domingo, 21 de mayo de 2017

CARTAS SIN VOZ, DE AMALIA MOYA PÉREZ











La obra Cartas sin voz, de Amalia Moya Pérez (Cuevas del Campo, Granada) fue publicada, en 2014, por la colección AEAGRA (Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón). El fundador de ambas fue el escritor Antonio Víctor Martínez Cruz, que falleció hace varios años. La autora reconoce que me llevó a escribir la nostalgia de perder lo que más quieres (a su hija). Así, en el Prólogo, aclara:
Elisabeth, protagonista de este silencioso libro que ella no ha podido responder, a ninguna pregunta formulada por su propia madre (…). Su ilusión al terminar su carrera de historia en Barcelona, quiere volar y estudiar idiomas, y a correr y a descubrir el mundo. Llega a la ciudad de Cincinnati, y lo primero que hace Máster en Inglés (…). Elisabeth me había dicho que iba a escribir un libro sobre mí, quién lo iba a decir, escribir “sobre ella no estaba previsto”. Sobre Elisabeth podríamos escribir palabras hermosas, pero no estaba previsto añadir la fatal palabra “muerte”. 

La madre se resiste a creer que su hija ha muerto y establece un monólogo, con mucha tristeza y sentimiento, como quien se desahoga porque no puede soportar el dolor. Me contaba Amalia que se encerró, porque era una forma de evadirse de la dura realidad: 
Cuando empecé a escribir el libro dejé de salir, y no quería hablar con nadie. Solo buscaba mi camino. Escribiendo, escuchando mi música suave, encontré la melodía de las palabras. 
Se sumergió en los recuerdos, en el mundo de Elisabeth, porque no aceptaba  que falleciera a los 38 años. En el capítulo IV, Cincinnati, visita esta ciudad de los Estados Unidos y recorre los sitios por donde ha pasado Elisabeth, como la biblioteca y el parque. Encontró a un pintor, ya mayor, al que su hija le compraba pinturas: Ya no la veo por aquí, hace meses que no viene, le dijo. Amalia lo abrazó y vio que dos lágrimas derramaron aquellos ojos ya cansados porque era bastante mayor (…). Quería volver a la biblioteca que siempre iba con Elisabeth… Esa tarde escribí dos páginas en una paz inmensa. Me parecía que estaba conmigo. Todo hablaba de ella. Las mariposas en el parque donde ella solía ir mucho.


Elisabeth







En el capítulo VII, Los días más tristes, escribe:
Necesito verles y sentir decirme cómo te quieren… Sin ti se me hace tan dura la vida... Elisabeth, Russell (el novio) está muy triste, la verdad que no supe mucho de él, pero he podido observar que te quiere mucho… 
Al final del capítulo, la autora nos define cómo era su hija:
Sólo guapa, preciosa, de rasgos delicados, aspecto angelical. Un rostro bellamente dibujado por la mano de un artista sensible.
Pero, la clave la da en el capítulo XIV, Preguntas sin respuestas:
…voy a ver cumplido mi deseo: el de poder pasar algunos días con una persona que ya no está y que echo de menos.
Es una forma de evadirse ante tanto sufrimiento y, así, todo gira alrededor de Elisabeth, pensando en los recuerdos, en sus cartas y en el tiempo que pasaron juntas madre e hija.
En el capítulo XVI, La tormenta, Amalia comienza a ir asimilando poco a poco la triste realidad del día a día:
Es acostumbrarse a vivir sin el regreso de lo que más quieres en la vida, no estaba preparada para tal situación… Cada día te pido que me des fuerzas.

Ya en el capítulo XXI, Cuánto te echamos de menos, vemos la dolorosa confesión de una madre, todo el sufrimiento y la impotencia del mundo hecho poesía:
Me queda por decirte tantas cosas… que cada día te echo más en falta. No creo en el tiempo que dicen borrar todo. No es verdad, no se borra, y esta situación se acentúa porque no me has dejado nada (…). La letra es infinita para decirte que a veces siento verte por ese crespón del cielo entre rosas y llantos, de niña jugando, con sonidos y silencios. Parece que oigo tu voz, y eres azul y blanca luz de luna.
Y unas páginas más adelante, Amalia recuerda el sonido lejano de las frases:
Todo ha quedado distorsionado, mi pensamiento ya no puede seguir los caminos de antes. Lo impiden tantas cosas que sin tu alegría ya nunca será igual (…). Retumban cada día tus palabras, no quiero verte triste tienes que sonreír. Gracias a todas aquellas personas que están aunque lejos conmigo, y ellos también quieren que sonría. Y así lo haré mi querida niña… Mamá.
En el capítulo XXII, Las mariposas de invierno, se abandona a esta metáfora:
De qué manera podríamos vivir cuando estás perdida en la bruma, en esa niebla que no conocemos más que por la certeza de que en ella se envuelven, los que nos abandonaron.








En el capítulo XXVI, Mariposas que hablan, la autora le dedica a su hija una despedida en los últimos renglones:
No me olvido de algunas gotas de tu voz, para que me hables cuando no tengas con quién. También unos besos de esos que me entibiaban el alma, y le daban cuerda a mi corazón.

Dicen que las madres no se recuperan de la muerte de sus hijos, cuando lo normal es que sean ellos quienes entierren a los padres. Los hombres actuamos de forma diferente ante la pérdida de los hijos (aunque conozco casos en que tampoco se recuperan), posiblemente porque somos más de la calle mientras que las mujeres se ocupan más del hogar y de los hijos. Amalia Moya se expresa muy bien, con naturalidad y sencillez, sin afectación ni exageración, y sabe llegar al corazón del lector. No se hace la víctima –Elisabeth es la víctima, falleció en un hospital de Cincinnati, en pocas horas, a consecuencia de un virus maligno–, pero la pérdida de los hijos es lo que más duele a los padres. He disfrutado leyendo Cartas sin voz, pero he echado en falta algunas cartas o escritos de Elisabeth, pues hubieran hecho que el lector la conociera mejor a través de sus frases y se identificara más con ella. De cualquier manera, amiga Amalia, hay que seguir viviendo, pues la vida sigue su curso a pesar de las desgracias.




sábado, 6 de mayo de 2017

SOBRE AMENAZAS Y MENOSCABOS








El diputado Lluís Llach 



Según los videos que publicó 'El País', el pasado 25 de abril, el diputado de ‘Junts Pel Sí’, en el Parlamento catalán, Lluís Llach, dijo que la aprobación de la ley de transitoriedad jurídica obligará a todos los funcionarios que trabajan y viven en Cataluña. "El que no la cumpla será sancionado. Deberán pensárselo muy bien. No digo que sea fácil; al revés: muchos de ellos sufrirán, porque dentro de los ‘Mossos d'Esquadra’ hay sectores que son muy contrarios", dijo en un acto organizado en marzo, por ‘Òmnium Cultural’ en Sant Sadurní de Noya (Barcelona). Lluís Llach también apuntó en diversas conferencias que la Consejería de Economía está preparada para sancionar a los contribuyentes que incumplan sus obligaciones fiscales: "Nuestras primeras declaraciones de renta reales serían en 2018. ¿Qué está previsto? Que quien no pague en Cataluña será sancionado. Nada más que esto. El Estado amenazará, pero aquí es donde cada uno de nosotros y de los funcionarios verá qué hace y se responsabilizará de sus actos”, recalcó.

Más bajo no ha podido caer este titiritero con sus intolerables amenazas (lo han utilizado, pero alguien debería denunciarlo en el juzgado), pero esto indica muchas cosas: los independentistas están muy nerviosos, sobre todo desde que el juez ha metido en chirona al hijo del patriarca de la independencia, Jordi Pujol. El que pregonaba “España nos roba”. Ya era hora de que el juez lo encarcelara. Cuando se recurre a estas burdas amenazas contra los ciudadanos de Cataluña, contra los funcionarios y contra los mozos de escuadra es porque carecen de legitimidad y de razones. Las encuestas indican que los independentistas están bajando, mientras que el porcentaje de los españolistas es mayor. ¿Quién va a querer una Cataluña independiente y sin futuro, fuera de la Unión Europea y, lo que es peor, de la mano de unos aventureros, que no son de fiar? Artur Mas también está imputado. Parece que no les ha servido de nada la lección de Gran Bretaña, tras su salida de la Unión Europea: la libra ha bajado y Escocia pide un referéndum para independizarse, pues quiere seguir perteneciendo a Europa. En definitiva, la orgullosa Inglaterra se ha pegado un tiro en el pie. Cada vez son menos los que creen en estos iluminados de la independencia.

El 27 de abril, la juez Mercedes Alaya hizo estas sorprendentes declaraciones, en una conferencia en Valencia, a instancias del ‘Foro de Opinión Cívico’. “Yo estoy en la Sección Séptima (de la Audiencia Provincial de Sevilla) porque no se me permitió quedarme —mediante una comisión de servicios— porque el Consejo General del Poder Judicial votó unánime, PP y PSOE, y por el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía”, según recoge el periódico digital ‘Valencia Plaza’. Los dardos más punzantes los dirigió contra los fiscales Anticorrupción: “No mueven un dedo si no reciben órdenes de Madrid, porque lo he vivido”, apuntó la juez (algo parecido me dijo un abogado, en Granada, hace varios años). Son, precisó, “la extensión del gobierno de turno”. Según su diagnóstico, “el Ministerio Fiscal tiene dos problemas, la jerarquía y la unidad de actuación. El Gobierno elige al fiscal general del Estado, y éste a los de Anticorrupción. El Gobierno está presente en todos los casos de corrupción”, dijo.

La juez Alaya






La juez también dejó jugosos titulares sobre las formaciones políticas tradicionales. Después del 15-M, “hay un pacto de no agresión entre los grandes partidos para asegurarse la supervivencia”. PP y PSOE convinieron en que “no comentes mis abusos, yo no comento los tuyos”, según recoge el periódico ‘Valencia Plaza’. Mercedes Alaya estaba investigando los Eres y los cursos de formación, de la Junta de Andalucía, unos dos mil millones de euros que no se han justificado. No le permitieron quedarse y su juzgado fue ocupado por la juez María Núñez Bolaños, que empezó a trocear los procedimientos, donde las responsabilidades se diluyen. A finales de abril, la Audiencia Provincial de Sevilla ha anulado el primer archivo de la juez, sobre una ayuda irregular de los Eres, pues, considera que “el sobreseimiento, por no encontrar intrusos fue precipitado”. En alguna prensa la tachan de juez amiga, mientras que es evidente que los partidos políticos aplican el  refrán de “hoy por ti y mañana por mí”. El “do ut des” de los romanos, doy para que des.

El 19 de enero pasado, la juez Alaya advirtió también de la paulatina y grave pérdida de independencia que padecen los jueces: “Hay una justicia para poderosos y hay una justicia para los que no lo son”. Esto salta a la vista, en Granada estamos hartos de ver cómo los tribunales archivan los casos, cuando afectan a políticos. Hay una vara de medir para el pueblo y otra para los de arriba, como decía el humanista Tomás Moro. La juez Alaya también se quejó, en otra ocasión, de la que policía no colaboraba con ella. De diez policías que había dedicados a los Eres, los dejaron en cuatro, comentaba un periodista de Tv13. Y es sabido que la Junta no cubría las bajas de los funcionarios, por traslado,  que se producían en su juzgado.

El 25 de abril venía este titular de la agencia Europa Press: “La Intervención General de la Junta detecta ‘irregularidades’ en la gestión de contratos de la Alhambra”. Y aclaraba que “dado que algunas de las actuaciones revisadas podrían haber ocasionado “un menoscabo de ingresos, insta al Patronato de la Alhambra a que inicie todas las actuaciones necesarias para exigir a las correspondientes autoridades y personal relacionado con las mismas a fin de recuperar las cantidades indebidamente pagadas o dejadas de ingresar por el Patronato”. Esta noticia salió reproducida en las páginas interiores de algunos medios de comunicación, hasta que buscando uno se entera que el citado menoscabo de ingresos es un agujero de más de seis millones de euros, en más de 200 contratos, donde está imputada la exdirectora de la Alhambra, María del Mar Villafranca. El juicio sobre las entradas a la Alhambra tardó bastantes años, de manera que algunos encausados murieron antes de celebrarse, me dijo uno. Está visto que alguien tendrá que escribir ‘Las cuentas de la Alhambra’.

Cuando fueron imputados los expresidentes, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, junto a otros veinte excargos de la Junta, por los 854 millones de euros de los Eres, su presencia en los medios pasó casi desapercibida y apenas salieron en la televisión. A la presidenta, Susana Díaz, le faltó tiempo para decir que creía en la inocencia de los expresidentes y esperaba que salieran absueltos. A esto hay que añadir que al juez Pedro Izquierdo, exalto cargo de la Junta, le ha tocado llevar el caso de los Eres de los expresidentes, por lo que ha sido recusado por el PP. ¿Alguien piensa que Chaves y Griñán saldrán condenados? Hace unos días, el periodista Alfonso Rojo dijo: “El País le dedicó 92 portadas a los trajes de Manuel Camps (el expresidente de la Comunidad de Valencia), que ascendían a 15.000 euros”. Y no digamos el tiempo y los titulares que le dedicaron los medios de comunicación a la malograda Rita Barberá, por los mil euros que recibió.


El Congreso de los Diputados
No es difícil imaginar la de portadas que les hubieran dedicado algunos medios, si el dichoso menoscabo de ingresos en la Alhambra, o los 854 millones de los Eres, los hubieran protagonizado Rita Barberá, Manuel Camps o el exalcalde de Granada, Torres Hurtado? Está visto que pedir objetividad  a la hora de informar, en algunos medios, es pedir demasiado. Lo cierto es que tenemos una democracia enferma y, lo que es peor, de las más corruptas de Europa. Los partidos tradicionales no han sabido regenerarse ni apartar a los corruptos (más bien, los han protegido) y este desencanto ha dado lugar a que los ciudadanos voten a los nuevos partidos. Pero estos dejan mucho que desear, andan entre el populismo leninista de Iglesias y la falta de madurez de Rivera.

viernes, 7 de abril de 2017

POR LOS CAMINOS DEL ESPARTO



Castilléjar, años sesenta





Dedicado a los esparteros, que tanto penaron en los Barrancos 


Aquella mañana del 15 de diciembre de 2002, había quedado con Jesús García, el agente de Medio Ambiente, en el bar de Emilio. Y después de tomar café, enfilamos con el todoterreno para los Barrancos. El antiguo oficio de guarda lleva demasiados nombres a sus espaldas: guardarríos, guardamontes, guardacampos, guardabosques, guardapesca... Y en Extremadura también existe el oficio de guardabellotas y guardahabas. Hasta la denominación de guarda forestal, como lo fue Julio Martín Ambel, allá por los años sesenta en Castilléjar. Pero a Jesús se le nota que vive su profesión, le gusta el campo, y de paso me va indicando.
–Ahora mismo vamos por la cañada del Gallar y, siguiendo este camino espartero, se sale a la torreta de teléfonos de Galera y a la vieja carretera de Huéscar. Calculo que estarán a unos 6 ó 7 kilómetros de aquí. En cambio, El Margen queda al suroeste, por detrás de aquellos montes –luego, una vez en lo alto de los cerros, Jesús va señalando-. Hace años, los Barrancos eran de los Portillo de Huéscar; mientras que los López eran propietarios de la parte baja de la vega y de la fábrica de electricidad. Allí al fondo vemos a Castilléjar; y aquí más cerca están Los Olivos, el Lago y el depósito del agua. Entre Los Olivos y Los Carriones, se encuentra el barrio de Dolosa; y ya, en dirección a Castril, se ve el cerro del Diablo. Como parajes más cercanos tenemos el Cerrico Redondo y el camino de Mojón Alto, que sale a la carretera de Castril. Mientras que al Norte destaca el pico de la Sagra –2.383 metros de altitud– dominando el Altiplano, pero hoy tiene una capa de nubes encima. A sus pies se encuentra el embalse de San Clemente; y al Oeste, Puebla de don Fadrique entre campos de almendros y cereales. Por detrás de la Sierra de la Sagra pasa la carretera que va a Santiago de la Espada.
Hay un viejo dicho popular: “Si la Sagra fuera romana y Marmolance un pilón, ¿cuántas arrobas pesaría el cerro de Jabalcón?” (Esto me lo contaba Aurelio Gómez, mi tío político). Jesús continúa con sus explicaciones de guía, como quien anda todo el día en el campo. Se conoce el terreno como la palma de la mano, hasta las madrigueras de las zorras.
–Aquellos tajos rojizos que ves pertenecen a la sierra de Marmolance, pero ya en el término de Huéscar. Las montañas que hay a la izquierda del Cerro del Cubo (1.369 metros) –aunque, en realidad, tiene forma de pirámide, como si la mano del hombre hubiera cincelado el cerro a propósito–, es la Sierra de Castril; y un poco más abajo, se aprecia la Sierra de Cazorla, ya en la provincia de Jaén –la Sierra de Castril es una prolongación de ella–. En el Cerro del Cubo pasa el límite del término de Castilléjar y, un poco más acá, se encuentra la Loma de las Presas. El paraje natural de las Presas es uno de los paisajes más bonitos de Castilléjar y, además, han puesto barbacoas y una especie de área recreativa. Ese monte pequeñillo que vemos, casi enfrente de nosotros, es el Campo del Rey (1.088 metros), que es la única franja de pinar que tiene el pueblo. El Cerro de Jabalcón (en el siglo XIX se le decía Jabalcool) lo tenemos al Sur, pegando a Baza (la antigua Basti) y a su parque natural. Y si te fijas un poco, allá a lo lejos, se ve hasta el pico del Mulhacén. Guadix se encuentra más acá de la ladera norte de Sierra Nevada. Y aquella montaña oscura que destaca al Este, es la Sierra de Periate.
Según Pascual Madoz, “Orce se encuentra sobre una colina entre dos ramblas que bajan de la sierra de Periate”. Desde lo alto de los Barrancos –a 800 metros de altitud– la vista que se ofrece al viajero es impresionante. Uno piensa que Baza, Castril, Huéscar, Orce, Guadix o Cúllar quedan lejos, demasiado lejos. Pero aquí los tienes casi al alcance de la mano, lo abarcas todo con un golpe de vista: unos ciento cuarenta kilómetros a la redonda. O quizá más. Aunque a veces tengo la impresión de que estoy delirando. La Sagra hoy presenta un color azulado –azul cielo– y todavía no tiene la cima cubierta de nieve. En abril pasado, cuando la escalé, tenía su corona de nieve y en invierno aparece como el blanco pecho de una mujer. Pero este año el frío está tardando en llegar. Mientras que Jabalcón es ese inmenso peñasco, de color leonado, que rompe el paisaje de la llanura. A su vera se encuentra el “mar chico” del Negratín –20 km de largo y unas vistas impresionantes–, uno de los pantanos más grandes de Andalucía.

Los Barrancos y, en medio, los cerros de los 'Merguizos'







–Lo que es el término de Castilléjar no tiene montañas grandes ni altas, sino los cerros de tierra salitrosa y margas yesíferas. Antes, los albañiles salían a buscar los espejuelos –¡centenares de ellos resplandecen al sol!– y luego separaban las láminas y las cocían. Después tenían que golpear el yeso –ya con su característico color blanco– con unas mazas de madera porque salía hecho una pelota. Esta finca de quinientas y pico hectáreas –los Barrancos– la compró la Junta de Andalucía en el 92, y ha hecho algunas repoblaciones de pinos. Este pino carrasco que ves, plantado en mitad del cerro, es propio del terreno árido. Está agarrado, pero no crece por el yeso que tiene el suelo –hasta el verdín presenta un color lechoso, propio de los terrenos calizos. ¡Yo nunca había visto nada igual!–. Por aquí se da la perdiz, el conejo y la liebre, y he visto hasta un búho real. Pero cada vez se ve menos fauna, debido a los cazadores y la sequía. En cambio, los jabalíes se han convertido en una plaga, pues bajan a la vega y destrozan los ‘maíces’. Zorras también hay muchísimas, algún que otro tejón y, en las fuentes del Guardal (viene de Guahardal), se ven nutrias. Las águilas culebreras anidan por el pinar del Campo del Rey y, estos años atrás se veían bandadas de milanos comiendo en el basurero; pero ya lo han sellado. También viene a cazar por esta zona alguna que otra águila real.
Ahora vamos en el todoterreno camino del Cerro de la Cruz, y pasamos por delante de la ‘Cueva de los Señores’ –así viene señalizada en el mapa–. El agente asegura que la cueva tenía el suelo alfombrado de esparto, y todavía se observa el yeso de las ventanas y las corralizas para las caballerías. Aquí, en los años del hambre, los señoritos venían en carretas a cazar; a veces acompañados de las autoridades militares y eclesiásticas. Ocurría algo parecido a la película ‘La escopeta nacional’, de García Berlanga, pero en estos inhóspitos espartizales. Los terratenientes se divertían pegando escopetazos a los jabalíes y a todo bicho viviente; mientras que los esparteros andaban desriñonados entre los matorrales, arrancando atochas con un ‘cogeor’ para ir malviviendo. Jesús García afirma que, el importe de la subasta del esparto en el monte público, allá por el año cuarenta, “ascendía a 900.000 pesetas de entonces, y el Ayuntamiento de Castilléjar era uno de las más ricos de la provincia”. Nunca pensé que los Barrancos dieran para tanto, aunque también el pueblo sería de los que más pobres tendrían por kilómetro cuadrado.
–¡Mira, estas son huellas de jabalí! Una grande y otra más pequeña, la del jabato –al poco, me dice señalando a lo lejos–. Hasta las Presas llega la vega, y todo lo que pega al río Guardal está plantado de álamos. ¡Fíjate la vista que tiene ahora el pueblo, que se encuentra en esa esquinilla! Parece una cuña y, justo en el vértice, es donde se unen los ríos en el Puente de las Juntas.
Conforme se viene por la carretera de Huéscar, al doblar el recodo de la carretera, Castilléjar aparece de pronto, como encaramado en el cerro y con sus casas escalonadas recortándose en el horizonte. Mientras que abajo, verdean los campos de la vega que bañan sus ríos. Pero desde aquí, desde Cerro Alto, Castilléjar se dibuja al fondo, como un puñado de casitas blancas y apiñadas en una ladera del monte, cual si de una maqueta se tratara.
–Aquí se han registrado algunos inviernos hasta trece grados bajo cero, aunque lo normal son menos tres y cuatro grados –saliendo de Galera, esta mañana hacían dos grados; y por el viejo y recién asfaltado camino del Cortijo del Cura, el termómetro de mi coche marcaba medio grado–. Esto es un clima estepario que da lugar a un paisaje lunar. En los Barrancos es muy difícil identificar un paraje, porque son como la antesala del desierto, y no hay un punto de referencia. Y sobre todo ahora, en que apenas se transita por aquí. A esto le llaman el Barranco del Agua Salada, pero el  manantialillo se ha secado. Y por este camino, donde suelen pasar los pastores, se llega hasta La Alquería y El Margen –Jesús lleva el todoterreno por caminos intransitables, trasponiendo por solitarios montes, donde no se ve ni un animal–. Y aquí, en el Cerro Montoya, encima de estas hileras de piedras –todavía permanecen dispuestas como las antiguas calzadas romanas–, se colocaban los manojos de esparto; con las puntas hacia fuera para que se secaran. La gente decía “Vamos a entibar el esparto (compactar)”. Luego venían los carros y se lo llevaban a las fábricas de transformación de Calasparra y Cabra de Santo Cristo. ¡Mira, allí a lo lejos, se ven las cuevas del Cortijo del Cura! Y aquellos cortes blanquecinos en los montes, es por donde están construyendo la nueva carretera. Esos árboles de color rosa son los tarales (Tamarix gallica), que están en el llano del Arique. ¡Y fíjate cómo se distingue hasta la torre de la iglesia de Huéscar (a unos doce km)! Los días que hace sol, brillan las cúpulas del Observatorio Astronómico de Almería (el Calar Alto), en la Sierra de los Filabres. Y aquella montaña que se distingue al suroeste es Sierra Mágina, en Jaén...
Vamos por la rambla hacia el Cerro Alto y Jesús asegura que esta tierra la está recorriendo a diario. Ahora estamos subiendo una pendiente, con un 35% de desnivel. Uno piensa que si las ruedas del vehículo resbalaran, irremisiblemente iríamos a parar al fondo del barranco. Pero el agente no es de los que se echan para atrás: “No, si lo peor vendrá después, cuando bajemos la pendiente. Parece que te vas a comer el suelo”. El vehículo va por un viejo camino espartero que, al no ser transitado, está lleno de matorrales. Poco después, estamos en el Cerro Alto, a 800 metros de altitud. A nuestra derecha quedan los cerros de los Mellizos (los ‘Merguizos’), porque parecen hermanos. Observarlos desde Castilléjar, es una de la imágenes más insólitas que uno pueda ver. Porque ya es raro encontrar a dos cerros tan semejantes, aunque no están juntos a pesar del efecto óptico. Al regreso nos detenemos en la Presa del Cura, donde tantas veces me habré bañado y tomado el sol en el recodo del río. Casi todas las tardes del verano veníamos a bañarnos a este remanso, y luego tomábamos el sol en la arena. Pero, cuando decíamos de venirnos, algún Sotero nos llenaba las espaldas de cieno. Y claro, había que tirarse al agua otra vez. Hasta que, cansados, salíamos pitando y el cieno nos lo quitábamos a un kilómetro de allí. ¡Nos ha jodido! Los ‘zagalitrones’ tenían la fea costumbre de tomar el sol en pelota. Y claro, por la Presa del Cura nunca asomaban las mujeres.
Aquí el paisaje ya cambia por completo, por la vegetación que crece al lado del río. En la parte alta se recorta el solitario y monótono desierto de los montes, pero abajo están los sembrados de la vega. Y en medio discurren las aguas mansas del noble río Guardal, que durante siglos ha ido lamiendo la ladera del cerro, y hoy forma un tajo de unos treinta metros. “Es raro que por aquí no veamos una garza real”, me dice Jesús. Y al poco, como si lo hubiera oído, salió una garza volando de los juncos. Los Barrancos son una zona árida, formada por ‘badlands’ (tierras baldías) como el norte de Marruecos o el desierto de Arizona; y sólo se ven antiguos caminos de herradura y abundantes matas de esparto en la cara norte de los montes. Sin embargo, el paisaje impresiona a cualquiera: no se advierte ni una triste sombra de un árbol, ni siquiera el furtivo vuelo de algún ave. Sólo a lo lejos se divisan algunas casas, y todo lo demás es un mar de cerros blancos moteados. Pero, en aquellos años de miseria, estos montes se convirtieron en la despensa de los pobres y en el divertimento de los señoritos. Ya no aparece en el horizonte la insólita estampa de las cansinas reatas de burros regresando al atardecer y abriéndose paso por los antiguos y borrados caminos del esparto. Recuerdo que, cuando niño, los hombres se tiraban todo el santo día en los Barrancos, mientras que los viejos se sentaban a la puerta de su cueva y, con los manojos de esparto, pacientemente confeccionaban los serones y aguaderas, los capazos y esparteñas. Cuando bajamos, Jesús Martínez, el teniente de alcalde, me acompaña y le hace unas fotos a los cerros de ‘los Merguizos’, desde la antigua cueva del tío Romualdo ‘el Latas’.


Posdata: De mi libro Diálogos en la tierra de los ríos, publicado en 2003. Castilléjar tiene una deuda pendiente con los antiguos esparteros, que al final conocieron el pan negro de la emigración. El Ayuntamiento debería dedicarles un monumento en su memoria, pues muchos de ellos viven todavía.






Este es el escrito que publico el 25 de abril de 2017, en Facebook, sin que nadie haga comentario alguno. Sin embargo, todos se quejan del cambio de nombre:

"Los Barrancos es el nombre de los cerros de Castilléjar desde hace siglos, sin embargo, el alcalde le ha dado la denominación de Badlands, alegando que este anglicismo es su nombre científico y que sólo se refiere al sendero Badlands, de 12,3 km, que discurre íntegramente por los Barrancos, y con la excusa de que así vienen más turistas. Estos son los últimos comentarios del 18 de abril, en mi página de Facebook, donde el alcalde repitió una y otra vez que “los cerros se seguirán llamando barrancos”.
Leandro: Y en cuanto a tu invento de poner el nombre de Badland a los Barrancos, es un insulto a los castillejanos, aunque pongas la excusa de que es un sendero o un nombre científico. Te recuerdo que a los ingleses hay que darle lo que es de los ingleses, y a Castilléjar lo que es de Castilléjar. Déjate de polémicas que no llevan a ninguna parte
Jesus Raya Ibar: Y los cerros se seguirán llamando barrancos aunque tú te empeñes en que le hemos cambiado el nombre. Con esto me despido ya estoy cansado de repetir siempre lo mismo
• Responder • Compartir • 18 de abril a las 9:40
Sin embargo, en la fotografía de arriba se demuestra la gran mentira del edil. La imagen de los Barrancos viene como Badlands, con los anagramas de la Junta de Andalucía, de la Diputación de Granada, del Grupo de Desarrollo del Altiplano y otra institución, mientras que en la parte superior se observa perfectamente el escudo de Castilléjar y debajo viene escrito Ayuntamiento. Y lo que es peor, lo anuncia el Ecomuseo de Castilléjar, que depende del Ayuntamiento. En fin, ya sabemos que todas las instituciones andaluzas le han cambiado el nombre a los Barrancos y han bautizado a la criatura con el disparatado anglicismo de Badlands, a espaldas de los castillejanos. Pero el alcalde, Jesús Raya, el promotor del invento, sigue negándolo. Compartido de Jose Miguel Ortiz Lozar".


domingo, 26 de marzo de 2017

AGUAS MEDICINALES DEL REINO DE GRANADA



La fuente Hedionda









Hace un par de años, mi amigo Juanjo Martínez, de Huéscar, me enseñó el libro, (sic): Examen de las aguas medicinales que se hallan en el Reyno de Granada, editado en Almería, en 1824, y escrito por el doctor Juan Bautista Solsona, primer médico honorario de los Reales Egércitos. La obra se la dedica al Excmo. Señor don Narciso de Heredia y Begines, conde de Ofalia, con estas frases pomposas: “El deseo de contribuir con mis escasos conocimientos químicos a la conservación de la salud pública, me condujo a sacrificar una considerable parte de mi tiempo e intereses en hacer repetidas experiencias y observaciones sobre la naturaleza, y los diferentes usos de las aguas medicinales del Reyno, de cuyo laborioso análisis y verdades que de él se derivan, presenta un compendio instructivo este pequeño tratado, que tengo la honra de elevar respetuosamente, a las manos de V.E…, para que con las luces de los demás Profesores, adquieran la estensión, y produzcan la utilidad (…). Nuestro Señor guarde la importante vida de V.E. muchos y felices años. B.L.M. (besa la mano) de V.E. Su mayor servidor”.

Algunas palabras, que señalo en cursiva, vienen así escritas en el libro. En el prólogo, el autor dice que, cuando analizó por primera vez los baños de Sierra Alhamilla, en Almería, ofreció a algunos amigos examinar las fuentes que se encuentran en el reino de Granada, y que antes no habían sido analizadas por ningún profesor. Y esto lo hace para evitar los largos viajes, los considerables costos, “como porque sus precisas incomodidades pueden hacer que facilísimamente pare el negocio en tragedia”. El médico advierte que la mayor parte de los enfermos que se destinan a las aguas medicinales, cualquiera que tenga algunos rastros de sensibilidad, no podrá menos de compadecerse, al verles arrastrados por los caminos, sufriendo las fatigas…, “pues no hay paciencia que baste para tolerar el abandono e inconsideración de muchos facultativos, que no se detienen, ni piensan para destinar a sus enfermos más que por los rumores y noticias vulgares”. Y explica que, con el deseo de procurar remedio a tamaños males, recorrió las fuentes de más nombre, como las de Manilva, Casares y Hardales, que son templadas y frías, en el obispado de Málaga, y por el contrario, calientes o termales, las de Alhama, Graena, Alicún, Baza y Sierra Alhamilla.

Lo que queda de la fuente del Cuco. 8/14










Juan Bautista sigue diciendo: “En efecto, no han sido vanas mis esperanzas, habiendo hallado, en lo poco que he podido recorrer, aún más de lo que buscaba, en dos o tres fuentes junto a Baza, otra cerca de Castilleja (puede que se refiera a la fuente del Cuco, situada en la antigua carretera de Benamaurel, que se encuentra en completa ruina debido a las obras de la nueva carretera), y tres o quatro en las cercanías de Galera, siendo todas parecidas a las de Hardales”. También examinó las fuentes de Lanjarón y de la Malá.

El capítulo I trata sobre las fuentes de Galera, de la situación y fertilidad del terreno: “La villa de Galera perteneciente a los Señores Duques de Abrantes…, ha tenido la desgracia, así debe llamarse, de que a pesar de lo mucho que se nombra en la historia del Rebelión, nadie ha tomado en boca sus fuentes medicinales (…). Saliendo, pues, de Castilleja para Galera a la legua y media se encuentra uno de los más ricos manantiales, que me parece he visto, de fuentes Hediondas, después del de Manilva; pero en tan mala situación, que no puede aprovecharse sino a costa de mucho gasto, y también porque nace en sitio desierto, al pie de un terrera enorme, debajo del camino, y tan cerca del río, que a poco se mete en él”. Por la descripción que hace del lugar, creo que habla de la fuente que hay en el Cortijo del Cura, una vez pasadas las cuevas del Mosco. Un metro más abajo de la fuente Hedionda (suelen llamarle la Dionda) pasa la acequia del Botero, donde vierte el agua sulfurosa, mientras que el río Galera discurre mucho más abajo. El autor añade que, en las inmediaciones de Galera, hay cinco o seis fuentes que se le parecen, aunque con menos caudal. Una se encuentra en la balsa de Felipe Pérez, otra debajo del caño, la siguiente en el camino de Cabrerizo y una más en la balsa llamada de Cañas, ya en el camino de Orce, todas ellas situadas en un terreno fértil. Luego escribe una extensa relación de vegetales, que son más comunes por las inmediaciones de las fuentes.

El capítulo II lo dedica a las observaciones físicas de las fuentes: “Las referidas fuentes de Galera se parecen todas en aquel insoportable hedor a huebos podridos que despiden, y da a conocer su vecindad bastante antes de llegar a ellas; asemejándose también por aquella babaza que comienza a soltar el agua luego que sale al descubierto, pone blanco el suelo por donde corre, como las demás cosas que toca, y arden, si enjutas se hechan en la lumbre, despidiendo aquella llama azul y hedor sofocante que da el azufre cuando se quema”. Dice que el agua de debajo del caño, si se mira al través de la luz en una botella, está muy clara, aunque su color tira a zarco, y nadan en ella, aún cuando está en reposo, muchos glóbulos unos mayores que otros. “Agitada hace alguna espuma; causando esplosión al destapar la botella y sin dar más olor que el común hediondo, ni más gusto que el azufre… Las dos fuentes de Cabrerizo y la de debajo del caño, que son sobre las que hice más experimentos, tienen los mismos doce grados de calor sobre cero en la escala de Reaumur”.


Baños árabes de Alhama


El capítulo III trata sobre el análisis de las aguas, con azúcar de Saturno, arsénico, tintura de agallas, de cúrcuma, de tornasol, con alkalis y ácidos, con muriato barítico, nitrato mercurial y de plata blanca, de manera que el doctor escribe: “Empleados los reactivos en el agua de estas fuentes hubo las siguientes resultas: descompone el jabón, y por poco que se detenga en la de todas una moneda de plata se vuelve dorada, y luego negra; siendo buena para los riegos y cocer el cáñamo”. El capítulo IV habla de las virtudes del agua: “Si se cotejan los resultados de estas fuentes entre sí y con las de Baza y Hardales, desde luego se manifiesta lo análogas que son: lo mismo que en la cantidad y hasta en el temperamento y peso”.  Y concluye que obra conforme a razón el profesor que destinase a estas fuentes “a todos los que padecen enfermedades de la piel como herpes, sarna y lo que se suele llamar fuego del hígado, erisipelas crónicas, tiña, optalmías, por inveteradas que fuesen, y demás escoriaciones, tumorcillos y grietas de cutis, aunque anduviera en opiniones, si tocaban o no en lepra. Otro tanto y más puede asegurarse en las llagas porfiadas, úlceras y fistolas, sean de la naturaleza que se quiera”.

El médico sigue diciendo que pueden también usarse interiormente, pues a más de que aseguran en Galera que bebida la de debajo del caño, “mueve el vientre con blandura y sin estrépito, en los vicios humorales de tenacidad, espesura y abundancia propios en el asma, infartas y aún vómicas, particularmente de la cavidad del pecho y vientre, vendrán muy a cuento”. Finalmente, se despide con esta petición: “Ojalá depare Dios quien las promueva, y halle arbitrios de procurar algún albergue (…), y que presto se había de confirmar y estender la noticia de sus virtudes, con lo que los enfermos, de hasta el reino de Valencia y demás confinantes, necesariamente la buscarían, logrando los vecinos, que las incomodidades, que suele traer la concurrencia de forasteros, quedase bien remunerada con el consumo de lo que le sobra al pueblo, y que pagan a como se pide”. También destaca las ventajas de la balsa de Pérez, por su situación. Sólo me queda añadir que, de todas las fuentes citadas que despedían ese olor a huevos podridos, sólo han quedado como recuerdo la Hedionda, en el camino del Río Castilléjar, y la que hay detrás del hotel, al lado de la presa. Y  anotar que, en el primer cuarto del siglo XIX, a la tierra del Chavico (el ochavo era la moneda con menos valor, en tiempos de los nazaríes) le seguían llamando el Reino de Granada.




viernes, 3 de marzo de 2017

150 ANIVERSARIO DEL TREN





Cartel del 150 aniversario







El 10 de diciembre de 2016 hizo 150 años que se inauguró la Línea Granada-Loja (1866-2016). Con este motivo, el Centro Artístico, Literario y Científico de Granada organizó el viaje de Granada a Guadix, en un tren chárter, que salió de la Estación de Andaluces, a las 9:30 horas, donde íbamos 180 personas: 50 socios eran del Centro Artístico y el resto lo componían miembros  de la Asociación Granadina de Amigos del Ferrocarril y del Tranvía (Agraft), de la Sociedad Filatélica y Numismática de Granada y del Centro de Estudios Pedro Suárez de Guadix. Se puede decir que otros tantos se quedaron sin billete. El viaje fue un acto reivindicativo, debido al aislamiento ferroviario de Granada por parte del Gobierno de la nación, que sólo mantiene abierta la Línea Granada-Almería, debido a las obras del AVE en Loja. En el Centro Artístico estuvo expuesta una maqueta del antiguo tren y también se celebraron conferencias sobre el tren. En el trayecto pudimos apreciar unos vistosos paisajes verdes, debido a las últimas lluvias, y también hizo un día de sol radiante con una temperatura máxima de 19 grados. El tren paró en la Estación de Huélago, unos diez minutos, para dar paso al que venía de Almería a Granada. En broma se dice que esta es la línea de los doce pueblos, pues pasa por Huélago, Darro y “diez más”, en referencia a Diezma, según me cuenta José Mondéjar.  

La Baldwil en la Estación de Guadix









Poco antes de llegar a Guadix el paisaje cambia completamente, hacen su aparición los montes con las cárcavas, en forma de dientes de sierra que miran al cielo. Es un paisaje único. Sobre las 10:40 horas llegamos a la Estación, donde el concejal de Turismo, Iván López Ariza, recibió a la comitiva y seguidamente fuimos dando un paseo hasta colocarnos al otro lado de las vías, donde se encontraba fuera del hangar la histórica locomotora de vapor Baldwil 140-2054 Guadix, como así la denominó Renfe. Fue construida en 1928, en Sestao (Bilbao), por la Sociedad Española de Construcciones Babcock & Wilcox, que era filial de la sociedad británica del mismo nombre. El maquinista puso en marcha la locomotora, echando nubes de vapor y pitando con frecuencia, lo que hizo las delicias del público. También se permitió que la gente subiera a la locomotora, para hacerse fotos, y aquí disfrutaron de lo lindo chicos y grandes. La mayoría de las locomotoras que se vendieron en los diferentes países de Europa, durante el siglo XIX, se fabricaron en Escocia y muchas de las vías férreas españolas fueron construidas con capital británico, como la línea de Guadix-Baza-Almendricos, que fue cerrada en 1984.

Poco antes del regreso a Granada








Junto a la locomotora se encontraban también varios miembros de la Almería Western Club, vestidos con trajes de época. En una entrevista que le hizo la Agencia Europa Press a la presidenta del Centro Artístico, Celia Correa, manifestó que “ha sido una experiencia única donde todos han disfrutado en una máquina extraordinaria”. Sobre las 13 horas, los autobuses nos recogieron en la Estación para llevarnos a Guadix, donde se organizaron cuatro rutas, con 50 personas cada una, que visitaron las cuevas de la Ermita Nueva, las iglesias de Santiago y de San Gregorio, el Teatro Romano y el Museo del pintor Julio Visconti. Dos horas después, comieron unas 160 personas en el Hotel Palacio de Oñate, el antiguo Hotel Comercio.

Cándido Marín es un maquinista jubilado, que no ha querido perderse este viaje conmemorativo, pero, cuando el autocar pasó por la avenida de Buenos Aires, le asaltaron los recuerdos: “Esto estaba sembrado de eucaliptos pero los quitaron todos en 1972. En la Estación y en Guadix vivíamos unos ochocientos ferroviarios, más otros doscientos auxiliares en la Espartera, en pisos de alquiler. Entonces Guadix tenía 25.000 habitantes y nosotros solíamos comprar en las tiendas de tejidos Romero. Pero, cuando Renfe sustituyó las locomotoras de vapor por las de diesel, en 1967, tuvimos que ponernos al día. La mayoría de los ferroviarios tuvieron que marcharse a Almería, Linares-Baeza, Espeluy, Jaén, aunque muchos se vinieron a Granada. Y ya me dirás, cuando años más tarde cerraron la línea Guadix-Baza-Almendricos. En 1954 cobraba 17,50 pesetas al mes, mientras que en 1959 ya me pagaban 105,40 pesetas de maquinista. Yo nací y me crié apegado a las vías, y entonces te acostumbras al tren. Entonces, no había tanta seguridad como hoy. Años más tarde me casé en Espeluy”. Al pasar por la rotonda de la avenida de Buenos Aires, Cándido señaló con el dedo a los bloques de pisos y dijo: “Aquí había un mercadillo de animales. Yo he ido recorriendo Levante y Andalucía y me jubilé en 1998, con sesenta y tres años. Antes los expresos paraban cinco minutos en la Estación de Guadix, pero hoy sólo paran un minuto pues apenas hay pasajeros. Ahora están intentando eliminar la línea Granada-Almería…”. Más claro no se puede decir.

Cabina  del maquinista, al fondo se ven las luces de Guadix


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Yo no creo que el Gobierno se atreva a cerrar esta línea, pues es la única salida que tiene con el Levante, pero todo es posible en Granada donde las cosas normalmente tienden a ir a peor. Hay que añadir que la mayoría de las líneas españolas son deficitarias, aunque hace unos días salió un informe que decía lo mismo de los trenes europeos, salvo la línea París-Lyon. En España se salvarían la línea Madrid-Barcelona y las de cercanías en las principales ciudades. A las 17:30 horas, los autobuses emprendieron el regreso a la Estación de Guadix y el tren salió hacia Granada a las 18:15 horas. Varios viajeros nos metimos en la cabina con el maquinista y nos fue explicando el cuadro de mando: “Este tren no está electrificado ni es automático, como el AVE, y normalmente lleva pocos pasajeros”. El caso es que pasamos un día “muy bonico”, como suelen decir los granaínos