sábado, 21 de abril de 2018

EL TREN DEL ACEITE





Antigua estación de Jaén



Dedicado a Rocío y Oliver



En las sofocantes tardes de verano de Jaén, una patulea de chiquillos jugaba como si tal cosa entre los raíles del Tren del Aceite, que venía de la estación de Espeluy. A comienzos de los años ochenta, sobre las 19 horas, resoplaba la renqueante locomotora mientras que sus vagones se ondulaban al bordear la ladera del monte. Al pasar cerca de las primeras viviendas de Jaén, el maquinista lanzaba pitidos que se desparramaban por el inmenso y sediento olivar para que la gente se apartara de las vías. Y cuando el tren llegaba por las Fuentezuelas, los niños que jugaban a la pelota en un pequeño descampado se apartaban de la vía y contemplaban el cansino y lento trotar del convoy, mientras algunos saludaban a los escasos pasajeros, que se asomaban por las ventanas para contemplar el paisaje monótono de los olivos.

Era todo un espectáculo ver pasar el Tren del Aceite, aunque para los que vivíamos cerca se había convertido en una rutina diaria, que rompía la cadencia de la tarde. Pero un día, a mediados de la década de los ochenta, el casi centenario tren de la línea Jaén-Espeluy dejó de chirriar y de resoplar por la vía. Lo habían retirado de la circulación y los niños ya no saludaron más a los pasajeros, mientras que los vecinos y viandantes no se asomaron más a los balcones para verlo trotar como un viejo potro por la vía. Poco tiempo después, una cuadrilla de trabajadores levantó los raíles y los dejó por allí tirados, junto a los maderos y los enormes tornillos. En los días siguientes, apareció la pezuña de una máquina que sin compasión extrajo toneladas de tierra y las piedras de la vía. Y a continuación, vinieron las máquinas que nivelaron el terreno.

Unas semanas después las potentes y ruidosas máquinas se marcharon, dejando un paisaje dantesco de tierra amontonada y caminos de polvo o de barro, según la época del año. Seguidamente, empezaron a llegar furtivos motocarros que descargaban escombros y toda clase de cachivaches en el descampado. Poco tiempo después, ya eran camiones y furgonetas los que descargaban cascotes de las obras, ante la impotencia de los vecinos y el asombro de todos. De manera que, donde antes crecía la hierba,  donde se oían las voces de la chiquillería y donde paseaban los viandantes, de la noche a la mañana lo habían convertido en una inmensa y maloliente escombrera de color ocre, que llegaba hasta las puertas del Instituto de Formación Profesional. Todos fuimos testigos mudos de aquel desastre medio ambiental. De forma insensata habían decidido cambiar la naturaleza y el paisaje, que servía de decorado al cansino paso de aquel tren romántico, que se deslizaba por el olivar, arrancando la vía a la vez que dejaban un enorme estercolero. Eran los años de la Transición y entonces no existían organizaciones ecologistas que protestaran, ni el pueblo tenía suficiente conciencia para movilizarse ante aquel desastre, lo cierto es que nadie se movió ni dijo nada.


Era parecido a este tren. cabraenelrecuerdo.com







El Tren del Aceite hacía un recorrido de 32 kilómetros, entre la línea de Jaén a Espeluy, que fue inaugurada el 18 de agosto de 1891, hasta que por decreto del Gobierno de Felipe González fue cerrada en diciembre de 1985, dirigía entonces el ministerio José Borrel. La provincia de Jaén era rica en olivos y en aceite, pero no había un plan de desarrollo industrial e incluso fue la última provincia andaluza en conectarse por autovía. En esa década, también se suprimieron las líneas Linares-Puente Genil, Guadix-Baza-Almendricos y otras, por falta de rentabilidad, cuando antes como hoy día la mayoría de las líneas férreas españolas son deficitarias, salvo la del AVE Madrid-Barcelona y alguna que otra. Unos años después, Felipe González apostó por el AVE Madrid-Sevilla, por la Expo-92 en Sevilla y por los Juegos Olímpicos de Barcelona-92. Todo aquello resultó demasiado costoso para un país atrasado como España. El embajador japonés dijo entonces que su país no hubiera podido organizar la Expo y los Juegos Olímpicos a la vez, por el inmenso coste que le hubiera supuesto. Y eso que Japón era y es un país de los más ricos.

Sin embargo, aquí tiraron la casa por la ventana como siempre y España quedó exhausta y arruinada. Fue un gran error cerrar numerosas líneas férreas deficitarias, porque decían que España no las podía costear, y luego se gastaron hasta lo que no teníamos en juegos y exposiciones florales. El mandatario socialista se había propuesto cambiar la imagen de España en el mundo y no sé si lo consiguió. Al rebujo de aquellas obras faraónicas, empezó también el auge de la construcción de manera que los pisos llegaron a doblar el precio en poco tiempo. Pero, volviendo a Jaén, fue tanto el destrozo que hicieron en la antigua vía del Tren del Aceite, que desecaron para siempre la pequeña fuente que había en aquel paraje, de forma que sólo ha quedado en su recuerdo el nombre de las Fuentezuelas.


Posdata: no he podido encontrar fotografías del Tren del Aceite.




lunes, 9 de abril de 2018

HISTORIA DE ZÚJAR, DE FRANCISCO ARREDONDO
















El historiador y catedrático, Francisco Arredondo Arredondo, es miembro del ‘Centro de Estudios Pedro Suárez, de Guadix’ y de la ‘Asociación de Escritores del Altiplano de Granada y Pozo Alcón’. Ha publicado varios libros, ‘Regadíos y pagos de la Vega de Zújar’, en el 2000; ‘Fiestas de Zújar en honor de Ntra. Sra. de la Cabeza’. La representación de Moros y Cristianos’, en 2007, así como diversos trabajos de investigación histórica, publicados en revistas. En 2016, editó de su bolsillo la obra ‘Notas de historia y geografía urbana de Zújar’, debo señalar que ha hecho un trabajo de investigación histórica muy completo y que el pueblo de Zújar puede sentirse orgulloso. El autor destaca la evolución urbana que ha tenido a lo largo de la historia y da a conocer las diferentes facetas por las que ha transcurrido la vida del pueblo: “La geografía y la historia han ido influyendo en las formas de vida, costumbres, comportamientos de las gentes y ello ha contribuido a elegir un asentamiento (…). El hecho de ser una zona cruce de caminos también ha influido para la continua presencia de pueblos del ámbito mediterráneo y europeo configurando un crisol cultural rico en matices”. La primera parte del libro trata de la ‘Evolución del urbanismo en Zújar’, abarcando la Antigüedad, la Época Medieval y los siglos que van del XVI al XX. La segunda parte la dedica a la ‘Morfología urbana’: el plano y el paisaje urbano, análisis de la vivienda, arquitectura religiosa (las ermitas e iglesia) y arquitectura de producción, con molinos y almazaras. Al final vienen unos cuadros de la población zujareña: por el lugar de nacimiento, por titulación, por calles, barriadas y caseríos, así como la población extranjera residente. También dibuja la pirámide de la población, con las edades de hombres y mujeres, la clasificación de los trabajadores en los sectores primario, secundario y terciario, etc.

En el Llano de la Jarea y el Camino de Guadix se han encontrado vasijas con restos óseos, de la época argárica (1.500 a. C.), debido a la vecindad de Murcia y Almería. La presencia de los iberos se manifiesta por la abundancia de trozos de vasijas, una figurilla femenina y trozos de molinos de mano. Esta zona fue romanizada en el siglo II a. C. y posiblemente hacían escala los viajeros que iban de Castulo a Málaga. La presencia musulmana durante ocho siglos dio lugar a unas construcciones diferentes, dejando huella también en el regadío, los cultivos, las costumbres y la toponimia, como los barrios de Alquería, Harasmontarit, Harasçocat, Sima-Xarea y Abatel. En época árabe, los contornos del pueblo eran muy distintos a los que conocemos hoy, afirma el autor: “La Vega, sin olivos y con cultivos diferentes a los actuales, constituía un vergel de naturaleza exuberante con acequias y fuentes de aguas cristalinas como la de Las Doncellas a la que acudían las zujaríes a solazarse en las tardes (…). Asimismo, los once molinos harineros constituyeron un elemento importante de trasiego, vida activa e ir y venir de todo tipo de gentes”.

“El ataque a la Alcazaba y conquista de Zújar se enmarca como acción previa al asedio de Baza, por los Reyes Católicos, en 1489”, señala Arredondo. Fernando el Católico aceptó la capitulación honrosa de los defensores zujareños, después de ocho días de asedio, permitiéndoles irse a Baza. Tras la rendición de la Alcazaba, los Reyes Católicos prometieron a los musulmanes que respetarían su religión “e los dexar en el uso de sus leyes y costumbres, otrosí, de nos les façer, ni consentir que les sea fecha fuerça, ni robo ni injuria”. Sin embargo, la reconquista de Zújar supone un cambio de población y de creencias. En las plazuelas de los barrios se agramaba el cáñamo y eran frecuentes los oficios de agramador y alpargatero, en cada uno de los barrios de Zújar había un horno de pan cocer. Como existían once molinos harineros, era un continuo ir y venir de arrieros, de los caseríos y cortijos. Los oficios más comunes eran, además de los citados, los agricultores, cesteros, talabarteros, tenderos, yeseros, carpinteros, alarifes, porqueros, herreros, jaboneros… Los cristianos nuevos o moriscos eran más de 2000 tras la sublevación, en 1571. Sin embargo, un año después,  no llegan a los mil a causa de la expulsión del Reino de Granada.  Se intenta suplir con la repoblación de cristianos venidos del Reino de Jaén, en su mayoría.

En cuanto al tipo arquitectónico, en los siglos XVI y XVII, se impondrá el estilo cristiano-mudéjar. Se manifestará en la arquitectura civil, religiosa, excavada y de producción, con diferentes cubiertas, patios, fachadas y dependencias en casas, molinos, cuevas, etc. El escribano del concejo, José de Heredia, escribe en el siglo XVIII: “Está la villa de Zújar a una legua de distancia de la ciudad de Baza a el lado de occidente y al pie del cerro nombrado de Jabalcool, en lo hondo de una cañada por donde se vierten las aguas de los convecinos cerros y nacimientos naturales y lluvias a parar a el rio Grande llamado Bravata, después Guadiana (Menor)… con fortaleza que dominaba a todas partes para defensa de sus habitadores cuyas moradas tenían por uno y otro lado vaxo de su alcazaba…”. En otro capítulo, el autor explica: “La excavación de cuevas para vivienda se desborda ya en la segunda mitad del siglo XIX y continúa en aumento constante hasta la primera mitad del siglo XX”. En esta época desaparecen los cultivos tradicionales del lino y cáñamo, y se deja de cultivar la morera para la cría del gusano de seda. Aumentan el cultivo de los cereales y olivos y se introduce el de la remolacha azucarera. Se produce también “la inmigración de muchas familias de braceros y pegujaleros que buscan en la explotación del esparto un recurso económico para ‘satisfacer’, en cierto modo, sus necesidades (el Ayuntamiento recaudaba 6.000 pesetas al año) de aquí que en un período de cien años se triplique la población de Zújar”. En 1850 tiene 2.603 habitantes, en 1947 llega a 8.200, mientras que en 1954 alcanza 9044 habitantes, de los que unas 300 familias vivían en cuevas. Sin embargo, a partir de entonces se produce una emigración masiva llegando a descender un 23% la población, en 1974, según el catedrático Cano García.

Francisco Arredondo, foto de Antonio Arenas







Francisco Arredondo, a través del estudio de los archivos, cita la existencia de un hospital junto al Pósito, que también fue Tercia hasta la Desamortización de Madoz, en 1855, “en la que se almacenaban y guardaban los diezmos de pan en grano de la Iglesia y el cabildo de la Abadía de Baza que eran los cuatro novenos (las tercias reales se quedaban con los 5/9 restantes), después se utilizó para escuelas públicas”, hasta 1970 en que fueron demolidas. A finales de los años cuarenta, el Patronato de Santa Adela construyó la barriada de el Ángel 14 viviendas, las llamadas ‘Casas Baratas’. Pero, en los años setenta, la explotación y comercialización del esparto es cada vez más complicada, por lo que provoca una fuerte emigración a Francia, Alemania, Holanda…, así como a Cataluña, Baleares, Levante, etc. El autor se queja con razón de que “la fiebre constructiva del último tercio del siglo XX y primeros del XXI y los cambios de mentalidad han causado la pérdida de muchas viviendas tradicionales…, se han introducido modelos nuevos de construcción, ha desaparecido la costumbre de colocar balcones tradicionales en fachadas. Con la especulación del suelo…, se emplean cubiertas de uralita, puertas metálicas acristaladas, etc. de forma que se está perdiendo cierta estética, atractivo original y la esencia que ha caracterizado a un pueblo con una densa historia en todos los sentidos”.

Asimismo, va describiendo en qué años se construyen los edificios del Consistorio, del Cuartel, de numerosas viviendas, o cuándo son demolidas las antiguas, el mercado de abastos y las cuevas. Sabemos que la carretera se construye en 1890, mientras que la construcción de una fuente pública se aprueba en 1873, con un presupuesto de 1.500 pesetas. Francisco Arredondo ha desarrollado un trabajo de investigación intenso y prolijo, con muchas horas de estudio en los archivos de la Parroquia y del Ayuntamiento de Zújar, en los Archivos de la Real Chancillería y de Protocolos Notariales de Granada, y ha consultado numerosas obras de autores granadinos y españoles. El libro está ilustrado con abundantes fotografías y dibujos del autor, así como de otros autores. Zújar es un pueblo plagado de nombres árabes, escarbas un poco y encuentras calaveras de los moriscos, como no hace muchos años les ocurrió a unos albañiles al arreglar una calle, porque el pasado y nuestra historia están ahí, a la vuelta de la esquina. “Era costumbre colocar cruces o humilladeros en la entrada de los pueblos y en lugares donde se bifurcan caminos…”, leo en la página 235. He disfrutado leyendo este libro de Francisco Arredondo, que nos enseña y descubre la Historia de Zújar, su pueblo natal, del que me habla siempre cuando nos encontramos en la calle y al que siempre lleva por bandera.




sábado, 3 de marzo de 2018

SOBRE LOS AMIGOS Y LOS HIJOS










Carmen Posadas escribió el artículo ‘Esas cosas que a uno se le ocurren a fin de año’, en la revista XLSEMANAL, de diciembre de 2017, sobre las amistades que uno va teniendo en la vida. Copio este párrafo: “Al entrar en la sesentena empiezo a valorar algo que con cuarenta años me parecía aburrido y, con cincuenta, sólo un premio de consolación (…). Pero sigue uno cumpliendo años y ¿qué busca entonces? Simplemente lo que necesita en ese particular tramo de la vida. Ni al más guapo, ni al más importante ni tampoco al más inteligente, sino al que más lo querrá y mimará. El que no brilla, pero no falla, el que no sabe quién es Schopenhauer pero cumple sus teorías al pie de la letra. El callado, infalible y redentoramente bueno. Lástima que tenga uno que hacerse viejo para aprender algo tan elemental”. Y añado yo, ahora valoras al amigo que siempre está ahí para echarte una mano.
Lo que sigue es el chateo que mantienen dos amigos jubilados (una mujer y un hombre, por orden de aparición), que ni siquiera se conocen, sobre el artículo de Posadas:

-Yo, en cambio, empecé la casa por el tejado. El primer novio que tuve me llevó al altar, pero no funcionó porque me faltó rodaje para evaluar la bondad de él. A los siete años, mis padres me internaron en un colegio de monjas y estuve hasta los dieciséis. Me sirvieron para ahuyentar de mi mente cualquier devaneo sexual, por lo que llegué virgen al matrimonio. Y así, nuestro noviazgo debió de ser para él la prueba más dura por la que tuvo que pasar. Estaba loco por su chica, pero mi contumacia hizo que no hiciera ninguna concesión de soltera, por lo que no me sirven las conclusiones de Carmen Posadas.
-Sin embargo, yo me identifico con la escritora, pues ahora vas seleccionando y valorando a los viejos amigos.
-Mis amigas las tengo desde hace 38 y 47 años, así que no he necesitado pasar de los 60 para elegirlas, todo depende de cómo haya vivido cada uno. Para Carmen Posadas, la superficialidad fue el factor determinante en su juventud, después le llegó el brillo social, la buena vida, un matrimonio con un señor importante (Mariano Rubio fue director del Banco de España). Algo tenía que dejar para la madurez.
-De acuerdo, pero con la madurez vamos apreciando a la buena gente. Los viejos amigos, los viejos libros… A esta edad valoramos mejor y elegimos lo que nos conviene.
-Yo aprendí mucho antes de la madurez, a los 35 años ya tenía las amigas que tengo hoy. El tiempo es el filtro que desecha lo que no sirve y consolida lo mejor, aunque cada uno maduramos a distinto tiempo porque las pautas no son igual para todos ya que no estamos programados por un chip. En la madurez y por razones obvias quedan menos opciones de elección y tampoco es que quede mucho, a veces, ni a quien más quieres. En los hijos notas el abismo generacional pues sus ideas raras veces coinciden con las nuestras y el diálogo es poco atractivo. Es mejor alguien de tu edad y, si lo conoces desde hace tiempo, lo consideras como si fuera de la familia.
-Yo tengo confianza con mis hijos, hay que ganárselos, dialogar con ellos, ser flexibles y luego cada uno en su sitio.
-La confianza no tiene nada que ver, dialogar con ellos puedes haber dialogado tanto como yo, pero lo dudo. La cuestión es el punto de vista que tenemos unos y otros en función de mil razones, pero me cansé de conversar con ellos, no solo por la falta de coincidencia respecto de las ideas, sino porque te sientes desautorizada para opinar porque siempre te rebaten. Y no es porque haya malos modos, pero algunas veces acabo pensando que estoy entre extraños, es difícil de explicar pero en ocasiones he llegado a dudar de mis propios razonamientos. La vida no es una senda lineal en la que todo está despejado y transitas cómodamente por ella. También voy aprendiendo esto con la edad. Nunca antes tuve 70 años y a cada edad le corresponden lecciones diferentes. Por esta razón, la universidad de la vida nunca nos dará un título, pero siempre nos está dando lecciones. Seguimos aprendiendo hasta el mismo día en que nos vamos definitivamente. Menudo panfleto te acabo de colocar, lo que no voy a aprender nunca es a sintetizar. Gracias por tu aporte de ideas.
-De joven yo no entendía a mi padre, pero cuando murió y más tarde tuve hijos, fue cuando lo comprendí. Cuando ejerces de padre es cuando te das cuenta. Tus hijos son de una época diferente, intenta comprenderlos y que tengan unos valores. Ellos te comprenderán un día, quizá cuando sea demasiado tarde. Cuando se mueren los padres es como una bomba de efectos retardados, conforme pasan los años los vas echando más de menos. He visto a abuelas poco antes de morir, una me decía en el hospital: “No hay día que pase sin que me acuerde de la pobretica de mi madre”. Y a ancianas con alzheimer que balbuceaban el nombre de su madre…





-Mi hija mayor nació cuando yo tenía 24 años, y los otros dos, unos años más tarde, pero esto no es un abismo insalvable sino que es la propia evolución de cada uno la que marca las pautas del pensamiento. Criados juntos y educados igual, con los mismos principios, sin embargo, cuando crecen reciclan las ideas que les inculcamos de manera que unas les sirven y otras las desechan. Como hemos hecho todos. Los humanos educamos a los hijos como si el mundo que van a heredar fuera el mismo que heredamos nosotros, pero no es así. La vida tiene cambios continuos y educar como en el pasado es un error y una pérdida de tiempo. Así que la referencia es el pasado, donde creíamos que todo era perfecto y no nos cuestionábamos nada. Sin embargo, todo es cuestionable y discutible y el que crea lo contrario está equivocado. Nuestra vida fue distinta que la de nuestros padres, lo mismo que lo que a nosotros nos servía no sirve para nuestros hijos. Antes, hace un siglo o cincuenta años, los cambios eran más lentos, pero, hoy, con los medios de comunicación, Internet, Facebook, el wasap…, todo es diferente y sucede más de prisa.
-Cuando mis hijos me piden consejo se lo doy, pero no intento imponer nada ni discutir. Me limito a exponerles mi punto de vista y que cada cual actúe como crea conveniente. La vida no se ve igual a los veinte, en que se es revolucionario, que a los cuarenta, donde ya eres conservador, y no digamos a los sesenta cuando la vida se ve con otra perspectiva más tranquila y menos fogosa.
-Como debe ser, los hijos ya son mayores y toman las decisiones, asumiendo las consecuencias. Como hemos hecho todos. Pero nada de lo que nos servía a nosotros, les sirve a ellos. Se puede decir que nuestra época ya pasó. Es muy agradable conversar contigo. Feliz día.
-Lo mismo te digo.
Éste diálogo me lo pasó un amigo y lo he expuesto tal cual.






domingo, 18 de febrero de 2018

A NUESTROS PADRES











Nunca he leído un escrito donde los jóvenes elogien a la generación anterior, o los hijos a sus padres. Más bien ocurre al contrario, los jóvenes siempre han tratado de diferenciarse de las generaciones anteriores, por cuestión de personalidad, de rebeldía o de reafirmación frente a los otros. Esto se aprecia mucho en los movimientos literarios. Por otro lado, los hijos deben de emanciparse y hasta quitarse el yugo de los padres, para poder realizarse en la vida y desarrollar su personalidad, como cuando el Señor dijo a Abraham, según el ‘Génesis’: “Deja tu tierra, tus parientes y la casa de tu padre y vete a la tierra que te mostraré”. Cada época tiene su moda y sus costumbres, y también podríamos aplicar el refrán de que se es revolucionario a los veinte años y conservador a los cuarenta. Porque, a los veinte años no se tiene una visión de la vida como a los cuarenta, y no digamos a los sesenta. Por eso siempre estará presente en la relación de padres e hijos, y entre las generaciones, el problema de la eterna incomprensión. El hijo no comprende el mundo atrasado, arcaico y conformista del padre –que ha bregado con cincuenta batallas, procura no crear problemas y llevar una vida tranquila y digna–, mientras piensa que, enfrentándose al sistema, rebelándose contra las normas y protestando por todo, va a conseguir sus reivindicaciones o que va a descubrir la pólvora. La vida ya se encargará de demostrarle que todo está ya descubierto y que en la sociedad se producen cambios a la vez que todo sigue igual.

 Hace poco he vuelto a ver ‘Canciones para después de una guerra’, del director Basilio Martín Patino, que falleció en 2017. La película se estrenó en 1971, pero estuvo censurada hasta la muerte del dictador Franco. Retrata las escenas de desolación, pobreza y miedo de la posguerra, el sufrimiento, la represión y la dureza de la vida que tuvieron que soportar nuestros padres, pues se encontraron con una España completamente destrozada a causa de los tres años de guerra civil. Las cartillas de racionamiento estuvieron hasta 1953, yo todavía guardo la de mis padres, lo mismo que el estraperlo, el contrabando de los productos básicos de alimentación. Ellos vivieron los peores años del siglo XX, trabajaban como los chinos y en unas condiciones miserables, cobrando cuatro perras, sin vacaciones, sin seguridad social, sin comodidades y con una paga escasa en la jubilación. En el filme de Martín Patino, el malagueño Miguel de Molina canta ‘La bien pagá’ y ‘La hija de don Juan Alba’. Al finalizar la guerra recibió una paliza de los falangistas, por su condición de homosexual, de manera que tuvo que exiliarse en Argentina donde murió completamente olvidado. Estrellita Castro nos deleita con ‘La morena de la copla’ y ‘Suspiros de España’, mientras que Concha Piquer te emociona con ‘Tatuaje’: “vino en un barco de nombre extranjero”. No podían faltar ‘Ojos verdes’, ‘Francisco Alegre’ y tantas canciones y coplas míticas en aquel tiempo del pan negro y de la miseria. Eran canciones para sobrevivir, para sobreponerse a la oscuridad, al vacío, al miedo, a la pobreza…










En los años sesenta, en la radio eran famosos los programas que dedicaban canciones a la novia, al hermano, a la madre…, mientras que a veces oías cantar a las mujeres y a los hombres en las casas. Hoy a nadie se le ocurre cantar, porque estamos saturados de música, de televisión, de wasap, de Internet, videojuegos… Ahora es frecuente ver a los jóvenes por la calle, con los teléfonos inteligentes en la mano, los pinganillos en las orejas y la sonrisa en la boca porque están viendo el video de un chucho bailando. En la película también salen escenas de las colas de hambrientos, prematuramente envejecidos, en el Auxilio Social, que se creó durante la guerra para los más necesitados. El comedor del Auxilio Social en Guadix, en los años sesenta, daba un olor a humanidad impresionante, pues allí comían los niños más pobres, la mayoría de ellos eran gitanillos de las cuevas. Se te saltan las lágrimas viendo la llegada del buque soviético ‘Semíramis’, al puerto de Barcelona, en 1954, donde esperan miles de personas. Llevaba 286 presos españoles, la mayoría eran soldados de la División Azul, que la Unión Soviética liberó en un gesto de buena voluntad. Allí está una abuela o quizá sea una madre, con su pañuelo negro y con el pelo blanco del sufrimiento, que espera ansiosa al hijo, y unos hermanos que se abrazan después de diez años de cautiverio. Hay una escena graciosa, en la película, en que un niño pelón se levanta del pupitre y le contesta al maestro, con todo el respeto del mundo: “No he podido estudiar, don Anselmo”. Sin embargo, todos imaginamos la reacción que debió tener don Anselmo, pues el lema preferido de aquellos años duros era precisamente “la letra con sangre entra”. Los hijos de la posguerra crecimos en la austeridad, pues nos decían “¡niño, come pan!”, y nos educaron en la disciplina, como los maestros, esto es, a base de castigos y algunas tortas. Recuerdo que en el pueblo, la luz se iba de vez en cuando y entonces mi madre sacaba el quinqué. En fin, el trabajo, la disciplina y el respeto fueron las consignas que nos inculcaron nuestros padres.









Pero, bueno, era lo que había entonces y la Dictadura de Franco ya se encargaba de la censura, de la represión y de encarcelar a los sospechosos. En los años sesenta fue la época del “Desarrollo” y la construcción, los turistas comenzaron a venir en masa a España, buscando el sol y los precios bajos, y el Seat 600 se convirtió en el coche de moda. Por eso, la generación de nuestros padres fue la que levantó España y las comodidades que tenemos hoy se las debemos al esfuerzo y al sufrimiento de ellos. Al llegar a cierto nivel de vida y al Estado de Bienestar, aquella burguesía y el movimiento obrero hicieron que fuera posible la llegada de la democracia a España, en 1977. Ya no se podía sostener, como antes, un Régimen caduco basado en la fuerza, en la opresión y el miedo. El pueblo pedía libertad, participación y democracia. Hoy, los derechos y libertades que gozamos los españoles vienen reconocidos en la Constitución, pero no sabemos apreciarlos ni el trabajo que costó conseguirlos. Mis padres fallecieron en 1977 (con 58 años) y en 1995, respectivamente, y por eso los echo de menos, me recuerdan la infancia y la juventud, de los años cincuenta y sesenta, y aquella España en blanco y negro de la Dictadura. Pero, como digo, no sabemos reconocer ni el bienestar ni la democracia que gozamos en España y, menos aún, que se los debemos a nuestros padres y abuelos.



domingo, 28 de enero de 2018

UN GRITO EN EL SILENCIO







Diana R. Sánchez López


He tenido la oportunidad de visitar mi tierra natal de Honduras, o como ahora se le conoce como el segundo país más peligroso del mundo, por la pobreza, las necesidades y los peligros. Comprobé con mis propios ojos estas carencias y peligros que se alojan en este país, en el que vemos el terror en las calles cuando se apagan las luces, el miedo a perder a un ser querido o por ser una chica. Presencié un acto de amenaza hacia la familia de Bessy, la hermana de nuestro vecino. Esta chica conoció a un hombre, que le invitó a quedar para ir a una fiesta, ella respondió que iría con su amiga ‘Maryori’. Más tarde, las jóvenes no aparecieron. La madre de una de ellas fue a comunicar que su hija y una amiga no habían llegado a casa, pero la confianza de que algún día pudieran volver les salió demasiado cara. Estando la madre de Bessy en el plató de HCH, el canal hondureño, se enteró de que su hija y la amiga habían sido asesinadas y al momento le brotaron lágrimas en los ojos por el cruel destino de estas.

Fueron encontradas en un basurero  de la quebrada “El sapo”, en la Colonia Villa Unión, atadas de manos. ‘Maryori’ fue encontrada unos metros más arriba mientras  Bessy tenía un torniquete en el cuello, ambas tenían signos de violencia y sus cuerpos se encontraban en proceso de descomposición. La noticia de que estaba amenazada la familia de Bessy fue demasiado veloz, de manera que la madre y la hermana huyeron del país. La noche en la que estaban velando a la fallecida, Karem se quedó a dormir en casa de una amiga; las pandillas organizadas fueron a su casa para matarla, pues también estaba amenazada de muerte. Nuestro vecino era hermano de Bessy y también tuvo que irse del país, con su esposa Karem y las dos hijas. La gente de la colonia no se atreve a salir a la calle por la vigilancia de las pandillas que acechaban a la familia por si decidía volver.

En esos días nosotras no salíamos solas, para ir al colegio o al instituto íbamos acompañadas. La inseguridad, las desapariciones de niños y mujeres, así como las violaciones siempre estaban a la vuelta de la esquina. Las mujeres allí no tienen libertades, viven inseguras con la preocupación de salir a trabajar y no saber si volverán a casa… Este es uno de los pensamientos que yo tenía en la cabeza cada día. Las mujeres son más frágiles, pues se les utiliza y maneja. Es un mundo machista en el que el hombre tiene la ley debajo de la manga y ellos dicen que “las mujeres solo sirven para criar”. Sin embargo tenemos que ser más listas que ellos, hacernos de bien y pensar en lo que será mejor para nosotras, crearnos un futuro y tener la meta de obtener estudios; soltar un grito en el cielo y decir “Nosotras podemos y valemos para todo”.







Es por ello que la “ONG Solidaridad Honduras” tiene una casa de acogida para niñas y jóvenes que quieran tener un futuro mejor para ellos y para sus familias. Muchísimos jóvenes de allí no pueden seguir continuando sus estudios por problemas y porque no todo el mundo puede costeárselos, ya que los salarios son muy bajos. Con la ONG se puede formar a jóvenes que desean salir de esta situación, que quieran estudiar, pero necesita ayuda económica y becas para poder acogerlas. Ver que los sueños de mucha gente son maravillosos, ver la sonrisa reflejada en sus caras, contigo y con tu ayuda podemos conseguirlo, o ¿quieres que estas jóvenes se conviertan en juguetes? Ayuda al hogar y grupo educativo “La Casa”, de la “ONGD Solidaridad Honduras”.

            DIANA RAQUEL SÁNCHEZ LÓPEZ



Posdata: nací en Honduras, vivo y estudio en Guadix, con mi familia de acogida a la que estoy agradecida. Con año y medio fui traída desde Honduras, por la “ONGD Solidaridad Honduras”, que pidió la ayuda del Servicio Andaluz de Salud y fui intervenida en el Hospital Materno Infantil de Granada. En enero de 2001, yo tenía varias malformaciones en el corazón, con el diagnóstico de muy grave, y me recuperé tras un largo proceso.  Quiero expresar mi agradecimiento al entonces cirujano Salvador López Checa, del Servicio de Cirugía Infantil, de la Ciudad Sanitaria Virgen de las Nieves, que coordinó la actuación junto al doctor Antonio Santaella.

domingo, 21 de enero de 2018

RECUERDOS DEL SEMINARIO





Patio de arcadas, del Seminario



Ocurrió en el año 1967, en el Seminario de Guadix. A mitad del curso, hubo un puente de cinco días y los seminaristas se marcharon a sus casas. Sin embargo, los curas ofrecieron la posibilidad de quedarse durante aquellos días a quien quisiera, el caso es que nos quedamos mis dos paisanos de Castilléjar y yo, ellos estaban en primero de bachiller, mientras que yo cursaba segundo. Lo hice pensando en mis padres, pues a veces se quejaban del gasto que les suponía mi estancia durante nueve meses en el Seminario, y mis paisanos accedieron también. Al final, de todos los seminaristas nos quedamos solamente nosotros tres. Al cargo nuestro se quedó un seminarista de Huéscar, que estaba en el Seminario Mayor, y, durante aquellos días, el siempre nos acompañó. Recuerdo que era amable y lo pasamos muy bien, éramos casi paisanos y conectó pronto con nosotros. Este episodio lo he recordado hace unos días, lo tenía olvidado y ha aflorado ahora, de forma caprichosa, al cabo de más de medio siglo. Con los años van surgiendo sin querer los recuerdos entrañables de la infancia y de la adolescencia. El Seminario en aquella época era de los colegios más duros y disciplinados de España, y también de los más económicos, sin embargo, nosotros disfrutamos en aquellos días y apenas si nos acordamos de que podíamos estar en el pueblo con nuestra familia y con los amigos.

En aquel Seminario, sobrio y austero como un convento de clausura, que normalmente acogía a más de cien alumnos, ahora solamente estábamos nosotros tres y nos sentíamos como “Marcelino pan y vino” con los frailes. Oíamos misa por la mañana, desayunábamos y andábamos distraídos por allí, jugando al fútbol o al baloncesto, paseando por la histórica Alcazaba de ‘el Zagal’, bajo la atenta mirada de la Virgen Blanca, que entonces estaba enclavada en el torreón más alto y podía divisarse desde varios kilómetros antes de llegar a Guadix. En la comida y en la cena, estábamos juntos como si fuéramos viejos compañeros, y por la noche veíamos un rato la televisión. En aquella época sonaba la canción, que en su día popularizó el argentino Carlos Gardel, ‘Adiós muchachos, compañeros de mi vida, barra querida de aquellos tiempos…”. Hace dos años, la oí tararear en Francia a Gilles, mi consuegro francés, me dijo que de pequeño la había oído cantar a un español. Hoy la canción está completamente olvidada. Apenas si tengo recuerdos de aquellos días del Seminario, le he preguntado a mi paisano, que está en Mallorca, y su respuesta ha sido: “No recuerdo del tiempo que me pides. No me suena quedar en esos días”. Está visto que los años no pasan en balde. En el Seminario también se quedaron los padres jesuitas, cada uno iba a lo suyo, a sus rezos y oraciones, mientras que nosotros fuimos los niños mimados que casi no tenían ninguna obligación, al no haber clases ni estudio, y con mucho tiempo libre. Cuando nos cruzábamos con los curas, nos saludaban y preguntaban algo, lo que nos hacía la vida más agradable.

La biblioteca, años 50








Me viene a la memoria una anécdota, que nos pasó unos meses antes. Cuando los tres paisanos regresamos después de las vacaciones de Navidad al Seminario, nos encontramos en la puerta de entrada al obispo Gabino Díaz Merchán (años después fue presidente de la Conferencia Episcopal), que iba acompañado del rector. Y entonces nos preguntó el obispo: “De dónde sois vosotros?...”. Después de informarle, dice: “¿Sabéis si han puesto ya el agua en el Cortijo del Cura?”. Este es un anejo de Galera y le conectaron el agua por aquel tiempo. Hacía unos meses que el obispo había hecho una visita pastoral por la comarca de Huéscar, de la que se conservan algunas fotos. En los primeros meses de ingresar en el Seminario se pasaba bastante mal, por la dureza del horario y de la disciplina (estudios, clases, misa, meditación, rosario, rezos, recreo, tiempo libre…), sólo salíamos al campo los sábados por la tarde, de manera que muchos no se adaptaron a aquella vida espartana y tuvieron que marcharse. Aquella dureza era comparable al gélido y cruel invierno de Guadix, del que tanto se quejaban los misioneros que venían de África, para echarnos películas y charlas sobre la labor que hacían en los diferentes países africanos, tratando de conseguir alguna vocación entre nosotros para las misiones. Varios detalles me llamaron la atención del Seminario, en aquellos años, la biblioteca que se me antojó inmensa, pues era la más grande que había visto hasta entonces. Y sin embargo, era un salón enorme, lleno de estanterías y de libros, que tenía unas escaleras de madera para subir a la parte alta, donde había unos estrechos pasillos para acceder a los libros. Ahora el salón está lleno de cachivaches, mientras que los libros del Seminario se conservan en el Archivo Diocesano.

También había una pequeña emisora de radio, llamada EAJ…, que se oía en el comedor durante las comidas. Aquí fue donde oí por primera vez ‘El bolero’ de Maurice Ravel, con su impresionante ritmo ‘in crescendo’, y donde recibí un premio por una redacción que presenté, un bolígrafo que conservo. Hace poco, un antiguo compañero me confesaba que el padre Prefecto lo sorprendió cogiendo un plátano, en el comedor de los frailes y, sin embargo, no lo castigó. Le dije que “yo también entré en un par de ocasiones, a coger el correspondiente plátano y tuve más suerte”. Pero fue en aquel puente cuando pudimos comprobar el rostro humano de aquellos curas y frailes, que se nos antojaban tan serios y distantes, mientras que la vida en el Seminario se nos hizo más agradable. Me ha quedado grabado el recuerdo lejano de aquel seminarista rubio –hoy, sacerdote jubilado–, que cuidó de nosotros y nos hizo reír, en aquellos días del puente, mientras que todos nuestros compañeros disfrutaban en el pueblo con su familia.


Los jesuitas del Seminario
Este artículo lo dedico al antiguo rector, el único que queda con vida de los años sesenta, don Leo Gómez Amezcua (a finales de diciembre le pusieron una prótesis en la cadera por  una fractura de fémur), al padre espiritual Manuel Cantero, a los sacerdotes (jesuitas y diocesanos, de los que ya fallecieron varios), a los frailes y educadores, así como a los antiguos seminaristas que pasamos por el Seminario de Guadix. Hace más de un mes, propuse al grupo de Wasap de exseminaristas hacerle una dedicatoria en un almanaque a don Leo, pero sólo unos pocos apoyaron mi idea y otro me señaló la puerta de mala manera, lo que da una idea de los recuerdos que nos han quedado del Seminario a unos y a otros. Hoy se encuentra en un estado de ruina, con escaleras derrumbadas, parte del tejado al descubierto y con el patio de arcadas y ventanales, donde crecen las higueras alrededor del pozo. Aquí estudió el escritor Pedro Antonio de Alarcón y miles de estudiantes y sacerdotes de la Diócesis Guadix-Baza y Huéscar. La Alcazaba fue declarada monumento nacional mientras que el Seminario forma parte del patrimonio de Guadix, por eso, el ayuntamiento y las instituciones deben de restaurarlos y no dejarlos en el  más completo abandono. 

Publicado en la revista de Actualidad y Cultura Wadi-as, en enero de 2018

lunes, 15 de enero de 2018

ANTONIA MORENO, ‘ARCOIRIS’







Antonia Moreno, en la Biblioteca de Andalucía









“Gitana de nacimiento, / poeta de vocación / y aprendiz de profesión… / Procuro ser “buena gente” / más… no siempre lo consigo…”. 

De esta forma se presenta Antonia Moreno, en su libro “Arcoiris Inverso”, editado en 2013. Cuando la saludé por primera vez, en la Biblioteca de Andalucía, aunque ya nos conocíamos de escribirnos por Facebook, me regaló el libro con esta simpática dedicatoria: “Con cariño y alegría para mi amigo Leandro, para que la sonrisa sea nuestra contraseña”. Unas páginas más adelante, Antonia se define así: 

“Vivaracha, alegre, cantarina y grácil, / de corazón noble, de intelecto ágil… / Rebelde, altanera, sincera, valiente, / amiga fiel de la tierra y de su gente. / Cantando las penas jugaba a vivir. / Siempre fue chiquilla y anciana al sentir”. De su espíritu, ella dice que es como un “duendecillo impredecible, / juguetón y quisquilloso, / siempre alegre, siempre alerta, / ingenioso y bondadoso… / amigo es de todo aquél que no sea rencoroso, / ni quiera encontrar en él, / malicia engaño ni acoso”. 

En definitiva, ‘Arcoiris’ es transparente como el agua cristalina de las fuentes del río Guardal, que pasa lamiendo el barrio de Los Evangelistas, de Castilléjar, donde nació.  Yo diría, en lo poco que la conozco, que es alegre y sencilla, confía en las personas y le gusta cultivar la amistad. Le encanta ver reír a la gente y sobre todo a los niños. En su página de Facebook figura con el sobrenombre de ‘Arcoiris Moreno’ y  he visto colgadas varias fotografías hablando en un aula escolar con los niños, aquí es donde se siente en su salsa, contándoles cuentos, porque el mundo de la infancia es su pasión. Copio esta coplilla romántica de su libro: “Soñé: que de tu mano caminaba / y todo era alegría, / que yo besaba tu boca / y tú besabas la mía. / Soñé, tonta de mí, / que me querías.”

Antonia me escribió hace varios años y destaco algunas frases: “Como ves, escribiendo comparto mucho, ja ja, soy ese torrente de alegría, de pensamientos, de... lo que sea!!! Ja ja es mi naturaleza (…). Yo tengo mi gente y ahí están mis compañeras del cole, con las que después continué en contacto, y las otras que fui conociendo de la costura, o de otras actividades, también los chicos... en fin, son muy gratos recuerdos los que conservo, y cuando vuelvo por el pueblo (Castilléjar), sigo notando ese cariño, PERO... siempre hay sorpresas (…). Cuando ahora te vi aparecer, quise limpiar esa imagen... y conocer realmente quien es este "leandro" el que además escribas, me da la tranquilidad que también "comprendas" mi lenguaje, porque a mí, se me ve a través de mis letras (…). Yo sigo viendo lo bueno en las personas, pero la vida es muy cortita para regalar tiempo... donde uno se estanca, se aburre”.

Hace un mes, varias amigas le hacían comentarios a una poesía suya y yo escribí esto: “Antonia lleva dentro la alegría de su raza”, porque siempre va cargada de ánimos, quizá porque le sonríe a la vida (normalmente, ocurre al revés), a pesar de todo o aunque esté diluviando. Por eso es espontánea y necesita comunicarse. Me llamó la atención esta frase de su libro: “Yo he conocido niños que, aún siendo ya mayores, incluso padres de otros niños, no consiguen olvidar sus días tristes en la infancia (…). A este niño, le dediqué la ‘Nana del niño grande’:

A la nana, mi niño,
nana morena…
entre olas de plata
la luna llena (…).
Ya las noches de escarcha
son de canela,
vuelan las amarguras,
bailan las penas (…).
A la nana, mi niño,
de mar y arena…
Yo velaré tus sueños
con miel de seda.

En ‘Adiós a un viejo curso’, ‘Arcoiris’ recuerda el último año que estuvo en el colegio:

(…). El miedo que ayer sentías
al entrar cuando eras niño,
hoy que llegas al final
se ha convertido en cariño.
Hoy que has de decir adiós,
se hace un nudo en la garganta,
miras atrás con amor.
Colegio, has sido mi casa,
 pesadilla e ilusión.

“El osito Andrés (en busca de su propia identidad)” es un cuento breve, con ilustraciones para niños, que ‘Arcoiris’ ha editado en 2017, en español y en alemán. En sus andanzas por la vida, el osito aprende una buena lección. Recojo estas frases que me escribió Antonia en 2014: “Es ahora cuando mis compañeros son la "sociedad" del pueblo. Y ahí estaban como maestros, alcaldes, y otras funciones... así que pronto volvimos a estar en contacto y como ves, escribiendo comparto mucho, ja ja, soy ese torrente de alegría, de pensamientos, de... lo que sea!!! Ja ja, es mi naturaleza y así fue que mis compañeras entonces en los cargos culturales del pueblo, me pidieron colaborar en la fiesta del libro, y tuvimos mucha suerte porque conseguimos realmente algo maravilloso. Para mí fue una sorpresa enorme, me tenían preparadas muchas sorpresas... me hicieron un homenaje, vino mi profesor, amigo Tomás desde Granada, él fue mi maestro en Huéscar y... bueno, también representaron el cuento de El osito Andrés... y todo eso, coronado con mis músicos, que también vinieron. Todo eso, obvio sin otro interés que ese: pasarlo bien y celebrar ese encuentro. Nos dieron comida y alojamiento...”.










Esta pasada Navidad, Antonia ha escrito esta dedicatoria para los amigos: “POR ESO Y MUCHAS COSAS MÁS... ven a mi casa esta navidad :) lo que falte de comida se pone de música, de humor, de alegría... Que nadie se sienta lejos, ni solo, ni triste...”. Así es de generosa y sencilla. En otra ocasión me contó esto: “Yo estuve mirando tu blog y vi muchas fotos, algunas personas conocía y otras no… Yo no soy de apegarme a los lugares, ni siquiera a mi cueva donde viví, que era bastante linda y me gustaba estar allí, pero cuando fui ahora, la verdad que no siento apego a ningún lado. Ahí donde estoy intento sentirme bien y ya está. Y lo sigo pensando, de mayor quiero ser niña…”. Quizá por eso le gusten tanto los caramelos, como a los niños. A veces le he preguntado, “¿cómo te sientes en Alemania, con tanto frío y tan pocas horas de sol, tan lejos de España?”, y su respuesta ha sido que se siente a gusto allí, en su casa. “Con las personas sí soy más sentimental y tengo añoranza, y echo de menos a la que más me llega al corazón, obvio, pero intento no andar en el pasado ni complicarme con el futuro, ja ja”.

En la última página de su libro “Arcoiris Inverso”, escribe: “Amiga y compañera de los niños. Quiero ser poeta. Miembro fundador de la revista literaria Camagua”. Y se despide con esta poesía, titulada: “Simplemente soy”:

 No tengo religión, no conozco fronteras ni dueño ni señor.
Camino por mi vida a sabiendas de que soy una desconocida.
Soy en cada momento eso que vivo y siento (…).
Soy fuego, soy escarcha,
soy sombras y soy luz,
soy noche, madrugada,
soy hoy, soy ayer
y tal vez… sea