jueves, 21 de febrero de 2013

LAS CUEVAS MORISCAS DE CASTILLÉJAR



Cuevas de la Morería, en Castilléjar
  Gabriel M. Cano García afirma en la introducción de su libro ‘La comarca de Baza’, editado en 1974: “La comarca de Baza sólo era un pieza tributaria donde no había qué invertir. ¿Para qué? ‘Son gentes sin remedio, descendientes de moros, que viven en cuevas y no les gusta el trabajo’. Y así se ha llegado a una situación de extremo subdesarrollo (...) y, sobre todo, por medio de la emigración, que en los últimos veinte años ha reducido a la mitad los efectivos demográficos”. Es tremendo lo que escribía el catedrático Cano García, pero han pasado 38 años y las cosas siguen igual porque las comarcas de Baza y Huéscar son de las más pobres de la Unión Europea. Si nos remontamos a la expulsión de los moriscos, entre los años 1571 y 1609, Hurtado de Mendoza escribe en la ‘Guerra de Granada’: “Quedó la tierra despoblada y destruida, vino gente de toda España a poblarla y dábanles las haciendas de los moriscos por un pequeño tributo que pagaban cada año”.

 Pío Caro Baroja calculaba que la población morisca en el Reino de Granada ascendía a unos 300.000 habitantes y que la mitad de ellos fueron expulsados, mientras que Antonio Domínguez Ortiz reducía a 80.000 los deportados. Esto supuso el abandono de las tierras de agricultores expertos, de manera que Peyrón lo describió así, en 1772, cuando viajó por estas tierras: “Mientras los moros poseían el reino, Granada era el país del mundo más alegre y mejor cultivado; su población era inmensa, sus valles y sus montañas estaban cubiertos de viñas y de árboles frutales, pero hoy ¡qué cambiado está!, la población es una plaga temible para las campiñas. Cuántas colinas que no tienen otro adorno que las plantas con que la naturaleza las cubre”. Lo cierto es que, a pesar de la repoblación (vascos, navarros, leoneses…), en 1575 el Reino de Granada tenía la mitad de habitantes que cuando vivían los moriscos. La población no alcanzaría los niveles precedentes hasta el final del siglo XVII. Al despoblamiento hay que añadir las epidemias, la crisis de subsistencia y los periodos de sequía en los últimos años del siglo XVI.



Aspecto ruinoso de la Morería


En el artículo ’Las cuevas, sus barrios y su origen en nuestra tierra’, publicado en la revista ‘La Sagra’ (marzo de 1981), el historiador Vicente González Barberán escribe: “El Catastro del Marqués de la Ensenada, elaborado a mediados del siglo XVIII, registra en todo el término de Huéscar sólo unas 25 cuevas… El fenómeno viene de más abajo: en mi opinión, de las Hoyas de Guadix y Baza, donde había antecedentes cueveros anteriores al siglo XIX”. En esa época, los ayuntamientos concedieron licencias para excavar cuevas, ante la avalancha de nuevos vecinos (los inmigrantes levantinos) y “surgieron auténticos barrios trogloditas”. Barberán  asegura que los moros no las usaron jamás como viviendas y que las cuevas abandonadas, con puertas y ventanas, que encontraron los nuevos repobladores, tras la Guerra de Granada, en los frentes de los acantilados, “son precisamente las conocidas ‘cuevas de moros’, ‘boticas de los moros’ o ‘hafas’ (en Benamaurel las llaman así)”. El historiador aclara que eran hipogeos funerarios, con una cámara para depositar los cadáveres y, a veces, tenían estantes que contenían los elixires para los ritos de incineración. Pero, tras la expulsión de los moriscos de Guadix y Baza, obligó a muchos de ellos a refugiarse en estas grutas funerarias, que son frecuentes en la zona oriental de España, como Granada y Almería.


En el estudio ‘Arquitectura subterránea’, de Lasaosa Castellanos y Ron Cáceres (1989), en referencia a Castilléjar, dice que “la población que vive en cuevas es aproximadamente el 50% de sus habitantes”. Entonces había 239 cuevas y casas-cueva, pero a causa de la emigración muchas se encontraban abandonadas y “una cantidad elevada de cuevas que no se han contabilizado al haber quedado ya relegadas por la casa”. En Castilléjar se encuentran, además, en un acantilado sobre el río Guardal, las Cuevas de la Morería que están repartidas en dos niveles: diez cuevas en el nivel inferior y cuatro en el superior, aunque ya no es posible el acceso a ellas debido a los desprendimientos del terreno. El historiador Lorenzo Cara Barrionuevo refiere de las cuevas de los moriscos que, “sobre ellas pesa un profundo vacío documental y bibliográfico”, mientras que en un estudio que hizo sobre la Morería, en 1992, el Centro de Profesores de Huéscar, dice: “Por lo que se refiere a su datación, es muy probable que se trate de refugios musulmanes de época medieval, llegando algunos casos de conjuntos troglodíticos a ser utilizados todavía en el siglo XVI (…). Hace unos 40 ó 50 años era posible acceder a algunas de ellas a través de estrechas veredas que ya se han desplomado”. Las ‘Hafas’, de Benamaurel, las de Cúllar, Baza, etc., son cuevas de características similares. Las Cuevas de la Morería presentan un aspecto ruinoso y alarmante, acabarán cayendo al río si no se actúa pronto, pues el terreno sobre el que se asientan es flojo. Sería conveniente y necesario que la Consejería de Cultura hiciera un estudio del terreno.




Las cuevas de Los Carriones, vistas de frente, parecen un buque
En cambio, son completamente desconocidas, incluso para los castillejaranos, las cuevas moriscas de Los Carriones (anejo de Castilléjar), como pueden verse en la foto reciente. Al compararla con otra foto, que les hice en agosto de 2007, se ha desprendido una parte de la pared y de la ladera, que hay al lado del camino. Hay una casa-cueva de piedra roja, con su chimenea, cerca de las cuevas, en fin, un pegote que afea el conjunto.  Vistas las cuevas desde el Oeste, el cerro ofrece el aspecto de un barco.  En los años sesenta, un vecino colocó una carrucha en el morro del cerro para subir paja a las cuevas moriscas, aunque parece que se han conservado mejor que las de la Morería. En un correo electrónico reciente que le envié a la alcaldesa de Castilléjar, Josefa Carasa, le preguntaba si podía hacer alguna gestión para la conservación y protección de las cuevas, antes de que se pierdan o deterioren. Le recordaba que, entre los monumentos naturales de la provincia, sólo está incluido el poblado ibero de la Balunca, en Castilléjar, pero no viene la Morería. En cambio, en Benamaurel tienen las ‘Hafas’y cuatro monumentos más, y en Castril, la Peña... “De aquí a cincuenta años, nadie se acordará de nosotros pero quedará el legado histórico de la Morería y de las cuevas moriscas de Los Carriones, como monumentos naturales, si hacemos algo. Como alcaldesa, eres la más indicada, podrá haber un ecomuseo en Castilléjar, pero no es nada comparado con la historia que encierran las cuevas moriscas. Son nuestro pasado. Éstas pueden perderse y deteriorarse por abandono o desidia (como ha ocurrido siempre en el pueblo), son muchas las personas interesadas en la conservación de nuestro patrimonio, aparte de que es nuestra obligación como castillejaranos”.

Aspecto de las cuevas desde la carretera 
La respuesta de la alcaldesa no pudo ser mejor: “Indagaré para ver la manera de incluirlo en nuestro patrimonio y tratar de conservar y mejorar su estado. Todos los datos que tengas al respecto me los envías”. Esperemos que se inicien pronto los trámites para que las cuevas moriscas de Castilléjar sean declaradas Bienes de Interés Cultural, será un día inolvidable –y para muchos paisanos y conocidos–, porque se reparará la injusticia y el abandono de siglos. Éste es el “mejor legado” que le podemos dejar a las futuras generaciones: nuestro patrimonio histórico estará ya protegido. Recuerdo que cuando yo tenía siete años, mi padre me llevaba a Los Carriones en su vieja guzzi, sentado en el depósito de gasolina. En el frontal del cerro había una especie de jaula de hierro (se desprendió con los años) y mi padre me decía, poniéndose serio: "¿Tú ves eso?, pues ahí están las calderas de Pedro Botero". Cada vez que veía a aquel siniestro armatoste se me antojaba estar ante las puertas del Infierno, pero mi padre no podía imaginar que, tres siglos antes, estuvieron viviendo allí los moriscos y que todavía quedan en el anejo algunos vecinos con el apellido de origen árabe. Mi agradecimiento a Jesús María García y Juan José Martínez, por la documentación que me han proporcionado para elaborar este artículo.

Posdata: Jesús Martínez, que falleció en 1990, contaba que cuando él nació (creo que por 1910) hubo una fuerte riada que causó el desprendimiento de una parte de la Morería, de manera que cambió el curso del río Guardal. Lo cierto es que esas cuevas las utilizaron los moros, como habitáculo o cámaras funerarias. En Castilléjar existe el barrio del Cenete, que era el antiguo barrio morisco. El nombre proviene de la tribu bereber de Zeneta, una de las más antiguas y principales de África del norte.


http://en-clase.ideal.es/index.php/opinion/1302-leandro-garcia-casanova-lsos-por-las-cuevas-moriscas-de-castillejarr-.html

http://www.webdebaza.com/





domingo, 17 de febrero de 2013

ABUSOS EN LA BANCA






El pasado 2 de abril fui, con mi hermano, a la sucursal de Caja Granada, en la calle Alhamar, de Granada. Aquí tenemos los hermanos un depósito a plazo fijo, de forma mancomunada desde 1995, y queríamos renovarlo. Cuál fue mi sorpresa cuando la interventora saca un formulario, me pide dos números de teléfono, y me pregunta por mi estado civil, régimen económico, estudios que tengo, dónde trabajo y correo electrónico. Le respondí a algunas preguntas, hasta que ya no pude aguantar más: “Nosotros hemos venido a renovar el depósito a plazo y no tengo por qué dar mis datos personales y familiares, porque forman parte de mi intimidad”. Aquello era humillante y contrario a la ley, le dije a la interventora, así como que quería quejarme al director. Este me recibió y no sé cuántas veces me dio la razón. Me prometió que me llamaría en unos días. Me respondió que se había enterado y estos son los impresos que tienen en Caja Granada para estos casos. Le avisé que pondría una reclamación en la Agencia Española de Protección de Datos (AEPD).

En la reclamación, consideraba que la sucursal  de Caja Granada pide unos datos excesivos a sus clientes (y eso que los hermanos tenemos dos cartillas), que vulneran la intimidad personal y familiar de las personas, de acuerdo con el artículo 18 de la Constitución española y de la Ley Orgánica de Protección de Datos de Carácter Personal. Es más, estos datos personales y familiares los obtienen “conforme a la Ley Orgánica 15/1999, de 13 de diciembre, de Datos de Carácter Personal”, como indican los impresos que me entregaron. Y que “presto mi consentimiento expreso para que en mi nombre pueda solicitar ante la Tesorería General de la Seguridad Social dicha información”. Pero no te informan de esto porque los impresos se los quedan ellos, una vez rellenos y firmados. ¿Qué datos no pedirán a los clientes, cuando les soliciten un préstamo? La contestación de la AEPD el 27 de noviembre, siete meses después, es la siguiente: “A la vista de lo expuesto, cabe destacar que la solicitud de diversos datos personales efectuada por Caja Granada al denunciado, trae su causa en lo establecido en la mencionada Ley de Prevención del Blanqueo de Capitales y de la Financiación del Terrorismo, por lo que se desprende que dicha solicitud de datos resulta adecuada con la finalidad perseguida por dicha norma”. Uno se queda flipando y encima me tachan de denunciado. Cuando reclamaba al Banco de España, por los abusos de algunos bancos, se lavaba las manos, como sabía hacerlo su director Fernández Ordóñez. Nada de extraño tiene que, con esta complicidad de unos y otros, haya habido en España, desde 2008, más de 400.000 desahucios –la mayoría de ellos abusivos–, y que cerca de un millón de clientes hayan sido engañados con las acciones preferentes. Y sin embargo, aplican la Ley del Blanqueo de Capitales y de la Financiación del Terrorismo a los que tenemos un depósito. ¿Es obligatorio y necesario que yo dé dos números de teléfono, el correo electrónico y si estoy casado o viudo al banco, cuando no me los piden ni en el juzgado? ¿Por qué no les piden todos estos datos a quienes han estafado y engañado a miles de españoles? La banca se dedica ahora a sacar una ficha policial a sus clientes, con la connivencia de la AEPD, que debería proteger los derechos fundamentales de los españoles.

 
Posdata: Esta carta al director salió publicada en el Mundo de Andalucía, el 7 de enero de 2013. Como es natural, no ha tenido respuesta. España es un país entre África y Europa, donde los derechos de los ciudadanos son pisoteados cada día, mientras las administraciones miran para otro lado. De otra caja tuve que emigrar, porque empezaron a pedirme datos que consideraba insultantes y que afectaban a mi intimidad personal y familiar. La crisis del sistema financiero español ha sido de las cajas de ahorro -los políticos mangonearon todo lo que pudieron y las arruinaron, junto a sindicatos y patronal, que estaban en el consejo de administración-, porque los bancos, de carácter privado, están saneados.


viernes, 8 de febrero de 2013

MÁLAGA: LA CARRETERA DE LA MUERTE



Por la carretera de Motril


 “La carretera parecía una verdadera carnicería. Los lamentos de los niños heridos, los chillidos de las madres agonizantes, las maldiciones de los hombres, iban elevándose en un solo grito masivo, alcanzando un tono de intolerable intensidad”, escribió el cirujano canadiense, Norman Bethune, afiliado al Partido Comunista, que vino a combatir en la Guerra Civil española como voluntario de las Brigadas internacionales. Con su ambulancia de transfusiones de sangre, ayudó a miles de fugitivos malagueños, y añadía: “Era una corriente silenciosa de hombres y animales; los animales gimiendo como hombres, y los hombres, impasibles como animales”. Estas metáforas del ‘camarada Bethune’ –como le gustaba que lo llamaran–, me recuerdan precisamente al ‘Guernica’ del malagueño Picasso, incluso hay quien sostiene que se inspiró en este éxodo para pintar su cuadro más famoso.


El 6 de febrero de 1937 –se cumplen ahora setenta años–, una marea humana inundó la carretera de Málaga a Almería. Ni que decir tiene que llevaban sólo lo puesto. La ciudad sitiada está a punto de caer en manos de las tropas nacionales y sólo queda emprender la ‘Juía’, nombre con el que será recordada esta odisea. Bethune, en su obra ‘El crimen de la carretera Málaga-Almería’ (Publicaciones Iberia, 1937), describe horrorizado: “Imaginaos ciento cincuenta mil hombres, mujeres y niños que huyen en busca de refugio hacia una ciudad situada cerca de doscientos kilómetros de distancia. No hay más que un camino. No hay más vía de escape (...) Lo que quiero contaros es lo que yo mismo vi en esta marcha forzada, la más grande, la más horrible evacuación de una ciudad que hayan visto nuestros tiempos”.

Una madre dando el pecho al niño
En el largo éxodo de la ‘caravana de la muerte’, los milicianos –unos 40.000 huyen en dirección a Nerja y Motril– y la población civil fueron bombardeados y ametrallados día y noche por la Marina y la Aviación franquistas. El trayecto, de 219 kilómetros, duró cuatro días y se calcula que murieron entre 3.000 y 10.000 personas. El joven José Ginés sobrevivió a la tragedia: “En la recta de Adra, no se veía la carretera: era tanta la gente que caminaba hacia Almería, que todo el camino era una mancha de gente (...) Cuando volví al camino me encontré con el espectáculo más horrible que he visto en mi vida: niños, mujeres, borricos por el suelo; unos muertos, otros heridos; quejidos: ¡Socorro! ¡Amparadme!”. Natalia era entonces una niña de 14 años: “Cada cual llevaba lo que más apreciaba (...) Yo cogí los zapatos blancos (habían costado 13 pesetas) y el vestido celestito de escobón que había estrenado ese día”.


En el verano del 2004, el Centro Andaluz de Fotografía (CAF) organizó en Almería una exposición a Norman Bethune. Esta foto podríamos titularla: ‘Mujeres al borde del camino’: una lleva puesto un chal negro y la otra, agachada, está orinando. En esta otra imagen se ve a una desolada niña mirando hacia el cañaveral, mientras su muñeco desnudo está tirado en el suelo. Hay grandes destrozos en el cañaveral de Motril, pues los fugitivos se alimentaron chupando la caña de azúcar. Estas fotografías las hizo el arquitecto canadiense Hazen Size, el acompañante de Bethune. Y de nuevo, el cirujano nos describe el sufrimiento de la población civil: “Contamos unos 5.000 niños de menos de 10 años y, al menos, 1.000 iban descalzos y muchos de ellos cubiertos con una sola prenda (...) Nuestro camión era asediado por una multitud de madres frenéticas y padres que con los brazos extendidos sujetaban hacia nosotros a sus hijos...”. ¿Cuántas veces habremos visto imágenes como éstas, en la tele y en el cine? Recordar que el escritor granadino José G. Ladrón de Guevara tenía ocho años, cuando su familia tuvo que salir huyendo por la carretera de Málaga a Almería, haciendo parte del recorrido.


  A las 7:30, del día 8 de febrero, las tropas nacionales entraron en Málaga. He escrito este artículo porque parte del ‘camino de la muerte’ discurrió por la costa de Granada, y para que no nos olvidemos de nuestra reciente y trágica historia. Los españoles somos muy exaltados y no quiero pensar que, por sus ideas políticas, miles de ellos tuvieran que salir con lo puesto de cualquier ‘nación’ de España: debido a la política lingüística, miles de profesores tuvieron que salir forzados de Cataluña. “España es una herida en mi corazón. Una herida que nunca cicatrizará”, decía el buen camarada Bethune. El pasado domingo (8 de febrero de 2008), un centenar de participantes marcharon desde Almuñécar a Nerja para conmemorar el 70 aniversario de la ‘Desbandá’.
 
Los refugiados llegan a Almería
 Posdata: este artículo salió publicado en La Opinión de Granada, el 6 de febrero de 2007. Si alguien está interesado en una exposición de fotos sobre este éxodo, el Centro Andaluz de la Fotografía, en Almería, se las proporciona, sólo tendrá que pagar el traslado de los marcos con las fotografías. Norman Bethune tiene un paseo dedicado en un pueblo de Málaga y, junto al fotógrafo Hazen Size, les debemos la crónica de la huída de Málaga a Almería, en 1937. Este verano conseguí un DVD, donde vienen imágenes de los supervivientes de ‘La carretera de la muerte’, presentado por el escritor Juan Madrid. Hace varios años, hablé para que se montara en Granada una exposición y el silencio fue la contestación. Cientos de españoles y senderistas están haciendo el recorrido estos días, de Málaga a Almería, entre ellos los compañeros Antonio Olmos, de Lanteira, y Alberto Burgos, de Benamaurel. El día 16 de febrero le hicieron un homenaje a José G. Ladrón de Guevara, en la Biblioteca de Andalucía. Tiene ya 88 años. En el enlace de abajo  hay un video del éxodo de los malagueños. Lo sorprendente de todo esto es que la mayoría de los granadinos desconocen este triste episodio de la Guerra Civil, en Guadix hay montada una exposición sobre la huída.