miércoles, 19 de diciembre de 2012

BIBLIOTECAS Y MUSEOS, EN 1910

 
Biblioteca Nacional


 Quiero traer a colación el artículo Bibliotecas y Museos. Una desamortización necesaria, de Emilio H. del Villar, que fue publicado en el semanario de Madrid Nuevo Mundo, el 28 de julio de 1910. El articulista comienza diciendo “que los ministros de Instrucción Publica que hasta hoy se han venido sucediendo, desconocen las deficiencias de nuestros museos y bibliotecas, lo que equivale a decir que no son gente frecuentadora de tales centros. Así, su autoridad sobre ellos resulta puramente nominal”. Subraya que cada director aplica un criterio diferente y pone como ejemplos al Museo del Prado y al de Reproducciones, mientras que en el polo opuesto se encuentran la Biblioteca Nacional, el Museo y Biblioteca de Ciencias Naturales y, sobre todo, las bibliotecas de las facultades.

Emilio destacaba cuatro cosas, que se podían conseguir sin dificultad, en los dos primeros museos: uno puede enterarse de las pinturas y esculturas que contienen, mediante un catálogo, es posible encontrar inmediatamente una obra determinada, la puede examinar con comodidad y aisladamente, y hay facilidad para copiarla. Del Museo de Reproducciones dice: “Las facilidades para el público llegan a su máximo: está abierto a todas horas, los pedestales de las esculturas son movibles a mano (…) y, por añadidura, el director da en el mismo local frecuentes conferencias sobre las obras que allí se contienen y la historia del arte. Es el director modelo que, verdadero amante de la cultura, pone lo posible de su parte para extenderla”. Sin embargo, en la Biblioteca Nacional ocurre todo lo contrario: su contenido es secreto, no hay catálogos ni índices por orden de materias y los que hay por orden de autores no son asequibles al público… Bastante dolido, prosigue diciendo el autor: “Está prohibida la investigación bibliográfica. Esta monstruosidad bastaría, por sí sola, para provocar una revolución en un país en que la gente tuviese algún interés en estudiar”.

En este plan, se queja de que no compran publicaciones científicas modernas y enumera una serie de obstáculos que el reglamento pone, entre el ciudadano y la cultura: “La obra no se sirve si no está encuadernada, no se pueden servir dos obras a la vez; la adquisición de cada tomo exige una serie de trámites y paseos admirablemente calculados para hacer perder tiempo al concurrente”. Emilio también se lamenta de que, mientras los bibliotecarios fuman, a los usuarios les está prohibido y “de darle los libros llenos de polvo, tirárselos como se tira una moneda a un organillero, prohibirle el uso el retrete... Al director y a sus subordinados les queda todavía un recurso supremo e infalible: negar la obra. ‘Esto no me conviene enseñárselo a usted’, es una frase que he oído al antiguo jefe de la Sección de Estampas, D. José María Sbarbi (q. e. p. d.)”. Recalca que, parte de estas prohibiciones, constan hasta con carácter general en el reglamento y se refieren a las obras puramente literarias. Y llega a esta conclusión: “Es decir, que la literatura moderna se puede negar siempre, la ciencia moderna suele no existir y de obras antiguas no hay derecho a averiguar la existencia”.   

Museo del Prado

El articulista acusa al director de la Biblioteca Nacional de que la monopoliza y utiliza de forma exclusiva para él y para sus subordinados. “Pero, a ése precio, impide la formación de muchísimos Menéndez Pelayos que, sin duda, habrían surgido si los medios de estudio no hubieran sido absorbidos por uno solo”. En idéntica situación se encontraba el Museo de Ciencias Naturales, mientras que las bibliotecas de las facultades estaban en peores condiciones: los bibliotecarios les dedicaban una o dos horas al día, una fracción de hora o nada, “si así les place. Ya no son públicas más que en teoría”, decía. Tal era el enfado de Emilio, con aquella situación de penuria y desidia de las instituciones culturales, que propone la privatización: “Hay que desamortizar los museos y las bibliotecas; los objetos y libros que encierran, están allí para que puedan estudiarlos todos los habitantes de España”. Finalizaba el artículo pidiendo que la desamortización la llevara a cabo el nuevo y entusiasta ministro de Instrucción Pública.

Un viajero romántico, del siglo XIX, iba más lejos todavía: dejó escrito que perdía una mañana en pedir un libro o un documento, y que la Administración del Estado tardaba unos tres meses en solucionar cualquier trámite. Al comienzo del siglo XX, la ciencia y la cultura española eran de pena: no hay más que leer la novela El árbol de la ciencia, de Pío Baroja, publicada en 1911, para darnos cuenta del atraso secular de España respecto a Europa.  
 
Salón General de la Biblioteca Nacional

Ha llovido mucho desde entonces y, a pesar de las carencias, en los pueblos normalmente hay una biblioteca,. Como anécdota, recuerdo que hace unos años en la Biblioteca Municipal del Salón le ponían una tablilla de madera a los periódicos, para que no se los llevaran, y que en los años setenta mi padre utilizaba mi carné de lector de esta biblioteca para sacar libros. Ha pasado un siglo desde que Emilio escribió su encendido artículo, en la prensa madrileña, quejándose sobre el pésimo estado de las bibliotecas y museos de España, aunque no debemos de olvidar que la Cultura sigue siendo la cenicienta en los presupuestos. Y menos mal que no se llevó a cabo la desamortización necesaria que pedía. Lo que sorprende también del artículo es la libertad con la que se expresa el autor, haciendo acusaciones muy fuertes. No sabemos si el director de la Biblioteca Nacional enviaría una extensa carta al semanario Nuevo Mundo, de muy señor mío, expresando su más enérgica protesta, o daría la callada por respuesta.

http://en-clase.ideal.es/index.php/opinion/1222-leandro-garcia-casanova-bibliotecas-y-museos-en-1910.html

viernes, 14 de diciembre de 2012

BLANCA NAVIDAD




Plaza de Bib-Rambla, en Navidad
En esta mañana de mediados de diciembre, se ve algo de bullicio en Granada, pues las mujeres aprovechan para ir de compras por los comercios del centro. En la calle Reyes Católicos, no deja de sorprender el tradicional pesebre encima de la marquesina de la joyería San Eloy. Fue el pasado año cuando unos cacos desaprensivos escalaron la fachada, y se llevaron la figura del niño –que está en la cuna– y días más tarde a San José, que ya traspasó la carpintería. Al doblar por la calle Príncipe, hay una tremenda cola para la lotería, como en los años del hambre y la que ahora se forma en las Urgencias del Hospital Clínico.

En la plaza de Bib-Rambla ya están los puestos que venden belenes, figurillas de pastores, carpinteros, pescadores, molineros, afiladores, panderetas, zambombas, adornos de Navidad y toda la pesca. “¿A cómo son las figurillas?”, pregunto. “A un euro, pero éstas son las últimas porque el fabricante cerró el negocio”, me dice el mulato de la caseta. Son casi las mismas imágenes que yo compré en Baza, allá por el 1966, sólo que entonces valían a peseta. Ocho duros me costó un belencillo, con su tío cagando y todo. Un grupo de turistas españoles hace corro en la plaza y, por un momento, pensé que era aquel pintoresco charlatán que lo mismo te vendía un braguero y además regalaba una manta. Por el Arco de las Cucharas se oye el canturreo de los villancicos: “Oh, blanca Navidad, nieve una esperanza y un cantar, recordar tu infancia podrás al llegar la blanca Navidad”. La música proviene de los altavoces que el Ayuntamiento ha puesto en la plaza de Bib-Rambla. Eso es, más villancicos y menos multas y controlando a los cuatreros. En la Romanilla, las castañas pilongas están a 2,10 el cuarto. ¿Y el kilo de granadas? “Por ser para ti, te las dejo a dos euros”, me dice el tío del puesto.

Puestos de belenes

 Una vieja me pregunta por la plaza de la Trinidad: “Soy de Granada, pero hace mucho tiempo que no vengo…”. En la redicha plaza han escamujado los árboles y los estorninos ya no tienen donde refugiarse, porque gente sin alma destruyó sus nidos para construir viviendas. Antaño se vendían aquí los pavos de Navidad –creo que a duro– y los dejaban sueltos para que fueran picoteando, pero siempre había algún malafollá que les echaba un puñado de bellotas. Entonces los pavos se alborotaban y se mezclaban, y había que ponerlos en formación a varetazos. En Puerta Real han puesto un árbol de Navidad, dicen que como el de Nueva York. Pues ya está: Poeta en Nueva York. Desde que nos mandaron la leche en polvo a cambio de las bases, aquí siempre estamos copiando a los americanos. ¡Americanooos!

Faroles de Navidad, en el Zacatín

Da pena ver en Granada y, sobre todo, en los pisos de matrimonios jóvenes de los pueblos, el muñeco de trapo de Papá Noel, cargado con un saco a la espalda y trepando como los monos por los balcones y ventanas. Ahí tenemos el caso de la niña de seis años, que cayó desde un quinto piso mientras trataba de alcanzar un muñeco de estos, resultando con heridas muy graves. Hemos pasado de los camellos al reno, de los Reyes Magos al Papá Noel y del belén –que Carlos III trajo a España, en el siglo XVIII– al árbol de navidad de los países nórdicos. Ahora que con la democracia hemos ido recuperando nuestras viejas costumbres, nos quieren meter un consumismo rampante con unos figurantes que no tienen arraigo ninguno en España. A mediados del siglo XIX, el Santa Claus estadounidense pasó a Inglaterra y de allí a Francia. De manera que Santa Claus, Papá Noel y San Nicolás son los nombres con los que se conoce a este personaje. Y para los niños holandeses, resulta que San Nicolás llega procedente de España, a lomos de su caballo blanco y cargado de regalos de Navidad.
  
Estimo a Pérez Tapias y no le voy a pedir que valle la ermita de San Sebastián, sino que se pase cualquier domingo, a las 10:30, y oiga una ‘misa en familia’, allí donde Boabdil se rindió.  Hacía más de veinte años que yo no asistía a esta ceremonia, y me sorprendió la sencillez. En nuestro país, la Navidad (natividad significa nacimiento, y en los pueblos todavía se le llama el Día del Nacimiento) y Reyes son las fiestas más tiernas del año, donde las familias se reúnen, y también las más nostálgicas, pues nos trasladan esa edad de oro que fue nuestra infancia. Y a veces, las más tristes. Que sigan montando belenes en el Ayuntamiento, en San Rafael o en Pinos Puente, y que resuenen los villancicos en el Dani. Pero que no nos vendan a Papá Noel. Y como decían nuestros padres, les deseo unas felices Pascuas y un próspero año nuevo.

Artículo publicado en La Opinión de Granada, el 22 de diciembre de 2006


Posdata: la ermita de San Sebastián estaba prácticamente abandonada y con las paredes pintarrajeadas. Tiempo después la restauraron. El árbol de Navidad ahora lo ponen en la plaza de Bib-Rambla (hay quien escribe todavía Bibarambla, como antiguamente), un armatoste en forma de cono, que luce muy bien por la noche.

domingo, 2 de diciembre de 2012

LAS VIEJAS ESCUELAS



A la izda., Grupo Escolar Francisco Franco, 1960
 Hoy he vuelto a recordar aquella mañana en que mi madre me llevó por primera vez a las viejas escuelas, pero la imagen que tengo me cuesta trabajo atraparla, porque es ya como una deteriorada película en blanco y negro, archivada en el álbum del tiempo. La clase daba a la calle del Agua y la recuerdo casi en la penumbra, con un crucifijo clavado en la pared, en medio de los retratos de Franco y del fundador de la Falange. Había unos viejos bancos de madera y algunos pupitres, con un agujero para el tintero y salpicados de manchas de tinta. Pero ese día todo se me antoja bastante extraño y confuso: la mirada distante, las voces sonoras y los gestos grandilocuentes de los maestros; el griterío de los niños en el patio, el tumulto de los pasillos, el silencio y la cantinela de las clases: “dos por dooós, cuatro...”. No podía imaginar que había entrado en un mundo diferente y desconocido hasta entonces para mí, y creo que ésta fue la primera vez que algo me separaba del mandil de mi madre.

Al maestro apenas sabría describirlo, pero después de darnos unas cuantas explicaciones a los dos novatos que entramos ese día, nos señaló una destartalada pizarra: “Éstas son las cinco vocales... Tenéis que copiarlas en vuestras libretas”, debió decirnos. Nosotros estábamos allí medio asustados y, claro, no sabíamos hacer ni la ‘o’ con un canuto. El caso es que el maestro nos dejó sin recreo. Y, cuando los dos ‘caguetas’ nos vimos encerrados en aquella celda, el mundo se nos vino encima: “¿Adónde se habrá ido mi madre?”, debimos pensar, en medio de un mar de sollozos. Éste fue mi primer ‘desencuentro’ con la escuela y, desde entonces, procuraba huir de los libros como alma que se lleva el diablo, porque me costaba un montón aprenderme aquellos conceptos tan raros, o hacer las cuentas en mi pizarrilla negra. Otro día mi padre me llevó a correazos hasta la puerta de las escuelas, porque hacía novillos. También me obligaba a escribir con plumilla, diariamente, una plana de un viejo manuscrito del siglo XIX, para que aprendiera aquella letra bastardilla: “Cómo comprendo que el hombre...”. El siguiente maestro fue don Eloy, el cual se ganaba la vida dando clases particulares.


Curso de doña Carmen, a principios de los sesenta
 Recuerdo que entonces aprovechábamos los recreos para avivar el braserillo de cisco. Cada niño tenía una lata grande de sardinas, agujereada por abajo y enganchada con unos alambres. Le dábamos vueltas como si fuera una honda, hasta que salían las ascuas. Luego, en clase era digno de ver a cada niño con los pies encima de su lata de sardinas, mientras que los sabañones en las manos y en las orejas estaban a la orden del día. Por lo demás, la jornada transcurría entre algún reglazo mañanero, tardes de novillos y noches de zapatilla. Luego vino don Pedro, que nos medía las espaldas con la correa de cuando en vez; y don Emilio, que era un hombre sencillo. También rememoro a doña Carmen, que murió hace dos años en Granada, en medio del olvido. Don Miguel nos cosía a dictados y hacía un corro para la lectura. Y a veces nos restregábamos las manos con ajo porros pensando que así no nos dolerían los temidos reglazos. ¡Pero que si quieres, Catalino! Un día, al Lozar se le escaparon los gorriones del bolsillo en la escuela de don Bartolomé. Y a las cinco de la tarde, cuando nos llevaban a la iglesia para el catecismo, pedíamos permiso para orinar. Había que ver a aquellos galopines orinando en las tapias y, como una bandada de pájaros, salíamos pitando por el callejón abajo, huyendo del mundo, del demonio y la carne. Pero quizá aquellos dictados y lecturas nos preservaron del empobrecimiento cultural que sobrevino unos años más tarde.

Recuerdo a los maestros de entonces con las manos llenas de tiza y explicando en una vieja pizarra negra, o bien, nos hacían aprender con cantos la tabla de multiplicar. Así lo inmortalizó Antonio Machado en ‘Recuerdo infantil’: “Y todo un coro infantil / va cantando la lección: / ‘Mil veces ciento, cien mil; / mil veces mil,  un millón’. / Una tarde parda y fría / de invierno...”. También, el lema preferido de don Andrés Manjón era ‘enseñar deleitando’. Fuimos muchas las generaciones de españoles que aprendimos cantando en las escuelas, pero hoy ya no canta la alondra ni el ruiseñor. Aquellas canciones de la niñez en los años sesenta se desparramaban por las ventanas del colegio; y, junto a los juegos en el recreo, eran las únicas notas de alegría en la vida oscura y mísera de los perdidos pueblos de Andalucía.


Pero la vida a veces guarda sorpresas agradables. El año pasado me dijo un conocido: “Mi hermano Andrés fue tu primer maestro. Tu madre te apuntó a su escuela, a pesar de que todavía no tenías la edad”. Por eso, siempre tendremos una deuda pendiente con ellos, pues, a su manera, nos enseñaron las primeras letras y las cuatro reglas; a amar los libros y la lectura y, a través de ellos, asomarnos al mundo... Lo cierto es que trataron de hacer con nosotros unos hombres y mujeres más instruidos y libres. Y es que para ser maestro es necesario tener una buena dosis de paciencia y generosidad. Pero las viejas y frías escuelas de Castilléjar ya no existen –ahora se encuentra allí el Ayuntamiento–, aunque perviven en nuestra imaginación de niños. Y de aquellos primeros años de ilusión, de travesuras, de correndillas y pescozones, sólo nos queda el nostálgico recuerdo de la memoria y una triste fotografía. 

Nota: Las viejas escuelas ganó el Tercer Concurso de Artículos Periodísticos, del Colegio de Gestores Administrativos de Granada, Jaén y Almería, del año 2003.




miércoles, 28 de noviembre de 2012

LA CHAPUZA NACIONAL




Artur Mas, en la noche del 25 de noviembre


“La Justicia se para cuando se tiene que investigar a los políticos”, dijo dos días antes de las elecciones autonómicas de Cataluña, José Manuel Sánchez, secretario general del Sindicato Unificado de la Policía. Convocó a la prensa y confirmó la existencia del borrador de la Udef, con el que ‘El Mundo’ denunció las cuentas que Artur Mas, Jordi Pujol y su hijo tienen en un banco suizo. También salió en la prensa que los ‘mossos’ destruyeron pruebas y el fiscal jefe de Cataluña le dijo a la policía que fuera a investigar a otro lado. Los resultados de las elecciones catalanas los han dejado corridos y avergonzados, pero ellos siguen aferrados al poder como si nada hubiera pasado. Utilizando patrañas, primero se apoderaron del dinero y, no contentos con esto, quisieron apoderarse de Cataluña, pero el tiro les ha salido por la culata. La frase de “la Justicia se para cuando se tiene que investigar a los políticos”, la podemos aplicar a cualquier región de España, no hay más que ver que cuando las denuncias llegan a cierto nivel de cargos políticos, muchas se archivan sin más tramite, por falta de pruebas… La Justicia sigue la famosa regla de las dos varas de medir, se aplica al pueblo y al funcionario, con todo el rigor. Para los de arriba los delitos prescriben. Si el problema de CIU es el 4% que cobran bajo cuerda a las empresas que operan en Cataluña, el problema del PSOE de Andalucía son los ERE.

Manuel Gómez fue interventor general de la Junta, entre 2000 y 2010, y ha denunciado estos días: “Es el mayor caso de corrupción de la historia de España. Griñan pudo terminar con el nido de corrupción en 24 horas”, y lo acusa de “cebar sin descanso la partida presupuestaria de los ERE”. Manuel Gómez envió quince advertencias a tres consejeros distintos, entre ellos a Griñan, cuando era consejero de Hacienda pero, ahora, le echan la culpa al exinterventor y lo acusan de no haber realizado un ‘informe de actuación’. El dictamen de la Comisión de los ERE va a ser una vergüenza, pues solamente acusa al director general de Empleo. No sé cómo el PP se ha prestado a participar en este ‘teatro’ y cómo no abandona ya la Comisión, pues IU y el PSOE, como dos buenos socios, se van a poner de acuerdo para endiñarle el muerto a dos o tres golfos y, de paso, exculpar a Griñán y Chaves.

El exinterventor de la Junta, Manuel Gómez

 La juez Mercedes Alaya está de baja por cefaleas, esperemos que se recupere pronto y retome el escandaloso tema de los ERE, donde ha sufrido tantas presiones y ataques. Su sustituto, el juez Iván Escalera, ha excarcelado a Guerrero y al chófer de la cocaína. Se sabe que Escalera es sobrino de un histórico dirigente del PSOE de Sevilla y, en su perfil de ‘Facebook’, dice que es “amigo del PSOE”. Lo cierto es que ningún socialista se queja del juez sustituto.

La consejera de Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, ha dicho estos días: “No me atrevo a decir si habrá o no más recortes. Un año es un horizonte muy largo”. Pues, claro, los recortes que los haga Rajoy, o que los apliquen en Cataluña y en Madrid. Sin embargo, la Junta está despidiendo a personal sanitario, no paga al personal de las residencias de la tercera edad ni las subvenciones a guarderías, no abona el dinero que le debe a los empresarios, autónomos, proveedores y ayuntamientos, por poner algunos ejemplos. Pero, según el PSOE, en Andalucía no existen los recortes.

La Junta hace la cuenta de la vieja en la Administración: con los 5.000 millones de euros del FLA (Fondo de Liquidez Autonómico), destina 3.000 euros para las casi de 500 empresas públicas (con 30.000 contratados a dedo, afines al PSOE y a sus sindicatos amigos) y el resto lo saca de las nóminas de los funcionarios, mientras siguen con los mismos coches oficiales y pagando miles de euros de productividad, a los puestos de libre designación, del Consejo Consultivo. En 2013, la Junta dará  6,4 millones de euros a CCOO y UGT, en ayudas directas, para que sigan tomando la calle y haciendo protestas contra el Gobierno de Rajoy. El fracaso de la huelga general no sorprendió a nadie. Ambos sindicatos de clase tienen a cien empresas que ganan unos diez millones de euros al año.

Según una encuesta que el Instituto Nacional de Estadística publicó, el 24 de octubre pasado, el salario anual del sector público fue en 2010 un 30,8% más alto que el salario medio de los trabajadores. La muestra, sin embargo, no incluye a los empleados públicos adscritos a las mutualidades sino solo a los que cotizan al Régimen General de la Seguridad Social, lo que deja fuera a la gran mayoría de los funcionarios y sí incluye a los empleados de empresas públicas. La media en el sector público en 2010 ascendió a 29.811 euros, mientras que en el sector privado fue de 21.231 euros.

Ante estos datos del INE, tengo que decir lo siguiente: un policía nacional gana 1.600 euros, un administrativo 1.000 o 1.200, mientras que un empleado en la empresa pública gana unos 2.000 euros o más, y los directivos vienen cobrando de 60.000 para arriba, incluso hay una docena que cobran más que el presidente de la Junta. La torpeza de la encuesta del INE es que no debe de meter a todos en el mismo saco, porque esto es dar una imagen falsa de la realidad y echar a la gente en contra de los funcionarios. Una cosa es la función pública y otra, las empresas públicas, que crearon los políticos para colocar a los suyos (a los cesados) y, de paso, para evadir la ley, como ha ocurrido con los ERE. Con las cajas de ahorros hicieron lo mismo que con las empresas públicas, las arruinaron.
 
La juez, Mercedes Alaya

En la chapuza nacional, sorprende esta noticia: “Imputan a un jefe de CCOO y a un alto cargo de la Junta por malversación. El sindicato pagó viajes de sus militantes a manifestaciones con subvenciones de 600.000 euros como ‘sensibilidad de riesgos laborales’”. ¿Dónde están los controles de sindicato, con las subvenciones que reciben? El proyecto del reglamento que prepara el Gobierno de Rajoy, abre la puerta al despido colectivo del personal laboral de las Administraciones y entes públicos. Estas son las observaciones de los sindicatos millonarios de clase:
“Por tanto, trasladar toda la carga del ajuste (despido), a un colectivo solo por ser laboral, resulta ilegítimo por irrazonable y desproporcionado”, página 27. En la 28 hablan de “la desigualdad de trato entre unos y otros, lo que resulta arbitrario y desproporcionado”. Los sindicatos UGT y CCOO piden el despido para los funcionarios de carrera, pero a los ‘enchufados’ en la Junta que no los toquen. El paisaje de España es árido y el clima cálido, por lo que no da para mucho: aquí levantas una piedra y te sale un lagarto.

Una perla de la consejera de Hacienda, Carmen Martínez Aguayo, en una entrevista que le hicieron el 25 de noviembre de 2012. Menciona a los funcionarios andaluces, en estos términos: "son tan profesionales los que están en el sector público como los que están en la Junta y se llaman funcionarios". Pues, claro, si en el sector público están colocados todos los parientes y amigos. No falta ni uno. En fin, la consejera y los sindicatos de la Junta tienen parecidas opiniones. En cuanto al concurso de traslados de la Administración General, la Junta lo sacó para dividir a los sindicatos y distraer al personal –y lo consiguió–, y ahora está mareando la perdiz.

Siempre habrá alguien, como ‘El Mundo’, Mercedes Alaya o Manuel Gómez, que tratará de que se sepa la verdad, a pesar de exponerse a las represalias del poder, porque creen en un mundo mejor y más justo. España siempre ha tenido fama de tener malos gobernantes, mientras que en los países anglosajones, o en Francia mismo, ha ocurrido todo lo contrario. En las democracias occidentales, los políticos cogidos en falta dimiten; aquí sacan pecho y encima te amenazan. Esa es la diferencia. España es la chapuza nacional, donde la corrupción y la impunidad están a la orden del día, el lema parece ser: el que no roba o defrauda es tonto. Y el pueblo no es mejor que los gobernantes que elige.

Pero, todavía queda algo de justicia en esta tierra cainita, cuando van cayendo los caciques y corruptos. La cara de Pujol y de su delfín Mas es todo un poema, pronto pasarán a la historia como Ibarreche, del que ya nadie se acuerda. Griñan parece ahora disfrutar de la gloria del poder: es secretario general del PSOE y presidente de la Junta, cree que ha ganado las elecciones andaluzas, cuando en realidad son las primeras que ha perdido el PSOE andaluz, en treinta años. El PSOE ha perdido en las últimas cinco elecciones y Rubalcaba tendrá que dimitir, sólo les queda el feudo de Andalucía, como a Boabdil el Reino de Granada.

 Por nosotros, los funcionarios, no se corten.
Ustedes vosotros aplíquennos ya el recorte,
para pagar a los enchufados y sindicatos de la corte.                       

Posdata: el día 27 le escribí a la plataforma de funcionarios 'Defiendo mi derecho' para enviarle este artículo. No he obtenido respuesta.

 

sábado, 17 de noviembre de 2012

EL COLEGIO ELECTORAL DEL SEÑOR CANDIDATO




Elecciones al Parlamento de Andalucía

 El 25 de marzo, tuve el honor de ser presidente de una mesa electoral (el distrito del centro), en un pueblo del cinturón de una capital andaluza. Aunque me había leído el manual, barruntaba que aquello iba a ser bastante complicado. El primer problema apareció a las 8:50 horas. Viene la representante de la Administración y me dice: “Esta apoderada quiere votar ahora, porque tiene que irse a una mesa”. Miré mi reloj y le contesté: “Hasta las 9 de la mañana no empieza la votación”. Más tarde me enteré que la apoderada del PSOE era madre de un político que se presentaba para diputado. La mujer se pasó prácticamente toda la mañana sentada en una silla, que había colocado al lado de las papeletas y de la cabina electoral, de manera que controlaba a los votantes de las cuatro mesas electorales. Yo no me di cuenta de esto hasta que me lo dijo un apoderado del PP, sobre las tres de la tarde. Pero lo peor era que en el colegio no se oía otra voz que la de esta apoderada, pues hablaba bastante fuerte. A esto hay que añadir, que la esposa del político estaba de interventora en la mesa de al lado mientras que el político también era apoderado: miraba las listas y hablaba con unos y otros.

Si esto no era bastante, la primera vocal de mi mesa fue invitada a comer por el padre del político. Tardó hora y cuarto para comer y, a la tercera vez que le pregunté si había dado la participación del número de votantes al mediodía, a la representante de la Administración, fue cuando me dijo que sí. Por la tarde ya no me informó de nada, esto es, dio la participación de votantes a mis espaldas. Antes de irme a comer quité las dos sillas que había al lado de las papeletas y, a continuación, llegó la madre del político dando voces: “¿Quién ha quitado las sillas de aquí? ¿Quién ha sido?”. Me levanté y le dije: “He sido yo, las sillas no tienen por qué estar al lado de las papeletas”. Me marché, pero la apoderada siguió dando voces en el local. Cuando regresé, me enteré que un apoderado del PP le advirtió que, si volvía a colocar las sillas al lado de las papeletas, iba a poner una reclamación. A partir de entonces, la mujer se sentó cerca de una mesa y, al menos, los electores ya no votaron coaccionados.


En el pueblo, algunos padres tienen la costumbre de entregarle el sobre con el voto al niño y este lo introduce en la urna. Yo no sabía nada de esto y me negué en redondo. Les explicaba que el voto es personal y que sólo votan los mayores. El caso es que vino un joven, dando voces y con amenazas, hasta que le dije con el móvil en la mano: “Vote y váyase, o llamo a la policía municipal”. El joven se marchó, pero la apoderada hizo un comentario a favor del joven y, más tarde, otra apoderada del PSOE se tiró una gracia diciendo que iban a llamar a la policía municipal. Como el 25 de marzo era el cumpleaños de la alcaldesa del PSOE, pasaron bandejas de pasteles entre las mesas y, sobre las 18 horas, uno empezó a cantar el “cumpleaños feliz”, mientras animaba a los miembros de las mesas para que cantáramos. Creo que un colegio electoral no es el sitio más adecuado para celebrar el cumpleaños de nadie. Poco después, votaron el político (en mi mesa) y la alcaldesa, y un fotógrafo los inmortalizó.

Como yo tenía algunas dudas, un interventor me dijo: “Los votos nulos se cuentan como votos en blanco, porque si no en el Ayuntamiento te hacen preguntas... Luego decidimos en la votación”. Le contesté que un voto nulo no se puede convertir en uno en blanco y que los interventores tenían voz, pero sin voto (al final, salieron 4 votos nulos y 2 en blanco). Hablando después con un apoderado del PP, me contó que en las elecciones municipales la cosa era peor: los apoderados se sentaban en varios sitios estratégicos, cerca de las papeletas, y que en el pueblo se dejaba que los niños votaran. Lo sorprendente es que el político había convertido el colegio electoral en su ‘chiringuito’: allí tenía a su familia y a todos sus agentes colocados, había calculado hasta los mínimos detalles y, al final, salió elegido diputado. Trato de demostrar los vicios en los colegios electorales, para que la Junta Electoral evite estas irregularidades. Yo me llevé unos cuantos disgustos y todavía estoy avergonzado de lo que pasó allí el 25 de marzo. El sistema está viciado y todavía estamos muy lejos de Europa.
Leandro García Casanova


 Artículo publicado el 29 de marzo de 2012, en el ABC de Sevilla.

Posdata: Pasadas las elecciones autonómicas, una mañana el diputado elegido siguió en su coche a mi mujer por la calle y, cuando llegaba a mi vivienda, hizo como que le hacía una foto. Sin duda, trataba de impresionarnos. Si todo esto lo hacen en un colegio electoral, a la vista de todo el mundo y con total impunidad, ¿qué no harán en otros sitios? ¡Pobre Andalucía!, muchos están empeñados en que no salga de su atraso, así medran mejor. Esperemos que esta publicación no me traiga problemas.



LOS PRIVILEGIADOS DE LA 'ADMINISTRACIÓN PARALELA'



Manifestación en Sevilla, el 18 de febrero de 2012

El 2 de noviembre de 2011, el Tribunal Superior de Justicia de Andalucía dictó la primera sentencia contra la polémica Ley de Reordenación del Sector Público de la Junta, que supuso la integración de más de 20.000 trabajadores, de las empresas públicas, en la Administración Andaluza. El citado tribunal decía en la sentencia que el “acceso privilegiado de los trabajadores de la ‘Administración paralela’ a las nuevas agencias supone un desprecio al Estado de Derecho y una flagrante vulneración de los derechos fundamentales”. Con la excusa de una ley, a todas luces ilegal, de una tacada metieron en la administración a trabajadores contratados cuyo único mérito es tener el carné del PSOE o de los sindicatos UGT Y CCOO. El planteamiento y la estrategia es bien sencillo: como posiblemente vamos a perder las elecciones, los metemos por la gatera y dejamos a toda la parentela colocada, y si gana el PP que los indemnice.

La citada ley vulnera claramente los principios constitucionales de igualdad, mérito y capacidad, para el acceso a la función pública, según el artículo 103 de la Constitución. Hace unos días, un auto del Juzgado de lo Contencioso-Administrativo, número 9 de Sevilla advertía del peligro de la situación creada: "Hay que reconocer que si no se adopta la medida cautelar, de consolidarse la integración regulada en el protocolo impugnado sería prácticamente imposible retrotraer la situación en la que se verían afectados los trabajadores y afectará a la estabilidad y a la carrera profesional de los empleados públicos".

En cuanto a los falsos EREs en Andalucía (aseguran que es el mayor escándalo de la democracia), la Junta utilizó desde 2000 a 2010 unos 700 millones de euros para prejubilaciones ilegales a los intrusos. Habría que preguntarse, ¿acaso no es el mismo fraude, y de mayor cuantía, nombrar funcionarios a plena luz del día a 20.000 contratados a dedo, para que usurpen los puestos de trabajo a los funcionarios de carrera? 20.000 contratados a 1.300 euros de sueldo como mínimo al mes, salen a 26.000 millones, sin contar los sueldos de los grupos superiores y cargos. Si esta cantidad la multiplicamos por un año (14 pagas) salen 364 millones de euros. La misma trampa que los EREs: a unos los convierten en pensionistas, sin haber cotizado a la Seguridad Social, y a otros los nombran funcionarios, sin haber concurrido a unas oposiciones. El único mérito en común es que tienen el carné del partido o del sindicato. Tan intrusos son los unos como los otros y tan ilegales son los falsos EREs como los falsos funcionarios. Se ha vulnerado claramente la ley y el fraude es mucho mayor.
 
Pancarta en el Palacio de San Telmo (Sevilla)

Y sin embargo, los EREs están machaconamente todos los días en los medios de comunicación, mientras apenas se menciona el caso de los 20.000 ‘falsos funcionarios’, cuando resulta más escandaloso por la cantidad defraudada, que ha disparado el déficit y la deuda de la Junta, así como por los perjuicios causados a los funcionarios. El presidente Griñán manifestó este verano su temor a que no tuvieran dinero para pagar a los funcionarios de la Junta. Es triste que tengamos que estar reivindicando lo evidente y, lo que es peor, hay que denunciar la penosa situación de miles de funcionarios que están sin trabajo porque sus funciones las desempeñan ahora los intrusos (los han colocado a su lado y en los mejores despachos y medios), porque son amigos o parientes de tal o cual político. En la Administración andaluza se han sobrepasado todas las líneas rojas y se está llegando al enfrentamiento y al insulto. Hace unos días fui testigo de lo que le dijo un funcionario a una sindicalista: “No sé cómo no te da vergüenza apoyar a unos intrusos, que le han quitado el puesto de trabajo a los funcionarios”. ¿Hace falta que las cosas lleguen a mayores? ¿Se imaginan lo que pasaría si metieran en la Administración, por el mero hecho de estar afiliados, a 2.000 médicos, profesores o jueces? ¿Y la conflictividad laboral que provocaría cuando los privilegiados usurpen las funciones de los titulares? Pues, así andamos.


A pesar de las numerosas sentencias y suspensiones cautelares en contra de la mal llamada Ley de Reordenación, la Junta no las acata y sigue ‘colocando’ a esta casta de privilegiados, sin preparación, en los centros y en las delegaciones provinciales y, mucho nos tememos, que le salga gratis y que nadie sea condenado por prevaricación, usurpación de atribuciones, etc. Han sacado de la manga una ley –a sabiendas de que es ilegal–, han inventado ocho agencias de colocación –el director provincial de Agapa, en Granada, solo tiene el graduado escolar– y todo, para dejar colocados a miles de los suyos. Sólo esperamos que los tribunales pongan a cada uno en su sitio, pero el daño es irreparable y la guerra civil en la Administración no ha hecho más que empezar. El 18 de febrero, los empleados públicos nos manifestaremos en Sevilla por enésima vez.


Leandro García Casanova
 
Artículo publicado en el ABC, de Sevilla, el 23 de febrero de 2012

http://www.cartasaldirector.org/2012/03/los-enchufados-de-la-administracion-paralela/

martes, 13 de noviembre de 2012

RECORDANDO A BERLANGA



Luís García-Berlanga
“Solitario yo lo he sido siempre, pues ya de pequeño fui un niño encerrado con un solo juguete. La soledad es el destino”, confesaba el director de cine, Luis García- Berlanga, que falleció hace dos años, el 13 de noviembre de 2010. Berlanga no era de los que te cogían a los personajes y los dejaba tirados por ahí. No. Él sostenía que, “aunque digan que mis películas son crueles y espantosas, siempre me he cuidado de meterlo todo en el cajón de la comedia y hacer que la gente se ría”. El entrañable Pepe Isbert congrega a los vecinos en la plaza y, desde el balcón del ayuntamiento, les suelta una arenga: “¡Como alcalde vuestro que soy, os debo una explicación, y esa explicación que os debo os la voy a pagar!...”. En otra secuencia, suena la trompetilla del pregonero: “¡De orden del señor alcalde, que mañana se presenten vestidos de andaluces para el ensayo del recibimiento a los americanos!”. Y al día siguiente, los vecinos de Villar del Río desfilan por las calles mientras van cantando al son de la banda de música, y el cojo cierra el desfile: “¡Americanos, os recibimos con alegría y a la niña bonita van a obsequiarla con un regalo! ¡Americanooos, con alegría! ¡Olé mi madre, olé mi suegra! ¡Viva el tronío!...”.

Este memorable desfile lo volvieron a escenificar en 2003, en Guadalix de la Sierra (donde una placa recuerda la película de ‘Bienvenido, Míster Marshall’), con motivo del cincuentenario del estreno. Pero de nuevo se oye la voz familiar del narrador: “Todos tienen derecho a pedir una sola cosa. Sí. Una sola es muy difícil. Don Luis, el hidalgo, todavía no ha pedido nada”. Y por riguroso orden, el alcalde, el cura y el representante van anotando lo que pide cada uno: “Yo quiero una pareja de mulas. Y yo un cabezal. Yo quiero una máquina de coser...”.

Pepe Isbert y Paco Morán
 “¡Que ya están aquí, que están subiendo la cuesta!”, da la voz de alarma un zagalón desde la torre del campanario. “¡Preparados..., música!”, ordena el alcalde. Sin embargo, unos instantes después, la comitiva de los lujosos ‘haigas’ de los americanos pasa de largo. Y todo el pueblo de Villar del Río se ha quedado mudo, con la mirada puesta en el horizonte y con su triste pancarta de ‘Welcome’. Pero, en medio de la desolación y del polvo del camino, dejemos que siga hablando Fernando Rey, aquella dulce voz que oíamos en las noches de nuestra infancia: “Con esta agua van a crecer muchas cosas... las mujeres al rosario y los hombres al café. Y Villar del Río vuelve a ser lo que había sido siempre. Ahora hay sol y hay esperanza. Suena la campana, la vieja campana. ¿Oyen?”. ‘Bienvenido, Míster Marshall’ –yo nací en 1953– es la imagen de la España del mulo y la alpargata, de la posguerra y el estraperlo que le tocó vivir a nuestros padres.

“Una de las razones que me empujaron a escoger mi oficio fue la de buscar una protección a mi timidez ocultándome al otro lado de la cámara, disfrutando del anonimato que en aquel tiempo tenían los directores, eclipsados por el estrellato de los intérpretes. Seguiremos buscando en el cine la emoción de la luz y las sombras, el extravío del espejismo… perdidos en el encantamiento arrebatador de esa fábrica de sueños”, dijo Berlanga en su discurso de ingreso en la Real Academia de San Fernando. Entre otras películas, destaca ‘El verdugo’ (1963): una crítica amarga contra la crueldad del garrote vil y la Dictadura de Franco. En ‘La escopeta nacional’ (1978), aprovecha una cacería para retratar a aquellos personajes mediocres y corruptos, de los últimos años del franquismo. También hizo ‘La vaquilla’ y estaba contento con ‘París-Tombuctú’. Pero ‘Plácido’ (1961) era su película preferida: una serie de peripecias que le ocurren a ‘Cassen’ en la Nochebuena, porque le vence una letra de su motocarro.

 “Me gusta mucho la vida, y me cabrea tener que desaparecer”, decía este valenciano barroco. Pero, bueno, nos ha quedado su obra y eso es lo que importa ahora. Y de paso, una retahíla de personajes chasqueados, la mayoría de ellos desaparecidos: Pepe Isbert, Manolo Morán, López Vázquez, ‘Cassen’, Luis Escobar, Antonio Ferrandis, Agustín González, José Sazatornil y tantos otros. La entrada que hace el autobús en la plaza de Villar del Río, al comienzo de la película, es una de las más bellas secuencias que he visto y por eso merece pasar a la historia del cine. Me emociono cada vez que la veo, quizá porque me recuerde el autocar cuando llegaba a mi pueblo. En noviembre de 2007, Berlanga recibió un homenaje de la Academia del Cine, por los 55 años de ‘Bienvenido, Míster Marshall’; cuando lo entrevistaban, confesó: “Alfredo Landa dijo de mí lo que mejor me define: ‘Berlanga es un hijo de puta con ventanas a la calle, pero si me llama, siempre me tendrá a su lado’”.

'Cassen' y  López Vázquez
Dicen que el pueblo de Villar del Río se quedó huérfano y cariacontecido, mientras sonaba la campana, la vieja campana. ¡Tam, tam, tam! Dieron treinta y tres toques sonoros y espaciosos, mientras que un labriego que estaba arando el campo se descubrió la cabeza y se santiguó. Muchas gracias, Míster Berlanga, por esos inolvidables dramas rurales donde las cosas siempre iban a peor, mientras nos partíamos de risa.
Leandro García Casanova


Publicado el 13 de noviembre de 2012, en Ideal en Clase

jueves, 8 de noviembre de 2012

GABIRROS, QUE SE FUERON EN SILENCIO




Vista de Gabia, desde Montevive

Felipe Sánchez falleció en octubre del 2006, pero hasta hace unos meses no me enteré de su muerte. A veces me lo encontraba tomando el sol en la calle Real de Málaga, o sentado a la puerta de su casa, pero era una delicia hablar con él, pues no habrá en Gabia otro conversador como Felipe. ¡Cuando te cogía ya no te soltaba, él disfrutaba como un niño contándote historias, pasando de un tema a otro! Entresaco un párrafo de ‘La soledad de Felipe ‘el Mediaúva’ –estaba solo y por eso necesitaba hablar–, en el libro ‘Gabia, la memoria perdida’: “Mira que te digo, antes de entrar en la escuela, ya sabía yo escribir y entonces me pusieron con el grupo de los grandes. Cuando llegué a mozuelo, yo me juntaba con ellos para aprender a defenderme. A los maestros me los afusilaron, pero me enseñaron a ser honrao y luego a ser económico, ¿sabes? A saber tener un duro y a vencer todos los oficios que se presentaran por delante. Yo ahora estoy peor que nunca, tengo mi pensión pero la soledad es la peor enfermedad que hay. Te dan ideas de..., por eso yo no entiendo de Pascua ni de diversiones. Salgo a la esquina de la carretera y me vengo p’acá, y estoy solo –cada vez tiene la gorra más ladeada–. Esta casa la he hecho yo y en las escrituras figuro como vitalicio, por lo que no me pueden echar…Uno se siente que quiere volver a la juventud, pero ya no se puede… Yo aprendí el caló en una casa de putas, en el bar de ‘Los Tres hermanos’, y toda la esa de Granada se juntaba allí, ¿me entiendes? Allí iban de todas las clases a buscarse la vida y yo estaba de encargao en el bar, donde transitaban los amolaores (los que hacían el amor)”. En la foto, Felipe sale acompañado de su vecino Salvador Solera –ambos vivían en la calle Juan XXIII–, que falleció en abril de 2005. Este año también nos dejó Pepe ‘el Cojo’, que vivía en el Barrio de Piniche.
José Lechuga murió en el 2006, y esto fue lo que escribí sobre él: “Noto que Lechuga ya no tiene muchas ganas de hablar, ni está para muchos trotes pues se cansa pronto. Cuando me despido le digo que se cuide, que hay que cobrar la paga durante mucho tiempo. ‘¡Sí, por lo menos hasta Navidad! Yo ya no me encuentro bien...’, me contesta. A Lechuga te lo puedes encontrar por la calle Real a las 7:30 de la mañana, o a las cinco de la tarde pegando muletazos. Son paseos de voy y vengo: o va p’allá o viene p’acá, según te lo encuentres de frente o de espaldas. Él asegura que hace bastante ejercicio: ‘Dos kilómetros p’arriba por las mañanas, y otros dos p’abajo. Y por la tarde hago lo mismo, ¡quieras o no, eso es bueno para la circulación!’, me dice convencido. Sin embargo, cuando hablo con unos y con otros, noto que a Lechuga lo quieren en Gabia”. En agosto del pasado año, también falleció ‘el Modas’, al que por las tardes veía subir de la caseta, de la antigua Estación del Tranvía; tenía fama de ser un hombre servicial y él era el alma de la caseta.


Ermita de la Virgen de las Nieves, de Rafael Gurrea
Carmen Bertos, la abuela de Gabia, también emprendió el viaje al ‘Cortijo de los Múos’, en 2004, nada menos que con 103 años: “Yo nací en febrero o marzo, no me acuerdo bien, ésa es la verdad; porque de fechas a mí que no me pregunten. El caso es que me voy algunas temporadas a Barcelona, pero yo quiero morirme aquí. Ahora ‘me se’ hinchan las piernas –las zapatillas las ha recortado con unas tijeras, más bien las ha desgraciado– y me he quedado algo delgada, porque yo lo que tengo es del riñón. Nunca he estado enferma y el médico me dice que tengo una salud de hierro. En fin, que yo nací en el Tranvía –por la zona del Tranvía– y de lo único que me acuerdo, es que mi mama me puso en una silla “para que tú te manejes sola”, me dijo. ¡He sufrido y he trabajado tanto, que ya no me acuerdo de muchas cosas...! ¡Tanto trabajé y tanto sufrí pa el pago que me han dao!, eso decía un borracho del pueblo. De chica yo era un demonio porque a todos les pegaba y a los niños les cortaba las cejas. Y mi madre no me ha podido pegar nunca, porque he salido siempre al trote... Bueno, pues mi marío y yo estábamos de caseros en el cortijo de ‘Santonino’, y yo echaba –ponlo así– una hora en el camino cuando iba por los mandaos; y luego venía con una carga de treinta kilos a cuestas. ¡Sin más burra ni nada, que lo sabe to Gabia! Muchos nevazos me cayeron en el camino. Y cuando volvía, les ponía de comer a mis siete hijos; después, a las dos de la tarde, me iba a espigar para darle de comer a unos marranillos que tenía, esto en el mes de agosto (…). Ahora tengo 14 nietos y 17 bisnietos. ¡Yo he sufrío y he llorao mucho en el cortijo! ¡Que pregunten por Carmen ‘la Barragana’, que no me he peleao con nadie ni he bebío nunca!...”. Y me confesaba: “Pero me he enterado que, para cuando me muera, algunas mujeres piensan decirle al alcalde que ponga una placa en esta casa, diciendo que aquí vivía la mujer más graciosa de Gabia”. Carmen se quedó con las ganas de su placa, de la que nunca más se supo.
 
Calle Real de Málaga, de Rafael Gurrea

Cuando Sebastián Beltrán ‘el Ramales’ está bien, se acuerda hasta de los años veinte. ‘Parece mentira, pero antes celebraban las fiestas del Corpus en el Salón. Recuerdo que estábamos todos embobados viendo la montaña rusa, cuando me birlaron diez pesetas del bolsillo. ¡Vaya! El primer jornal que eché me dieron tres pesetas. Y cuando ya escardaba como un hombre, dijo el capataz, ‘amos’ a darle el peón (la peonada). Entonces los chaveas no teníamos adonde ir y, cuando Marianico Pertíñez daba la voz, nos íbamos a escardar y te pagaba un duro –y añade, como quejoso–. ‘Tos se han muerto y yo soy el más viejo de Gabia, quitando a la tía... Mi hermano estaba comiéndose el bocadillo y ¡pom! se cayó al suelo’. Sebastián asegura que entonces era costumbre ver a la novia a través de las rejas de la ventana, pero ‘a mí me dieron la entrá… ¡Estoy hecho una mierda y ya no valgo para nada! Con noventa y seis años que tengo se me ha pasao to por la historia’, me dice al despedirse, mientras se pasa la mano por la frente como dando a entender que no se acuerda de nada. Sebastián es el único sobreviviente de la fallida experiencia del ‘colectivismo agrario’, en la Gabia republicana de 1933. ‘¿El cortijo? Del cortijo de La Jara apenas me acuerdo; sé que íbamos por la mañana y veníamos por la noche, unos diez kilómetros, entre ida y vuelta’.
La última vez que lo vi: “A veces, me encuentro en la calle a alguno de estos ancianos (me refiero a Sebastián) tomando el leve sol del otoño, el penúltimo sol del otoño. Sebastián murió pocos meses después, en el 2003”. También nos dejaron José Franco y Manuel López ‘el Chupa’, en diciembre de 2004, a los pocos días de fotografiarlo. Ellos ya forman parte de la intrahistoria de Gabia, y que me disculpen si me olvido de algún gabirro desaparecido, pues no dispongo de más datos. Alguna que otra vez, me encuentro con Manuela ‘la Merguiza’. Ya no vive en su casa, pues está enferma y sus hijos cuidan de ella. También veo pasar, con su andar cansino, a Adolfo Capilla; han pasado cerca de 80 años de aquella memorable foto del maestro Francisco Alba con sus alumnos, a la puerta de su casa. No hace mucho me encontré con Antonio López, ‘el Chico del Gato’, y le dije: “Dale recuerdos a tu hijo Pedro”. Y el hombre se me queda mirando y, pasándose la mano por la barba, me responde: “Oye, ¿yo a ti de qué te conozco?”. Antonio ya no se acordaba de que le dediqué una foto y cinco páginas. Creo que mereció la pena recoger en una obra los comentarios y vivencias de estos y otros muchos gabirros, que inevitablemente se hubieran perdido en unos pocos años. Quiero dar las gracias a cuantos compraron el libro, del que ya quedan pocos ejemplares.

Publicado en la revista 'Las4esquinas', en octubre de 2008

sábado, 3 de noviembre de 2012

PASEO BAJO LOS CIPRESES


Cementerio de San José, Granada
  
 “Conforme se entra en el primer patio, a mano izquierda, y junto a la orilla del camino que va a la Ermita, ya verá usted allí al pintor de Jaén. El quiso que lo enterraran en Granada, ¿sabe usted?”. Si no es por Miguel, el guarda del Señor del cementerio, todavía estaría buscando aquella sencilla y agrietada losa de color ceniciento, junto al olivo silvestre que le sirve de cabecera: “Manuel Ángeles Ortiz 1895-1984”. García Lorca le dedicó esta frase: “A Manuel Ángeles, que está enamorado y olerá la rosa inmortal”. Por un momento pensé que el día que me entierren me gustaría descansar junto a la sombra de un noble y fiel olivo. A su lado, y separado por unos metros, reposa en paz consigo mismo, en su blanca sepultura, el escritor del 98 granadino,  Ángel  Ganivet. Yo prefería aquel viejo sepulcro gris de antes, casi anónimo y recubierto por el manto de polvo de todo un siglo. Siguiendo el camino, un poco más arriba, llama la atención una tumba con el escudo de Granada y esta inscripción: “Francisco Seco de Lucena, abogado y escritor. La ciudad de Granada costeó este sepulcro, que acordó erigir en 1904”.

En una esquina de este patio destaca por su belleza y originalidad una esbelta y recia columna de alabastro y, en la parte superior, se aprecia en relieve el rostro de Melchor Almagro Díaz, 1850-1898. En la descolorida lápida de un nicho de 1915, encuentro de casualidad esta curioso título: “Ilmo. Sr. D..., Capellán de los Sres. Reyes Católicos...”. Pues conforme se va leyendo, el título del capellán es mayor que el de los reyes a los que sirve. Un poco más allá se alza una cruz grande y a la vez sencilla, de mármol gris, donde se notan las elegantes huellas del cincel. En la losa figura el nombre de Manuel Rodríguez-Acosta. Otro monumento funerario decimonónico recuerda la alta cuna del finado: “Aquí yace D..., maestrante de Granada. Era de esclarecida y noble estirpe, se distinguía también por la nobleza de su alma”. En un panteón a ras del suelo se ha querido dejar constancia de un suceso trágico: “El Ayuntamiento acordó conceder a perpetuidad la bóveda a las víctimas (cinco niños) del incendio, ocurrido en 1933”.


En el siguiente patio, un tanto abandonado y con la hierba alta, me detengo ante la tumba de un marqués (al que ya le tengo cierto afecto por las veces que lo he visitado), que también fue teniente general de los ejércitos, y que falleció en el primer tercio del siglo diecinueve. En un obelisco se recuerdan las 16 batallas en las que participó y posiblemente estuvo junto al general Castaños y Simón Bolívar en la batalla de Bailén. Pero había querido despedirse de su azarosa vida con cierto aire cuartelero: “La fortuna lo halló modesto, la adversidad tranquilo, la Patria siempre pronto a sacrificarse por ella...” Y sin embargo, el laureado general parecía como quejarse: ¿Y de qué me sirve a mí tanta gloria si no tengo a nadie que le saque lustre a mi sepultura o que me rece una oración?

El mismo mal del reloj del tiempo –la fugacidad de la vida que se esfuma y la vanidad de todas las cosas–, iba carcomiendo a muchos panteones decimonónicos de apellidos ilustres: ¿Qué fue de los honores y del linaje? ¿Dónde se quedaron las riquezas y los criados? Pero, con todo, la estatua más visitada y venerada es el Señor del cementerio: una simple y tosca escultura de mármol blanco, con la mirada perdida, ha hecho posible el milagro. Las mujeres, sobre todo, no saben qué hacer con el Señor: le rezan, le acarician el brazo desnudo –ennegrecido ya por el continuo roce– o las ves que le aprietan la mano derecha mientras le susurran un favor. Miguel, el guarda del Señor, tiene el mirar ladeado pero te habla con el corazón. Vive de las limosnas que le dan y me enseña, enganchados de un alambre, los miles de exvotos que, según la creencia popular, corresponden a curaciones: numerosas chapas de latón tienen forma de cabeza, piernas o brazos; rosarios de color hueso, un par de estetoscopios de médicos sanados, unos zuecos; hasta una impresionante trenza pelirroja se exhibe en el alambre y, como diría aquél, ¡de mujer fermosa y favorecida ha de ser! A los pocos días la trenza desapareció como por encanto, y es que las pagan bastante bien.

En mi tercer paseo por el patio de la Ermita encontré, en un túmulo casi en ruinas, al guitarrista Ángel Barrios. En la losa hay una sencilla cruz de mármol con un ramo de flores marchitas y en una pequeña lápida, ya desgastada por el tiempo, apenas puede leerse: “El Ayuntamiento de Granada a su hijo predilecto...”. En la misma línea del camino hay un obelisco con el rostro esculpido del difunto y este escueto título: “Granada, a D. José Aguilera López. E.P.D. 1903”. Como está orientada hacia el norte, la tumba está cubierta por el musgo. Unos metros detrás destaca un monolito, rematado en una cruz de hierro: “El Exmo. Ayuntamiento de Granada acordó perpetuar con esta inscripción la memoria de la insigne poetisa Señora D.ª Enriqueta Lozano de Vilchez, cronista de Granada y la provincia. 2-11-1898”. En otra decrépita tumba, dice lo siguiente: “Bajo esta losa yacen los restos del pintor Eduardo García Guerra, que falleció el 16-2-1893. Para honrar la memoria a este modesto hijo de Granada...”.
En un claro aparte –como un símbolo en recuerdo de la desgracia–, se erige una pirámide de color ceniza, coronada por una pequeña cruz de mármol: “En esta tumba que el amor labrara, yacen M., su esposa (de 57 y 47 años) y tiernos hijos”. Entre 1831 y 1834 murieron los cuatro miembros de esta familia. En este patio de la Ermita se respira un cierto aire entre mágico y nostálgico y es tanta la quietud que uno puede deleitarse viendo, a escasos metros, a una atrevida ardilla correteando por el tronco de un ciprés, al poco royendo una flor o saltando como si tal cosa entre las tumbas. 

Patio de Santiago, a primeros de noviembre

En el patio de Santiago me detengo ante un ilustre huésped: “El Ayuntamiento de Granada al Excmo. Sr. D. Emilio Herrera Linares, 1879-1967. No lo lloréis. Imitadlo”. En una placa de bronce se enumera una interminable lista de títulos: académico, caballero, comendador..., Ministro de Asuntos Exteriores y Presidente de Gobierno de la II República en el exilio. De una esfera de metal salen en distintas direcciones cuatro pequeñas vigas y a un lado del sepulcro hay una lámina dorada: “Los aviadores españoles, en su memoria”. En otro lado, elevándose hacia el cielo como las plegarias, un gran monumento funerario preside el centro de un patio: “En esta tierra, donativo de la ciudad de Granada, reposan las víctimas del trágico accidente aéreo, ocurrido el 2-10-64 en el Monte Mulhacén...”. También hay una excelente dedicatoria de la República de Mauritania al piloto del avión: “Hasta en su muerte, el ruido de las hélices había sido su réquiem y el cielo su mortaja. Quiera la tierra de España, de donde era originario, serle leve y clemente en su último sueño sin despertar”.
Unos cuantos metros más allá hay un viejo que está  orinando furtivamente y, como quiera que me ve escribiendo, en cuanto se arregla la bragueta me dice estas palabras: “Usted perdone, pero es que no podía aguantar más. Buenas tardes”. Y dicho esto, el caballero de la vejiga continuó limpiando el nicho. De este otro difunto, que murió en  1970, hay que decir que defendió la libertad hasta en la barricada de su humilde morada del cementerio de San José, porque él luchaba por un mundo mejor: “Todo individuo tiene derecho a la libertad de opinión y de expresión. Este derecho incluye el derecho a no ser molestado a causa de sus opiniones. (Art. 19 de la Declaración universal de los derechos humanos)”. El susodicho artículo 19 debió coger a contrapelo a los todopoderosos censores, y exclamarían: ¿Cómo le vamos a quitar la lápida a un muerto?
En un antiguo patio, en la parte alta de la pared, hay escrito con letras grandes: “Aquí yacen los caídos por Dios y por la Patria”. Abajo, en una de las numerosas lápidas, hay un elocuente epitafio de aquella época que más parece un certificado de defunción: “D..., cayó a la cuarta vez de ser herido por Dios y España, a consecuencia de un balazo en el vientre...” El suceso ocurrió en Cataluña, en 1937, y el soldado sólo contaba veinte años. En un rincón, junto a un nicho, solloza una mujer joven acompañada de su hija. La mujer cree que está sola y rompe a llorar desconsoladamente: “¿Por qué? ¿Por qué te has ido? ¿Qué te hemos hecho nosotros? ¿Qué va a ser de nosotros ahora...?”. Tras los reproches al difunto y las preguntas sin respuestas, la mujer va desahogando su pena en un escandaloso llanto que estremecería a cualquiera. Pero desde lo alto de un ciprés cercano, un cuervo lanza de vez en cuando espantosos graznidos. Fue entonces cuando me asaltó la duda: ¿Por qué grazna precisamente aquí este cuervo de mal agüero, al olor de la muerte y ante una desesperada mujer?
Pero la vida no tiene respuestas, sólo sabe pegar mazazos. En Méjico existe la creencia de que el 31 de octubre regresan del más allá las almas de los niños, y los espíritus de los adultos retornan el uno de noviembre. Por eso, el Día de los Muertos, los mejicanos comen, beben y cantan junto a las tumbas de los seres queridos. De esta forma se ríen de la ‘pendeja’ o de la ‘chingada’. Y al día siguiente, las ánimas errantes se despiden de los vivos hasta otro año. “Requiem aeternam dona eis, Domine” (Señor, dales el descanso eterno), como diría el desventurado Mozart.
 
Aquí se encontraba el cementerio civil
PosdataEste artículo lo escribí en noviembre de 2005 y algunas cosas han cambiado en el cementerio, como la tumba del guitarrista Ángel Barrios, que está remozada. Hace años había un cementerio civil, donde unas varas de hierro numeradas indicaban la fosa donde se encontraban los restos de quienes se habían suicidado. También, hace unos años, un extranjero se encontró restos óseos y lápidas, de principios del siglo XX, cerca del camino que lleva al Llano de la Perdiz. Se ve que, de vez en cuando, hacen una buena limpieza. Nunca más se supo del asunto, aunque es de suponer que el caso se encuentre en el juzgado. Ian Gibson contaba que, cuando visitó el cementerio por primera vez, había una fosa común donde se veían los restos de los fusilados, durante la Guerra Civil, con su ropa. Un tiempo después, la fosa común desapareció. Y en las tapias del cementerio, todavía se pueden ver los agujeros de los disparos a las víctimas. El cementerio de San José es el más antiguo de España y tiene mucha historia. La empresa que lleva el cementerio sacó, hace unos años, una guía con las tumbas de ilustres difuntos. Se dejó llevar de los panteones suntuosos y olvidó a ilustres granadinos, del mundo de la cultura.

http://www.elmundo.es/elmundo/2013/03/11/andalucia/1363022226.html

EL MUNDO DE ANDALUCIA

Red 'Wifi' para el cementerio de Granada, el segundo más antiguo de España
  • El cementerio de San José está en la Ruta de Cementerios Históricos
José A. Cano | Granada
Actualizado lunes 11/03/2013 18:17 horas
 
El cementerio municipal de Granada, el segundo más antiguo de España, cuenta desde este lunes con una zona Wifi a la que se puede acceder de manera gratuita desde todas las salas del tanatorio, una herramienta con la que se pretende hacer más llevadera la estancia de las personas que acuden al camposanto en "esos complicados momentos", según la concejal responsable de la empresa municipal que lo gestiona, María Francés.
La iniciativa surge para dar una solución alternativa a la "mala comunicación" telefónica que existe en el recinto y que tiene "difícil solución" ante "su cercanía con la Alhambra".
Además, la falta de cobertura en la zona ha propiciado que se produzcan numerosas peticiones de usuarios expresando su deseo de comunicarse a través de Internet, ya sea para hablar con familiares, reservar una estancia de hotel ante un inesperado suceso o comprar el billete de viaje para volver a casa.
Francés ha acudido a presentar el servicio junto al alcalde de Granada, José Torres Hurtado, y ambos han explicado que la zona Wifi englobará toda la zona administrativa del cementerio, incluidas las salas y el tanatorio, que es donde "más tiempo pasan los ciudadanos".
El servicio es gratuito para todos los usuarios y no requiere ningún tipo de contraseña. La intención es que esté disponible “a partir de ya” y, de hecho, el Ayuntamiento de Granada ya ha colocado a la entrada del cementerio los carteles que avisan al ciudadano de que ha entrado en una ‘zona wifi’.

El precedente del 'bluetooth'

Aunque el servicio puede parecer exótico, no es la primera de las nuevas tecnologías que se incorpora al cementerio de San José, considerado el segundo más antiguo de España e incluido en la Ruta Europea de Cementerios Históricos desde hace más de tres años.
Desde octubre de 2010, las guías turísticas del cementerio –que tiene hasta cuatro opciones de visita según el tipo de recorrido, ya que está considerado cementerio monumental– son descargables por 'bluetooth', con un cartel que recibe a los usuarios en la entrada que indica los pasos y las opciones para obtenerlas.
El cementerio de San José está declarado como Bien de Interés Cultural (BIC) y combina restos de arquitectura funeraria del romántico y épocas posteriores, así como las tumbas de ilustres granadinos como Ángel Ganivet o el pintor Rodríguez Acosta. En su recinto se encuentra también el Palacio de los Alixares, el tercero que componía el recinto de la Alhambra y construido entre los siglos XIII y XIV.
Las rutas turísticas del cementerio funcionan desde junio de 2008 y ya han sido visitadas por algo más de 25.000 personas. El 'Recorrido por la memoria' hace un repaso de los más de 200 años de funcionamiento del camposanto, desde 1805. Además, la tapia exterior está protegida como Lugar de la Memoria por la Junta de Andalucía, por casi 4000 fusilados junto a ella durante la Guerra Civil y el Franquismo, y en su interior alberga la escultura 'Piedad', de Eduardo Carretero, por los caídos de ambos bandos.
Forma parte, finalmente, de la 'Ruta europa de cementerios históricos', un recorrido monumental reconocido como Itinerario Cultural por el Consejo de Europa, lo que lo coloca al nivel de rutas como el Camino de Santiago o el Legado Andalusí.