viernes, 21 de junio de 2013

EL EXPRESIDENTE QUE OLVIDÓ EL 15-J







Recuerdo que el domingo, 15 de junio de 1977, me fui a un bar de Calpe (Alicante) a leer la prensa. Aquel día se celebraron las primeras elecciones generales en España, tras una frenética campaña electoral: paredes cubiertas de carteles de propaganda, miles de octavillas tiradas en el suelo y numerosos mítines en plazas de toros, cines y teatros. Lo nunca visto, pero uno no era consciente de lo que entonces se cocía. Al lado del Peñón de Ifach me aficioné a leer la revista quincenal ‘Cambio16’ (del Grupo ‘Diario16’) que, juntamente con ‘El País’, habían nacido un año antes, con los albores de la democracia. En Calpe, trabé amistad con el exiliado vasco Miguel Aguirre, que se compró un chalé cerca de la playa y, sin más, izó la ikurriña en el tejado. Esto le costó una paliza a manos de los falangistas, pero Miguel, aquel aventurero –que ya habrá muerto–, en su triste soledad me hablaba entonces de la Guerra Civil, del exilio, de su hijo ilegítimo, del PNV y del ‘Aberri Eguna’ (el Día de la Patria Vasca).


Un año antes, el Rey Juan Carlos había dicho del presidente del Gobierno, Arias Navarro, que era “un desastre sin paliativos”. Y éste, a su vez, aseguraba que “el Rey no dice más que tonterías”. El presidente de las Cortes, Torcuato Fernández-Miranda –una figura clave en la Transición–, le indicó a su amigo el Rey las condiciones que debía reunir quien reemplazara al presidente Arias: debía de ser alguien disponible –y esto fue lo que descartó a Fraga y Areilza– y ser capaz de gestar un pacto con otros sectores. La respuesta del Monarca fue: “Adolfo Suárez está muy verde, aunque sabes que le quiero mucho”. Pero, en julio de 1976, designó como nuevo presidente del Gobierno, al entonces ministro del Movimiento, que sólo contaba 43 años. “¡Qué error! ¡Qué inmenso error!”, escribió entonces el historiador Ricardo de la Cierva.


Sin embargo, en su primera declaración programática, el carismático Suárez prometió una reforma constitucional y la celebración de elecciones generales antes del 30 de junio de 1977. Y unos meses más tarde, anunció por televisión la ‘Ley para la Reforma Política’, que suponía elecciones democráticas y la creación de un sistema parlamentario bicameral. La ley fue aprobada en las Cortes franquistas por 425 votos a favor, 59 en contra y 13 abstenciones. Para llevar a cabo la reforma, Suárez había dividido a la oposición y finalmente liquidó los restos del franquismo. La Reforma Política fue aprobada en el referéndum del 15 de diciembre de 1976 por el 94,4% de los votos. En Granada hubo 353.319 votos a favor del sí, y 6.286 noes. Y el 9 de abril de 1977, el Partido Comunista fue legalizado por decreto-ley del Gobierno, lo que provocó la crisis más grave de la Transición, pues el Ejército estuvo a punto de dar un golpe de Estado.

Suárez con Felipe González, en 1978

El 15 de junio de 1977 se celebraron en España las primeras elecciones democráticas, desde 1936. Había largas colas de votantes y el resultado electoral no se supo hasta las tres de la tarde del día siguiente. El partido de la Unión del Centro Democrático de Suárez obtuvo 166 escaños, el PSOE de Felipe González 118, el PCE de Santiago Carrillo 20 escaños y AP de Manuel Fraga, 16. El 9 de octubre, los agentes sociales firmaron los ’Pactos de la Moncloa’, buscando la paz social. El 12 de octubre, se constituyó la Asamblea de Parlamentarios Andaluces y, el 4 de diciembre, hubo manifestaciones en todas las capitales andaluzas reclamando la plena autonomía, por la vía del artículo 151 de la Constitución. Finalmente –fruto del consenso entre los partidos políticos–, el 87,87% de los españoles aprobó el referéndum sobre la Constitución el 6 de diciembre de 1978, de manera que la transición de la Dictadura a la Democracia se había completado a los tres años de la muerte de Franco.


En sus comienzos, Adolfo Suárez era un abogado ambicioso, con no demasiada cultura y con su famoso lema, del ‘puedo prometer y prometo’, o bien el ‘tahúr del Misisipi’, como lo llamaba Alfonso Guerra. Pero hizo estas reflexiones sobre la tregua de ETA de 1998, y ya avisaba a navegantes sobre “el griterío nacionalista cuyas reivindicaciones ponen en peligro la integridad de España, la configuración autonómica del Estado y golpean duramente la Constitución”. Hoy anda en los brazos de ese alemán llamado Alzheimer, pero Adolfo Suárez, que ya forma parte de la Historia de España mientras que la Transición española se estudia en las universidades, nos dejó escrito a modo de testamento: “Unos, sobre la base de los derechos históricos, solicitan el derecho de autodeterminación para el País Vasco. Otros, desde la tesis de la soberanía compartida, lo solicitan para Cataluña. Ellos mismos se dan cuenta de la gravedad de lo que piden…”.

El rey Juan Carlos paseando con Suarez, ya con Alzheimer
        El ministro de las Regiones fue Manuel Clavero Arévalo, entre ambos idearon el “café para todos”, esto es, autonomía para todas las regiones, aunque Suárez cometió el error de no recomendar la autonomía del artículo 151, por la vía rápida (diseñado por Clavero) para Andalucía, al igual que Cataluña, el País Vasco y Galicia. “Andaluz abstente, esta no es tu autonomía”, creo que era la frase que pregonaba la voz de Lauren Postigo en el referéndum andaluz, de 1980. El fracaso de la UCD de Suárez propició el triunfo del socialismo en Andalucía, pues convocaba el referéndum y al mismo tiempo pedía la abstención.


      “Amigo Leandro: Efectivamente milité en la UCD en aquellos tiempos de ilusiones, aunque aquello no salió bien. Suárez fue insultado, acosado y derribado. Yo todavía no me he repuesto de aquel desastre”. Esto me escribió un concejal de la UCD, hace dos años.  Se da la paradoja de que estos días Zapatero está recibiendo homenajes y premios, cuando tenía que haberse ido de España por todo el daño que ha hecho –ha dejado un país arruinado y dividido–, pero se ha vuelto a poner de nuevo la piel de cordero. Y sin embargo, para el artífice de la Transición no tenemos ni siquiera un mínimo recuerdo. 




jueves, 6 de junio de 2013

LOS 30.000 ENCHUFADOS DE LA JUNTA




Manifestación en Sevilla, 28 de febrero de 2012




Hace poco, un cargo de la Junta de Andalucía dijo que iban a recortar la paga extraordinaria de junio y diciembre, a los empleados públicos, para no despedir a los 30.000 externos de las empresas públicas. No dice nada nuevo, pues el pasado año, el presidente, José Antonio Griñán, argumentaba la misma cantinela: “Se trata de una medida dura y que supone un enorme sacrificio, pero lo que no queremos es proceder al despido de 30.000 empleados públicos". Estos enchufados son afines al PSOE y a los sindicatos UGT y CCOO, están colocados en los grupos superiores y les quitan el trabajo a los funcionarios, que están parados. A pesar de que fueron contratados a dedo, los han integrado como empleados públicos con la “Ley de Ordenación”, que es contraria a la Constitución.
 

Si nos recortan las extras para no despedir a la “Cofradía de los Colocados” (antiguos cargos, exalcaldes, exconcejales, sindicalistas de pro), ¿por qué los parlamentarios andaluces se subieron las dietas, aunque a última hora lo han anulado? ¿Por qué no se bajan ellos también el sueldo y son solidarios? Sinceramente, esperábamos algo más del PP. Y sin embargo, a los enchufados, que cobran 2.000 euros o más –el director de Invercaria tiene bachiller superior–, resulta que no les descuentan nada de la paga extra. ¿Por qué la Junta concede subvenciones para una playa en El Salvador, para encauzar un río en Marruecos, o 34 millones de euros para 150 linces y sobresueldos bajo cuerda a los directivos de la RTVA? El pasado año, la Junta repartió generosamente 223 millones en subvenciones a Cooperación Internacional, y  241 millones a CCOO y UGT que se han convertido en los guardianes del régimen.

 



Mienten como bellacos, como cuando recortaron el dinero a los dependientes y le echaban la culpa al Gobierno de Rajoy, hasta que el Defensor Chamizo les descubrió el juego y fue entonces cuando decidieron cesarlo. Que seamos los únicos funcionarios en España, con las pagas extras recortadas este año, se debe al ‘castigo’ por las manifestaciones que hicimos el pasado año contra Griñán. Este basa toda su estrategia y discurso en hacer oposición al Gobierno de Rajoy, pero ha olvidado que es el primer socialista que perdió las elecciones andaluzas. Andalucía es la comunidad autónoma con mayor fracaso escolar, con más paro y la más empobrecida, pero de esto no parece darse cuenta el Gobierno social-comunista. Como vive instalado en sus privilegios y en el derroche, cuando no haya dinero en la caja para pagar a la ‘Administración Paralela’, ¿a quién le van a recortar la paga?



"¡Pepe, colócanos a tos!"

El Tribunal Superior de Justicia, de Andalucía, calificó en varias sentencias de “desprecio al Estado de Derecho” la integración del personal externo en las nueve agencias, por la “Ley del Enchufismo”. Sin embargo, el Tribunal Supremo lo ha corregido y en una sentencia de abril, sobre la Agencia de Instituciones Culturales, afirmó que “el personal ya tenía la condición de empleado público, antes de que se integrara en la Agencia”. En la sentencia se da la contradicción e incongruencia de que son empleados públicos los que han sido contratados a dedo y no han superado ningún proceso selectivo, bajo los principios de igualdad, mérito y capacidad. Somos muchos los que nos preguntamos: pero, ¿cómo es posible que el TS no se dé cuenta de que se vulneran los artículos 14, 23 y 103.3 de la Constitución española? ¿O es que tenemos unos jueces ‘politizados’, que no son capaces de anular una ley autonómica, a todas luces ilegal e injusta, porque avala de hecho una “verdadera invasión y ocupación de la Administración andaluza”, igual que cuando el ejército de Napoleón invadió y ocupó España.

Pancarta en el Palacio de San Telmo (Sevilla)
 
Si los jueces tuvieran el problema de que miles de contratados les quitaran el trabajo y encima cobraran más, hace tiempo que lo habrían solventado. Lo mismo ocurre con la ocupación de las fincas y el asalto violento al Mercadona, por el SAT. Han mirado para otro lado y no han sido capaces de sancionar a Sánchez Gordillo. ¡Qué distinto hubiera sido si cualquiera de nosotros hubiera cometido la tropelía! Los ERE son el mayor robo de la democracia, quitaron 1.217 millones de euros a los parados para repartirlos entre las redes clientelares del PSOE andaluz. Esto ha ocurrido en las empresas públicas, con los contratados (si se negaban, podían echarlos), y han sido precisamente los funcionarios quienes han denunciado los ERE y filtrado a la prensa debido a su independencia. En la Junta piensan que con recortes nos castigan, pero pinchan en hueso: ellos se irán y los veremos avergonzados en los juzgados, y nosotros seguiremos. Nunca un Gobierno democrático ha tratado peor a su Administración y a los parados. Finalmente, hacemos una llamada a los sindicatos SAFJA, CSIF y otros para que olviden sus diferencias y se unan, en defensa de los intereses de los funcionarios.

Publicado en Tribuna Abierta, en el ABC de Sevilla, el 6 de junio de 2013

Posdata: Los cargos de la Junta viajan en clase preferente y en coches oficiales, cobran dietas, les queda el 100% de la pensión si completan 8 años, cobran cesantías, durante dos años, después de dejar el cargo, en fin, viven instalados en todos los privilegios.
Ahora les entra la bulla con el caso de los ERE, que lleva la juez Alaya: le han llamado la atención el presidente del Tribunal Supremo, José Antonio Moliner, el consejero de Justicia de la Junta, la Fiscalía Anticorrupción y algún otro más. Cuando Garzón tuvo metido el caso Faisán en su cajón, durante años, nadie se atrevió a decir nada; cuando el juez tardó 17 años en dictar sentencia (un compadreo) en los cursos de formación de Unió (desapareció el dinero), nadie abrió el pico. Y ahora les entra la prisa a todos, es la prueba evidente de que no todo anda limpio en la Justicia.
Ha pasado sobradamente el plazo de tres meses, que el juzgado le ha dado a la Junta para que entregue la relación de los 30.000 externos de la 'Administración Paralela' y todavía no la ha entregado, pero ningún cargo de la Justicia dice nada. La juez Alaya le pidió a la Junta numerosos documentos y lo único que hizo fue poner obstáculos y criticarla, y nadie alzó la voz. ¿Alguien tiene alguna duda de los amiguetes, lacayos y paracaidistas de la Junta?
A Pacheco le han echado cuatro años por colocar a dos amigos en el Ayuntamiento. Parece una venganza. Haciendo un cálculo por encima y con benevolencia, ¿cuántos años tendrían que echarles a los irresponsables de la Junta?



 

lunes, 3 de junio de 2013

POR LA RUTA DE AZORÍN



Jose Martínez Ruiz, 'Azorín'





 
 
José Martínez Ruiz, ‘Azorín’, nació en Monóvar (Alicante), en 1873, y murió en Madrid, en marzo de 1967. Han pasado 46 años desde su muerte y sigue vigente lo que escribía Melchor Fernández Almagro, en el ABC (07/03/59), haciendo una crítica del libro ‘Sin perder los estribos’: “¡Cuántos libros han sido leídos por el niño de principios del siglo, en virtud de la sugestión de Azorín, en nitidez, precisión y sabiduría extraordinaria!”. De joven, ‘Azorín’ abandonó los estudios de Derecho y se dedicó a la literatura. En ‘El Imparcial’, el periódico más influyente, contaba sus duros comienzos: “Iba por las noches, a primera hora a la Redacción, antes que nadie fuera, y me retiraba pasada la medianoche, casi a la madrugada. A la Redacción llevaba ya escrito el artículo, y en la Redacción, sentado ante la larga mesa común, escribía notas…”. Estuvo de pupilaje en muchas casas de Madrid, “por lo que no tenía más nutrimento que un panecillo de pan francés, por la mañana, y otro al anochecer, con veinte céntimos al día hacía yo mi comida. Que pruebe ahora cualquier principiante literario a hacer lo mismo”.

 En 1901, el ‘Grupo de los Tres’, integrado por ‘Azorín’, Pío Baroja y Ramiro de Maeztu, publicó un ‘Manifiesto’, denunciando la situación de España tras el ‘Desastre de 1898’ y la necesidad imperiosa de mejorar. En el plano literario, el escritor alicantino perteneció a la ‘Generación del 98’, nombre que fue acuñado por él mismo. De los ideales anarquistas en su juventud, ‘Azorín’ evolucionó al conservadurismo y al tradicionalismo. Fue elegido académico de la Lengua Española en 1928 y sus vivencias las recogió en ‘Memorias inmemoriales’ (1940). Escribió novelas y algunas obras de teatro, pero su labor se centró en ensayos, crítica y periodismo.

 
 'Azorín', con su amigo Pío Baroja
 
Hace poco leí ‘Vivir en Granada’, donde el protagonista, Antonio Amaro, cuenta la “aventura más rara que he conocido en mi vida”, pues le ocurrió a un amigo suyo, Jaime Torres. Cuando éste era un anciano, quiso regresar a Granada para recordar los años que estuvo estudiando en la Universidad; entonces, tenía que ir a Jaén y tomar una diligencia para llegar de noche a Granada. Jaime quería experimentar aquellas sensaciones de juventud, recorriendo las calles y paseos, el Albaicín, la Alhambra… Para ello, se buscó un pupilaje modesto, en un cuartito empanado (recibe la luz de un cuarto paredaño). La noche de su llegada  a Granada no salió, y lo dejó para otro día. Pero al amanecer no se decidió a salir de su cuarto, porque sentía miedo: “desde lo alto de sus antiguas sensaciones, caería en las sensaciones actuales… El pasado podía en él más que el presente”. Al cubiculario que le limpiaba la habitación, le preguntaba cosas de Granada: “¿Existe aún el café Suizo? ¿Hay en una callejita una cierta sombrerería?” (sería en el Zacatín, había una que cerró hace años). El caso es que Jaime permaneció dos meses en Granada, pero no se atrevió a salir de su cuarto empanado. En este cuento, ‘Azorín’ trata de simbolizar la tenacidad del recuerdo, para que la visión de la vejez no desvanezca aquellas emociones juveniles.

 
       El escritor destaca por el estilo sobrio, la frase breve, la precisión y el léxico abundante; considera que la novela debe limitarse a describir el ambiente y las impresiones de los personajes. ‘Los pueblos’ fue su obra más querida, contiene páginas memorables como ‘La fiesta’ y ‘Una elegía’, originales como ‘Los toros’, dedicado al pintor Zuloaga… Sus primeros artículos en ‘El Imparcial’ fueron los de ‘La ruta de Don Quijote’. Azorín recuerda que el director del periódico le dio las últimas instrucciones para el viaje y le entregó un revólver chiquitito, por si le hacía falta, “por donde anduvieron los yangüeses”. Cuando terminó el viaje, ‘Azorín’ propuso otro por Andalucía, pero la cosa se torció: “Envié varios artículos a ‘El Imparcial’. No se publicaron más que contados. El mutismo de la Dirección me inquietaba… Se acabó ‘La Andalucía trágica’ y yo descendí confuso de la cumbre del gran diario”. En su etapa final, reflejó la nostalgia por el pasado de España: ‘Madrid’ (1941), ‘El escritor’ (1941) y ‘París’ (1945). “Sin emoción no se puede hacer nada. No se puede crear”, decía Azorín, que ha pasado a ser un escritor olvidado. Él solía escribir con la pluma un folio diario.
 

El final de ‘La fiesta’ termina con esta frase: “Nosotros los poetas somos como las cigarras: si las calamidades y desgracias de la vida nos dejan, cantamos, cantamos sin parar; luego viene el invierno, es decir, la vejez, y morimos olvidados, desvalidos”. Y al final de ‘Una elegía’, escribe: “Los martillos cantan sobre los yunques con sus sones alegres; unas campanas lejanas llaman a las últimas misas de la mañana. Yo camino despacio; yo digo: ‘Las cosas bellas debían ser eternas…’”, se refiere a la pérdida de Julín, mientras ve su foto.



‘La ruta de Don Quijote’, contiene el artículo, ‘Pequeña guía para los extranjeros que nos visiten con motivo del centenario’, del que entresaco un párrafo:

 “¡Ah –dice el doctor Dekker–, España es el país donde se espera más” (…). Se dirige a un ministerio; los empleados de los ministerios –ya es tradicional, leed a Larra– no saben nunca nada de nada. Si supieran alguna cosa, ¿estarían empleados en un ministerio?... ¿Podrá un extranjero que es filósofo, filólogo, numismático, arqueólogo, pasar por Madrid sin visitar nuestra Biblioteca Nacional?
Más adelante, ‘Azorín’ escribe unas líneas sobre la espera con el bibliotecario, pero prosigamos leyendo el artículo:
“El insigne doctor ignora otra verdad fundamental de nuestra vida, otra pequeña síntesis nacional: y es que en Madrid un hombre discreto no debe acudir nunca a ninguna cita, y sobre no acudir, debe reprochar, además, su no asistencia a la persona que le ha citado, seguro de que esta persona le dará sus corteses excusas, puesto que ella no ha acudido tampoco (…). Con este objeto ha llegado a España, y marcha de una parte a otra todo el día con el lápiz en ristre. Pronto podremos leer el primero de sus libros en proyecto. Se titula ‘The time they lose in Spain’; es decir, el tiempo que se pierde en España”.