes, denuncié las prácticas abusivas e ilegales que utiliza la compañía, aparte de llamar repetidas veces al móvil de mi esposa, a través de una centralita de teléfono, acosándola y amenazando con que me van a cortar la línea e incluir en el fichero de morosos.  Ella tiene contrato con otra compañía y no sabemos dónde han podido conseguir su número del móvil. Me pasé por el Servicio de Consumo del Ayuntamiento de Granada y me dijeron: “Posiblemente, te han incluido en el Registro de Morosos, y nosotros no podemos sancionar porque la ley no nos lo permite”. Así de claro. Tuve que poner la reclamación en el Servicio de Consumo de la Junta de Andalucía, a finales de marzo, pues es el competente para las empresas que radican fuera de la provincia. También es eficaz en estos casos Consumo de la Diputación.

El 19 de mayo, mi mujer recibe una llamada  de una operadora de SIMYO, en su móvil. Me lo pasa y me dice: “Usted ya no nos debe nada”. No me dio tiempo a responder y ni siquiera tuvieron la dignidad de llamarme a mi teléfono. El 12 de junio recibo una carta del Servicio de Consumo, con una fotocopia del escrito que les ha remitido el Departamento de Atención al Cliente de SIMYO. Reproduzco algunas frases textuales: “… hemos comprobado que el cliente se dio de baja el día 23/01 por lo que la factura que le ha llegado corresponde al período 20/01/2017 a 19/02/2017. Se regularizan los 3,50 euros cobrados. Cliente queda conforme (…) SIMYO considera que no procede la continuación de la tramitación del presente procedimiento. Interesa señalar que la máxima prioridad de SIMYO es la satisfacción plena de sus clientes”. Tengo que decir que los 3,50 euros  de la factura los devolví de la cartilla, por lo que no los cobraron y me di de baja el 19/01, y no el 23 como dice. La respuesta de la compañía es puro cinismo, después de la persecución, amenazas y acoso que hacen con los clientes. Y lo llevan a cabo con nocturnidad y alevosía. Así actúan algunas compañías de teléfonos en España, con total impunidad, incluso te pueden meter en el fichero de morosos alegando que no has pagado una factura, sin tener que demostrarlo. Mayor indefensión no se puede pedir.




Hace un mes, salió en la prensa que un juez dictó sentencia contra Orange, prohibiéndole que llamara por teléfono a un excliente. Había estado durante meses llamándolo a todas las horas del día, para que pagara una factura cuando ya se había dado de baja. La compañía Orange contestó en la prensa –con toda la desfachatez del mundo, como SIMYO lo ha hecho a Consumo– que “la empresa que se dedicaba a reclamar a los clientes estaba externalizada”. Aunque fuera una empresa contratada para el cobro de las facturas impagadas, el responsable siempre es y será Orange. España tiene fama de ser un paraíso para cometer toda clase de delitos, porque las leyes son blandas con los delincuentes, pero sobre todo con la delincuencia de cuello blanco.


En este plan, el consumidor está completamente indefenso ante tanto atropello de las compañías de teléfonos, pues, como no se sancionan las prácticas abusivas e ilegales que cometen, cada día son más frecuentes los atropellos, de manera que son las que más reclamaciones reciben en los Servicios de Consumo. Este servicio reconoce, en la carta que me enviaron, que “tan sólo cuenta con competencias informadoras y mediadoras”; o sea, que no puede sancionar y así nos va a los consumidores. Pero, la pregunta que nos hacemos todos es: ¿por qué la Administración no tiene potestad para sancionar a las 'telecos' y sí la tiene para proceder contra las eléctricas y los particulares?

lunes, 12 de junio de 2017

‘KIRHTSA. FANTASÍA INACABADA’, DE GRANADA SANDOVAL












Granada Sandoval nació en Cuevas del Campo (Granada) y es presidenta del Círculo Artístico Literario Semillero Azul, de San Joan Despí (Barcelona). Su novela, KIRHTSA. Fantasía inacabada, me ha encantado, sobre todo la primera parte, donde la autora va contando los avatares de su infancia. Hay que tener valor para escribir esas intimidades, que tanto daño le hicieron, pero que no todo el mundo se atreve a confesarlas: esto hace que uno la aprecie más. En la Introducción Personal escribe:
Yo sé que me he equivocado muchas veces, que he cometido muchos errores (…), siempre he luchado por esquivar engaños y equivocaciones, pero reconozco que muy pocas veces logré conseguirlo.
Hay que tener la suficiente humildad para reconocer que a veces nos equivocamos y que la culpa ha sido nuestra, y no echársela a los demás, como suele ocurrir. El Infierno son los otros, decía Jean Paul Sartre.
Comencé, más o menos con diez años, a esa edad se me desplegó un ansia tremenda por escribirlo todo… Porque yo crecí entre tabúes, me desarrollé entre prohibiciones y complejos, y como es de suponer, maduré también dándome vergüenza de enseñar lo que escribía, por temor, por defecto o por timidez (…), los traumas de la infancia son caldo de cultivo para la timidez y los complejos, y yo arrastro ese vivero. Sin embargo, adoro la soledad, pienso que es la mejor universidad que existe; he aprendido más de mis horas solitarias que en todas las clases de enseñanza recibidas. 

Cuando una niña crece en un hogar ajeno (con la abuela), como le ocurrió a Granada Sandoval, con los padres ausentes y la falta de cariño, también crece la inseguridad, la desconfianza y todo el pesimismo que podamos imaginar. Y es que, cuando los niños reciben cariño y afecto en la infancia, se muestran seguros en la madurez. Me llama la atención las frases que la autora le dedica a su padre:
Se marchó de este mundo como un alma perdida dejando un dolor crónico en mi madre, que le impidió para siempre confiar en otro hombre, y a mí me dejó un vacío afectivo que no he conseguido llenar jamás.
En poco más de dos renglones, resume todo el sufrimiento que el padre causó a las dos mujeres. Falleció a los 27 años, pero antes abandonó a su madre en dos ocasiones. El dramaturgo español Fernando Arrabal vive en Francia, aunque últimamente no se sabe nada de él. Cuando era un niño, su padre huyó abandonando a su madre, y nunca supieron nada de él. Arrabal confesaba hace años que la ausencia del padre significó un trauma para él, del que nunca se recuperó.
Para decir adiós en un último reguero de llanto al pasado desastroso que me marcó de por vida…, una niña triste y solitaria, que vivió llena de miedos infantiles…, que soportó comentarios infames: “A ver quién va a cargar el día de mañana con ella siendo hija de quien es… A menuda perla le debe la vida esta cría, su padre no pudo ser más sinvergüenza ni más gandul, si la hija le sale al padre arreglados estamos”.
Parece que estoy leyendo el diálogo de una obra de teatro y pienso que es cosa de la exagerada imaginación del autor. Pero, ¿cómo es posible que una persona pueda ser tan miserable y tan cruel con una niña indefensa? Dan ganas de gritarle: ¡Qué culpa tiene la criatura de que su padre fuera así! Bastante tiene ya con tener que vivir sin sus padres y en casa de la abuela. 









Comentarios que dolían y formaban un muro de temor, desconfianza y desconsuelo que jamás fue superado (…). Llevo un rato anegada en llanto…, esta sensación de angustia e impotencia recordando la tristeza infinita que se reflejaba en los ojos de mi madre…, ella sufrió siempre esclava de su cobardía, se culpaba por no haber sabido imponerse a la familia…
¿Se puede decir más con tan pocas palabras? Sandoval ha querido contarlo todo y no dejarse nada en el tintero, ha querido transmitirnos todo lo que sufrió en la infancia y en la madurez porque lo llevaba dentro de su alma. Y eso le escocía. Pero, en la última etapa de su vida, se ha armado de valor y se ha desahogado a gusto, porque sabe que ya no tiene nada que perder y ha querido también ajustar cuentas con el pasado. Cuentan que Charles Dickens era hiperestésico, seguramente porque fue abandonado por sus padres. Leer a David Copperfield y llorar es todo uno. La autora se queja una vez más del trato que recibe, en sus escritos clandestinos:
(…), estoy harta de que me digan que soy rara, dicen que soy rara, gandula y distraída, que soy muy “señorita”, que tengo “malas raíces”…
Y dos páginas más adelante, nos habla de las consecuencias de una infancia infeliz:
Los errores de los educadores son el vivero donde se cultivan los complejos, los miedos y las inseguridades de una criatura (…), el hecho de no tener mis padres junto a mí como los demás niños, no tener una casa para irme cuando algo se ponía en mi contra, se convirtió en un drama que amargó mi niñez y marcó mi adolescencia (…), motivo por el cual se me desarrolló un carácter retraído, huraño y desconfiado, algo que me ha atormentado durante toda la vida.
Por eso, debemos de considerarnos afortunados los niños que al menos nos criamos en casa con nuestros padres. La abuela de Sandoval fue un personaje esencial en su infancia, aunque tenía sus manías:
Mi abuela me había roto el cuaderno diciendo: “¡Te prohíbo totalmente que vuelvas a escribir…, y a ver si te dedicas a cosas de provecho!”.
Sin embargo, en otra ocasión, le dio este sabio consejo:
“Tú deja correr el tiempo, hija mía, y sigue con paciencia lo que te vaya llegando que al final me darás la razón, todos vamos poco a poco encontrando nuestro sitio, tú con los años llegarás al tuyo”. 

A los veinte años la autora se casó con un sastre pero, en octubre de 1963, escribe:
Mi vida era un círculo vicioso de frustraciones donde navegaba constantemente sin encontrar salida…
Y más adelante, las cosas van a peor:
Cuando empezó a llegar la muerte por mi casa, mi hija estaba conmigo, se fue su padre, se fue mi madre, se fueron muchos otros familiares, pero ella mi hija me enseñó lo más importante del mundo con una sola palabra, “mamá, todo se va pero la vida sigue”.
Así es, mientras hay vida hay esperanza. Y casi al final del libro, Sandoval reproduce esta confesión, que escribió en enero de 2015:
… el temor de ver avanzar los años, lo alivio con sorbos de ánimo voy reorganizando a KIRHTSA poco a poco y rogándole a la vida que me dé unos cuantos años más para que mi alma endurecida pueda seguir soñando.
De esta manera, con los años, Granada Sandoval fue encajando en el complicado puzle de la vida, tal y como le había pronosticado su abuela. 

Entre las embarradas hojas de aquel cochambroso libro fueron quedando noches de insomnio, frases absurdas y todas las ideas raras que se me ocurrían, reconoce al final. 
Y entre esas ideas raras describe el planeta KIRHTSA, una fantasía inacabada donde mezcla el mundo real con el mundo imaginario. De la tristeza, represión y timidez de la infancia, la autora quiere ahora seguir soñando en sus últimos años. 




domingo, 21 de mayo de 2017

CARTAS SIN VOZ, DE AMALIA MOYA PÉREZ











La obra Cartas sin voz, de Amalia Moya Pérez (Cuevas del Campo, Granada) fue publicada, en 2014, por la colección AEAGRA (Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón). El fundador de ambas fue el escritor Antonio Víctor Martínez Cruz, que falleció hace varios años. La autora reconoce que me llevó a escribir la nostalgia de perder lo que más quieres (a su hija). Así, en el Prólogo, aclara:
Elisabeth, protagonista de este silencioso libro que ella no ha podido responder, a ninguna pregunta formulada por su propia madre (…). Su ilusión al terminar su carrera de historia en Barcelona, quiere volar y estudiar idiomas, y a correr y a descubrir el mundo. Llega a la ciudad de Cincinnati, y lo primero que hace Máster en Inglés (…). Elisabeth me había dicho que iba a escribir un libro sobre mí, quién lo iba a decir, escribir “sobre ella no estaba previsto”. Sobre Elisabeth podríamos escribir palabras hermosas, pero no estaba previsto añadir la fatal palabra “muerte”. 

La madre se resiste a creer que su hija ha muerto y establece un monólogo, con mucha tristeza y sentimiento, como quien se desahoga porque no puede soportar el dolor. Me contaba Amalia que se encerró, porque era una forma de evadirse de la dura realidad: 
Cuando empecé a escribir el libro dejé de salir, y no quería hablar con nadie. Solo buscaba mi camino. Escribiendo, escuchando mi música suave, encontré la melodía de las palabras. 
Se sumergió en los recuerdos, en el mundo de Elisabeth, porque no aceptaba  que falleciera a los 38 años. En el capítulo IV, Cincinnati, visita esta ciudad de los Estados Unidos y recorre los sitios por donde ha pasado Elisabeth, como la biblioteca y el parque. Encontró a un pintor, ya mayor, al que su hija le compraba pinturas: Ya no la veo por aquí, hace meses que no viene, le dijo. Amalia lo abrazó y vio que dos lágrimas derramaron aquellos ojos ya cansados porque era bastante mayor (…). Quería volver a la biblioteca que siempre iba con Elisabeth… Esa tarde escribí dos páginas en una paz inmensa. Me parecía que estaba conmigo. Todo hablaba de ella. Las mariposas en el parque donde ella solía ir mucho.


Elisabeth







En el capítulo VII, Los días más tristes, escribe:
Necesito verles y sentir decirme cómo te quieren… Sin ti se me hace tan dura la vida... Elisabeth, Russell (el novio) está muy triste, la verdad que no supe mucho de él, pero he podido observar que te quiere mucho… 
Al final del capítulo, la autora nos define cómo era su hija:
Sólo guapa, preciosa, de rasgos delicados, aspecto angelical. Un rostro bellamente dibujado por la mano de un artista sensible.
Pero, la clave la da en el capítulo XIV, Preguntas sin respuestas:
…voy a ver cumplido mi deseo: el de poder pasar algunos días con una persona que ya no está y que echo de menos.
Es una forma de evadirse ante tanto sufrimiento y, así, todo gira alrededor de Elisabeth, pensando en los recuerdos, en sus cartas y en el tiempo que pasaron juntas madre e hija.
En el capítulo XVI, La tormenta, Amalia comienza a ir asimilando poco a poco la triste realidad del día a día:
Es acostumbrarse a vivir sin el regreso de lo que más quieres en la vida, no estaba preparada para tal situación… Cada día te pido que me des fuerzas.

Ya en el capítulo XXI, Cuánto te echamos de menos, vemos la dolorosa confesión de una madre, todo el sufrimiento y la impotencia del mundo hecho poesía:
Me queda por decirte tantas cosas… que cada día te echo más en falta. No creo en el tiempo que dicen borrar todo. No es verdad, no se borra, y esta situación se acentúa porque no me has dejado nada (…). La letra es infinita para decirte que a veces siento verte por ese crespón del cielo entre rosas y llantos, de niña jugando, con sonidos y silencios. Parece que oigo tu voz, y eres azul y blanca luz de luna.
Y unas páginas más adelante, Amalia recuerda el sonido lejano de las frases:
Todo ha quedado distorsionado, mi pensamiento ya no puede seguir los caminos de antes. Lo impiden tantas cosas que sin tu alegría ya nunca será igual (…). Retumban cada día tus palabras, no quiero verte triste tienes que sonreír. Gracias a todas aquellas personas que están aunque lejos conmigo, y ellos también quieren que sonría. Y así lo haré mi querida niña… Mamá.
En el capítulo XXII, Las mariposas de invierno, se abandona a esta metáfora:
De qué manera podríamos vivir cuando estás perdida en la bruma, en esa niebla que no conocemos más que por la certeza de que en ella se envuelven, los que nos abandonaron.








En el capítulo XXVI, Mariposas que hablan, la autora le dedica a su hija una despedida en los últimos renglones:
No me olvido de algunas gotas de tu voz, para que me hables cuando no tengas con quién. También unos besos de esos que me entibiaban el alma, y le daban cuerda a mi corazón.

Dicen que las madres no se recuperan de la muerte de sus hijos, cuando lo normal es que sean ellos quienes entierren a los padres. Los hombres actuamos de forma diferente ante la pérdida de los hijos (aunque conozco casos en que tampoco se recuperan), posiblemente porque somos más de la calle mientras que las mujeres se ocupan más del hogar y de los hijos. Amalia Moya se expresa muy bien, con naturalidad y sencillez, sin afectación ni exageración, y sabe llegar al corazón del lector. No se hace la víctima –Elisabeth es la víctima, falleció en un hospital de Cincinnati, en pocas horas, a consecuencia de un virus maligno–, pero la pérdida de los hijos es lo que más duele a los padres. He disfrutado leyendo Cartas sin voz, pero he echado en falta algunas cartas o escritos de Elisabeth, pues hubieran hecho que el lector la conociera mejor a través de sus frases y se identificara más con ella. De cualquier manera, amiga Amalia, hay que seguir viviendo, pues la vida sigue su curso a pesar de las desgracias.




sábado, 6 de mayo de 2017

SOBRE AMENAZAS Y MENOSCABOS








El diputado Lluís Llach 



Según los videos que publicó 'El País', el pasado 25 de abril, el diputado de ‘Junts Pel Sí’, en el Parlamento catalán, Lluís Llach, dijo que la aprobación de la ley de transitoriedad jurídica obligará a todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña. "El que no la cumpla será sancionado. Deberán pensárselo muy bien. No digo que sea fácil; al revés: muchos de ellos sufrirán, porque dentro de los ‘Mossos d'Esquadra’ hay sectores que son muy contrarios", dijo en un acto organizado en marzo, por ‘Òmnium Cultural’ en Sant Sadurní de Noya (Barcelona). Lluís Llach también apuntó en diversas conferencias que la Consejería de Economía está preparada para sancionar a los contribuyentes que incumplan sus obligaciones fiscales: "Nuestras primeras declaraciones de renta reales serían en 2018. ¿Qué está previsto? Que quien no pague en Cataluña será sancionado. Nada más que esto. El Estado amenazará, pero aquí es donde cada uno de nosotros y de los funcionarios verá qué hace y se responsabilizará de sus actos”, recalcó.

Más bajo no ha podido caer este titiritero con sus intolerables amenazas (lo han utilizado, pero alguien debería denunciarlo en el juzgado), pero esto indica muchas cosas: los independentistas están muy nerviosos, sobre todo desde que el juez ha metido en chirona al hijo del patriarca de la independencia, Jordi Pujol. El que pregonaba “España nos roba”. Ya era hora de que el juez lo encarcelara. Cuando se recurre a estas burdas amenazas contra los ciudadanos de Cataluña, contra los funcionarios y contra los mozos de escuadra es porque carecen de legitimidad y de razones. Las encuestas indican que los independentistas están bajando, mientras que el porcentaje de los españolistas es mayor. ¿Quién va a querer una Cataluña independiente y sin futuro, fuera de la Unión Europea y, lo que es peor, de la mano de unos aventureros, que no son de fiar? Artur Mas también está imputado. Parece que no les ha servido de nada la lección de Gran Bretaña, tras su salida de la Unión Europea: la libra ha bajado y Escocia pide un referéndum para independizarse, pues quiere seguir perteneciendo a Europa. En definitiva, la orgullosa Inglaterra se ha pegado un tiro en el pie. Cada vez son menos los que creen en estos iluminados de la independencia.

El 27 de abril, la juez Mercedes Alaya hizo estas sorprendentes declaraciones, en una conferencia en Valencia, a instancias del ‘Foro de Opinión Cívico’. “Yo estoy en la Sección Séptima (de la Audiencia Provincial de Sevilla) porque no se me permitió quedarme —mediante una comisión de servicios— porque el Consejo General del Poder Judicial votó unánime, PP y PSOE, y por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía”, según recoge el periódico digital ‘Valencia Plaza’. Los dardos más punzantes los dirigió contra los fiscales Anticorrupción: “No mueven un dedo si no reciben órdenes de Madrid, porque lo he vivido”, apuntó la juez (algo parecido me dijo un abogado, en Granada, hace varios años). Son, precisó, “la extensión del gobierno de turno”. Según su diagnóstico, “el Ministerio Fiscal tiene dos problemas, la jerarquía y la unidad de actuación. El Gobierno elige al fiscal general del Estado, y éste a los de Anticorrupción. El Gobierno está presente en todos los casos de corrupción”, dijo.

La juez Alaya






La juez también dejó jugosos titulares sobre las formaciones políticas tradicionales. Después del 15-M, “hay un pacto de no agresión entre los grandes partidos para asegurarse la supervivencia”. PP y PSOE convinieron en que “no comentes mis abusos, yo no comento los tuyos”, según recoge el periódico ‘Valencia Plaza’. Mercedes Alaya estaba investigando los Eres y los cursos de formación, de la Junta de Andalucía, unos dos mil millones de euros que no se han justificado. No le permitieron quedarse y su juzgado fue ocupado por la juez María Núñez Bolaños, que empezó a trocear los procedimientos, donde las responsabilidades se diluyen. A finales de abril, la Audiencia Provincial de Sevilla ha anulado el primer archivo de la juez, sobre una ayuda irregular de los Eres, pues, considera que “el sobreseimiento, por no encontrar intrusos fue precipitado”. En alguna prensa la tachan de juez amiga, mientras que es evidente que los partidos políticos aplican el  refrán de “hoy por ti y mañana por mí”. El “do ut des” de los romanos, doy para que des.

El 19 de enero pasado, la juez Alaya advirtió también de la paulatina y grave pérdida de independencia que padecen los jueces: “Hay una justicia para poderosos y hay una justicia para los que no lo son”. Esto salta a la vista, en Granada estamos hartos de ver cómo los tribunales archivan los casos, cuando afectan a políticos. Hay una vara de medir para el pueblo y otra para los de arriba, como decía el humanista Tomás Moro. La juez Alaya también se quejó, en otra ocasión, de la que policía no colaboraba con ella. De diez policías que había dedicados a los Eres, los dejaron en cuatro, comentaba un periodista de Tv13. Y es sabido que la Junta no cubría las bajas de los funcionarios, por traslado,  que se producían en su juzgado.

El 25 de abril venía este titular de la agencia Europa Press: “La Intervención General de la Junta detecta ‘irregularidades’ en la gestión de contratos de la Alhambra”. Y aclaraba que “dado que algunas de las actuaciones revisadas podrían haber ocasionado “un menoscabo de ingresos, insta al Patronato de la Alhambra a que inicie todas las actuaciones necesarias para exigir a las correspondientes autoridades y personal relacionado con las mismas a fin de recuperar las cantidades indebidamente pagadas o dejadas de ingresar por el Patronato”. Esta noticia salió reproducida en las páginas interiores de algunos medios de comunicación, hasta que buscando uno se entera que el citado menoscabo de ingresos es un agujero de más de seis millones de euros, en más de 200 contratos, donde está imputada la exdirectora de la Alhambra, María del Mar Villafranca. El juicio sobre las entradas a la Alhambra tardó bastantes años, de manera que algunos encausados murieron antes de celebrarse, me dijo uno. Está visto que alguien tendrá que escribir ‘Las cuentas de la Alhambra’.

Cuando fueron imputados los expresidentes, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, junto a otros veinte excargos de la Junta, por los 854 millones de euros de los Eres, su presencia en los medios pasó casi desapercibida y apenas salieron en la televisión. A la presidenta, Susana Díaz, le faltó tiempo para decir que creía en la inocencia de los expresidentes y esperaba que salieran absueltos. A esto hay que añadir que al juez Pedro Izquierdo, exalto cargo de la Junta, le ha tocado llevar el caso de los Eres de los expresidentes, por lo que ha sido recusado por el PP. ¿Alguien piensa que Chaves y Griñán saldrán condenados? Hace unos días, el periodista Alfonso Rojo dijo: “El País le dedicó 92 portadas a los trajes de Manuel Camps (el expresidente de la Comunidad de Valencia), que ascendían a 15.000 euros”. Y no digamos el tiempo y los titulares que le dedicaron los medios de comunicación a la malograda Rita Barberá, por los mil euros que recibió.


El Congreso de los Diputados
No es difícil imaginar la de portadas que les hubieran dedicado algunos medios, si el dichoso menoscabo de ingresos en la Alhambra, o los 854 millones de los Eres, los hubieran protagonizado Rita Barberá, Manuel Camps o el exalcalde de Granada, Torres Hurtado? Está visto que pedir objetividad  a la hora de informar, en algunos medios, es pedir demasiado. Lo cierto es que tenemos una democracia enferma y, lo que es peor, de las más corruptas de Europa. Los partidos tradicionales no han sabido regenerarse ni apartar a los corruptos (más bien, los han protegido) y este desencanto ha dado lugar a que los ciudadanos voten a los nuevos partidos. Pero estos dejan mucho que desear, andan entre el populismo leninista de Iglesias y la falta de madurez de Rivera.

viernes, 7 de abril de 2017

POR LOS CAMINOS DEL ESPARTO



Castilléjar, años sesenta





Dedicado a los esparteros, que tanto penaron en los Barrancos 


Aquella mañana del 15 de diciembre de 2002, había quedado con Jesús García, el agente de Medio Ambiente, en el bar de Emilio. Y después de tomar café, enfilamos con el todoterreno para los Barrancos. El antiguo oficio de guarda lleva demasiados nombres a sus espaldas: guardarríos, guardamontes, guardacampos, guardabosques, guardapesca... Y en Extremadura también existe el oficio de guardabellotas y guardahabas. Hasta la denominación de guarda forestal, como lo fue Julio Martín Ambel, allá por los años sesenta en Castilléjar. Pero a Jesús se le nota que vive su profesión, le gusta el campo, y de paso me va indicando.
–Ahora mismo vamos por la cañada del Gallar y, siguiendo este camino espartero, se sale a la torreta de teléfonos de Galera y a la vieja carretera de Huéscar. Calculo que estarán a unos 6 ó 7 kilómetros de aquí. En cambio, El Margen queda al suroeste, por detrás de aquellos montes –luego, una vez en lo alto de los cerros, Jesús va señalando-. Hace años, los Barrancos eran de los Portillo de Huéscar; mientras que los López eran propietarios de la parte baja de la vega y de la fábrica de electricidad. Allí al fondo vemos a Castilléjar; y aquí más cerca están Los Olivos, el Lago y el depósito del agua. Entre Los Olivos y Los Carriones, se encuentra el barrio de Dolosa; y ya, en dirección a Castril, se ve el cerro del Diablo. Como parajes más cercanos tenemos el Cerrico Redondo y el camino de Mojón Alto, que sale a la carretera de Castril. Mientras que al Norte destaca el pico de la Sagra –2.383 metros de altitud– dominando el Altiplano, pero hoy tiene una capa de nubes encima. A sus pies se encuentra el embalse de San Clemente; y al Oeste, Puebla de don Fadrique entre campos de almendros y cereales. Por detrás de la Sierra de la Sagra pasa la carretera que va a Santiago de la Espada.
Hay un viejo dicho popular: “Si la Sagra fuera romana y Marmolance un pilón, ¿cuántas arrobas pesaría el cerro de Jabalcón?” (Esto me lo contaba Aurelio Gómez, mi tío político). Jesús continúa con sus explicaciones de guía, como quien anda todo el día en el campo. Se conoce el terreno como la palma de la mano, hasta las madrigueras de las zorras.
–Aquellos tajos rojizos que ves pertenecen a la sierra de Marmolance, pero ya en el término de Huéscar. Las montañas que hay a la izquierda del Cerro del Cubo (1.369 metros) –aunque, en realidad, tiene forma de pirámide, como si la mano del hombre hubiera cincelado el cerro a propósito–, es la Sierra de Castril; y un poco más abajo, se aprecia la Sierra de Cazorla, ya en la provincia de Jaén –la Sierra de Castril es una prolongación de ella–. En el Cerro del Cubo pasa el límite del término de Castilléjar y, un poco más acá, se encuentra la Loma de las Presas. El paraje natural de las Presas es uno de los paisajes más bonitos de Castilléjar y, además, han puesto barbacoas y una especie de área recreativa. Ese monte pequeñillo que vemos, casi enfrente de nosotros, es el Campo del Rey (1.088 metros), que es la única franja de pinar que tiene el pueblo. El Cerro de Jabalcón (en el siglo XIX se le decía Jabalcool) lo tenemos al Sur, pegando a Baza (la antigua Basti) y a su parque natural. Y si te fijas un poco, allá a lo lejos, se ve hasta el pico del Mulhacén. Guadix se encuentra más acá de la ladera norte de Sierra Nevada. Y aquella montaña oscura que destaca al Este, es la Sierra de Periate.
Según Pascual Madoz, “Orce se encuentra sobre una colina entre dos ramblas que bajan de la sierra de Periate”. Desde lo alto de los Barrancos –a 800 metros de altitud– la vista que se ofrece al viajero es impresionante. Uno piensa que Baza, Castril, Huéscar, Orce, Guadix o Cúllar quedan lejos, demasiado lejos. Pero aquí los tienes casi al alcance de la mano, lo abarcas todo con un golpe de vista: unos ciento cuarenta kilómetros a la redonda. O quizá más. Aunque a veces tengo la impresión de que estoy delirando. La Sagra hoy presenta un color azulado –azul cielo– y todavía no tiene la cima cubierta de nieve. En abril pasado, cuando la escalé, tenía su corona de nieve y en invierno aparece como el blanco pecho de una mujer. Pero este año el frío está tardando en llegar. Mientras que Jabalcón es ese inmenso peñasco, de color leonado, que rompe el paisaje de la llanura. A su vera se encuentra el “mar chico” del Negratín –20 km de largo y unas vistas impresionantes–, uno de los pantanos más grandes de Andalucía.

Los Barrancos y, en medio, los cerros de los 'Merguizos'







–Lo que es el término de Castilléjar no tiene montañas grandes ni altas, sino los cerros de tierra salitrosa y margas yesíferas. Antes, los albañiles salían a buscar los espejuelos –¡centenares de ellos resplandecen al sol!– y luego separaban las láminas y las cocían. Después tenían que golpear el yeso –ya con su característico color blanco– con unas mazas de madera porque salía hecho una pelota. Esta finca de quinientas y pico hectáreas –los Barrancos– la compró la Junta de Andalucía en el 92, y ha hecho algunas repoblaciones de pinos. Este pino carrasco que ves, plantado en mitad del cerro, es propio del terreno árido. Está agarrado, pero no crece por el yeso que tiene el suelo –hasta el verdín presenta un color lechoso, propio de los terrenos calizos. ¡Yo nunca había visto nada igual!–. Por aquí se da la perdiz, el conejo y la liebre, y he visto hasta un búho real. Pero cada vez se ve menos fauna, debido a los cazadores y la sequía. En cambio, los jabalíes se han convertido en una plaga, pues bajan a la vega y destrozan los ‘maíces’. Zorras también hay muchísimas, algún que otro tejón y, en las fuentes del Guardal (viene de Guahardal), se ven nutrias. Las águilas culebreras anidan por el pinar del Campo del Rey y, estos años atrás se veían bandadas de milanos comiendo en el basurero; pero ya lo han sellado. También viene a cazar por esta zona alguna que otra águila real.
Ahora vamos en el todoterreno camino del Cerro de la Cruz, y pasamos por delante de la ‘Cueva de los Señores’ –así viene señalizada en el mapa–. El agente asegura que la cueva tenía el suelo alfombrado de esparto, y todavía se observa el yeso de las ventanas y las corralizas para las caballerías. Aquí, en los años del hambre, los señoritos venían en carretas a cazar; a veces acompañados de las autoridades militares y eclesiásticas. Ocurría algo parecido a la película ‘La escopeta nacional’, de García Berlanga, pero en estos inhóspitos espartizales. Los terratenientes se divertían pegando escopetazos a los jabalíes y a todo bicho viviente; mientras que los esparteros andaban desriñonados entre los matorrales, arrancando atochas con un ‘cogeor’ para ir malviviendo. Jesús García afirma que, el importe de la subasta del esparto en el monte público, allá por el año cuarenta, “ascendía a 900.000 pesetas de entonces, y el Ayuntamiento de Castilléjar era uno de las más ricos de la provincia”. Nunca pensé que los Barrancos dieran para tanto, aunque también el pueblo sería de los que más pobres tendrían por kilómetro cuadrado.
–¡Mira, estas son huellas de jabalí! Una grande y otra más pequeña, la del jabato –al poco, me dice señalando a lo lejos–. Hasta las Presas llega la vega, y todo lo que pega al río Guardal está plantado de álamos. ¡Fíjate la vista que tiene ahora el pueblo, que se encuentra en esa esquinilla! Parece una cuña y, justo en el vértice, es donde se unen los ríos en el Puente de las Juntas.
Conforme se viene por la carretera de Huéscar, al doblar el recodo de la carretera, Castilléjar aparece de pronto, como encaramado en el cerro y con sus casas escalonadas recortándose en el horizonte. Mientras que abajo, verdean los campos de la vega que bañan sus ríos. Pero desde aquí, desde Cerro Alto, Castilléjar se dibuja al fondo, como un puñado de casitas blancas y apiñadas en una ladera del monte, cual si de una maqueta se tratara.
–Aquí se han registrado algunos inviernos hasta trece grados bajo cero, aunque lo normal son menos tres y cuatro grados –saliendo de Galera, esta mañana hacían dos grados; y por el viejo y recién asfaltado camino del Cortijo del Cura, el termómetro de mi coche marcaba medio grado–. Esto es un clima estepario que da lugar a un paisaje lunar. En los Barrancos es muy difícil identificar un paraje, porque son como la antesala del desierto, y no hay un punto de referencia. Y sobre todo ahora, en que apenas se transita por aquí. A esto le llaman el Barranco del Agua Salada, pero el  manantialillo se ha secado. Y por este camino, donde suelen pasar los pastores, se llega hasta La Alquería y El Margen –Jesús lleva el todoterreno por caminos intransitables, trasponiendo por solitarios montes, donde no se ve ni un animal–. Y aquí, en el Cerro Montoya, encima de estas hileras de piedras –todavía permanecen dispuestas como las antiguas calzadas romanas–, se colocaban los manojos de esparto; con las puntas hacia fuera para que se secaran. La gente decía “Vamos a entibar el esparto (compactar)”. Luego venían los carros y se lo llevaban a las fábricas de transformación de Calasparra y Cabra de Santo Cristo. ¡Mira, allí a lo lejos, se ven las cuevas del Cortijo del Cura! Y aquellos cortes blanquecinos en los montes, es por donde están construyendo la nueva carretera. Esos árboles de color rosa son los tarales (Tamarix gallica), que están en el llano del Arique. ¡Y fíjate cómo se distingue hasta la torre de la iglesia de Huéscar (a unos doce km)! Los días que hace sol, brillan las cúpulas del Observatorio Astronómico de Almería (el Calar Alto), en la Sierra de los Filabres. Y aquella montaña que se distingue al suroeste es Sierra Mágina, en Jaén...
Vamos por la rambla hacia el Cerro Alto y Jesús asegura que esta tierra la está recorriendo a diario. Ahora estamos subiendo una pendiente, con un 35% de desnivel. Uno piensa que si las ruedas del vehículo resbalaran, irremisiblemente iríamos a parar al fondo del barranco. Pero el agente no es de los que se echan para atrás: “No, si lo peor vendrá después, cuando bajemos la pendiente. Parece que te vas a comer el suelo”. El vehículo va por un viejo camino espartero que, al no ser transitado, está lleno de matorrales. Poco después, estamos en el Cerro Alto, a 800 metros de altitud. A nuestra derecha quedan los cerros de los Mellizos (los ‘Merguizos’), porque parecen hermanos. Observarlos desde Castilléjar, es una de la imágenes más insólitas que uno pueda ver. Porque ya es raro encontrar a dos cerros tan semejantes, aunque no están juntos a pesar del efecto óptico. Al regreso nos detenemos en la Presa del Cura, donde tantas veces me habré bañado y tomado el sol en el recodo del río. Casi todas las tardes del verano veníamos a bañarnos a este remanso, y luego tomábamos el sol en la arena. Pero, cuando decíamos de venirnos, algún Sotero nos llenaba las espaldas de cieno. Y claro, había que tirarse al agua otra vez. Hasta que, cansados, salíamos pitando y el cieno nos lo quitábamos a un kilómetro de allí. ¡Nos ha jodido! Los ‘zagalitrones’ tenían la fea costumbre de tomar el sol en pelota. Y claro, por la Presa del Cura nunca asomaban las mujeres.
Aquí el paisaje ya cambia por completo, por la vegetación que crece al lado del río. En la parte alta se recorta el solitario y monótono desierto de los montes, pero abajo están los sembrados de la vega. Y en medio discurren las aguas mansas del noble río Guardal, que durante siglos ha ido lamiendo la ladera del cerro, y hoy forma un tajo de unos treinta metros. “Es raro que por aquí no veamos una garza real”, me dice Jesús. Y al poco, como si lo hubiera oído, salió una garza volando de los juncos. Los Barrancos son una zona árida, formada por ‘badlands’ (tierras baldías) como el norte de Marruecos o el desierto de Arizona; y sólo se ven antiguos caminos de herradura y abundantes matas de esparto en la cara norte de los montes. Sin embargo, el paisaje impresiona a cualquiera: no se advierte ni una triste sombra de un árbol, ni siquiera el furtivo vuelo de algún ave. Sólo a lo lejos se divisan algunas casas, y todo lo demás es un mar de cerros blancos moteados. Pero, en aquellos años de miseria, estos montes se convirtieron en la despensa de los pobres y en el divertimento de los señoritos. Ya no aparece en el horizonte la insólita estampa de las cansinas reatas de burros regresando al atardecer y abriéndose paso por los antiguos y borrados caminos del esparto. Recuerdo que, cuando niño, los hombres se tiraban todo el santo día en los Barrancos, mientras que los viejos se sentaban a la puerta de su cueva y, con los manojos de esparto, pacientemente confeccionaban los serones y aguaderas, los capazos y esparteñas. Cuando bajamos, Jesús Martínez, el teniente de alcalde, me acompaña y le hace unas fotos a los cerros de ‘los Merguizos’, desde la antigua cueva del tío Romualdo ‘el Latas’.


Posdata: De mi libro Diálogos en la tierra de los ríos, publicado en 2003. Castilléjar tiene una deuda pendiente con los antiguos esparteros, que al final conocieron el pan negro de la emigración. El Ayuntamiento debería dedicarles un monumento en su memoria, pues muchos de ellos viven todavía.






Este es el escrito que publico el 25 de abril de 2017, en Facebook, sin que nadie haga comentario alguno. Sin embargo, todos se quejan del cambio de nombre:

"Los Barrancos es el nombre de los cerros de Castilléjar desde hace siglos, sin embargo, el alcalde le ha dado la denominación de Badlands, alegando que este anglicismo es su nombre científico y que sólo se refiere al sendero Badlands, de 12,3 km, que discurre íntegramente por los Barrancos, y con la excusa de que así vienen más turistas. Estos son los últimos comentarios del 18 de abril, en mi página de Facebook, donde el alcalde repitió una y otra vez que “los cerros se seguirán llamando barrancos”.
Leandro: Y en cuanto a tu invento de poner el nombre de Badland a los Barrancos, es un insulto a los castillejanos, aunque pongas la excusa de que es un sendero o un nombre científico. Te recuerdo que a los ingleses hay que darle lo que es de los ingleses, y a Castilléjar lo que es de Castilléjar. Déjate de polémicas que no llevan a ninguna parte
Jesus Raya Ibar: Y los cerros se seguirán llamando barrancos aunque tú te empeñes en que le hemos cambiado el nombre. Con esto me despido ya estoy cansado de repetir siempre lo mismo
• Responder • Compartir • 18 de abril a las 9:40
Sin embargo, en la fotografía de arriba se demuestra la gran mentira del edil. La imagen de los Barrancos viene como Badlands, con los anagramas de la Junta de Andalucía, de la Diputación de Granada, del Grupo de Desarrollo del Altiplano y otra institución, mientras que en la parte superior se observa perfectamente el escudo de Castilléjar y debajo viene escrito Ayuntamiento. Y lo que es peor, lo anuncia el Ecomuseo de Castilléjar, que depende del Ayuntamiento. En fin, ya sabemos que todas las instituciones andaluzas le han cambiado el nombre a los Barrancos y han bautizado a la criatura con el disparatado anglicismo de Badlands, a espaldas de los castillejanos. Pero el alcalde, Jesús Raya, el promotor del invento, sigue negándolo. Compartido de Jose Miguel Ortiz Lozar".