sábado, 16 de noviembre de 2013

ROQUE ‘PUM’, EL VAGABUNDO




Las penurias de la vida no lograron arrebatarle la sonrisa







 
 
La figura de Roque ‘Pum’ merecería un capítulo aparte. Era un pobre borrachín que iba de taberna en taberna, posiblemente para olvidar sus penas y fracasos. Y cuando ya estaba achispado, lo veías por la calle dando tumbos. Entonces los niños nos mofábamos de él, “¡Roque ‘Pum’, ‘Pum’, ‘Pum’!”. Y éste respondía tirándonos piedras o echándonos maldiciones. Incluso algunos hombres, a escondidas, le gritaban ¡‘Pum’! Y entonces se ponía hecho una furia: “Me cago en ‘tó’ tus muertos... ¡Mal dolor sus dé!...”. Roque entonces parecía un animal rabioso. Recuerdo un día que estaba yo leyendo un libro en la alameda que había al lado del puente del río Guardal, yendo para el Lago. Entonces oí unos gruñidos y vi un bulto tirado en la hierba: era Roque durmiendo la mona de la mañana, o puede que de la noche anterior. Allí, los días en que apretaba el calor, se estaba bastante fresco.

 

La foto de Roque sentado en el poyo de la Cruz de los Caídos es una joya: por la frescura, espontaneidad y sencillez que tiene. Es la única imagen que se conserva de este pobre diablo, y seguro que el fotógrafo (mi padre) le diría: Quédate ahí, Roque; que te voy a echar una foto. ¡Pero, hombre, mira cómo estoy...! (iba siempre hecho un adán) ¡Nada, nada! Tú estate quieto un momento. ¡A ver, alegra esa cara...! Y la máquina hizo ¡pum! Y Roque ‘Pum Catapúm’ sonrió. Y hasta salió fotogénico y todo, como esos lechuguinos con botines: con su gorrilla de visera –seguro que se limpiaba la boca con ella y hasta le servía de almohada en el campo– y su chaqueta larga a cuadros, que más bien parece una gabardina, donde guardaba los mendrugos de pan. Y esos pantalones anchos y rotos, que se ataba con una guita.

 

Roque aparenta más de cincuenta años, pero está envejecido, apaleado ya por la vida. Aunque todavía se le nota cierto orgullo y prestancia al apoyarse en su bastón –una vara, como los alguaciles y cuadrilleros– y en la manera de coger el cigarro, mientras cruza coquetamente las piernas. Nunca he visto a un mendigo posar de esta manera, con ese orgullo, y estoy seguro de que nunca hubiera salido tan bien en una foto de estudio. Roque ha logrado salir tal cual, incluso con cierto aire juvenil. Sin embargo, pocos años después, se lo llevaron a la residencia de ancianos ‘González Penalva’, de Huéscar, donde no le faltaba su plato de comida caliente. Pero a Roque no le gustaba nada que lo tuvieran encerrado –la jaula no se había hecho para su alma de pájaro– y, de vez en cuando, hacía sus escapadas y se presentaba en Castilléjar. Lo mismo asomaba montado en el camión de las gaseosas. “¿Adónde vas, Roque?”, le preguntaban de cachondeo. “¡Adonde me salgan los ‘güevos’!”, respondía con ese mal genio que tenía. El caso es que el pueblo le tiraba, a pesar de que ya no tenía a nadie en este mundo. Otro día seguro que se lo encontraban tirado por ahí, en algún bancal, apestando a vino y medio muerto de hambre. Porque su casa eran las tabernas, su comida el morapio y su lecho cualquier bancal de alfalfa o de remolacha. Allí donde le cogiera más a mano, dormía la borrachera al cielo raso.

 

Noches de tragos, mañanas de resacas y tardes de ardores. Así debió de ser su triste y errante vida. El mendigo borrachín al final murió en la residencia de ancianos y lo enterraron en el cementerio de Huéscar, ignoro si se acordaron de ponerle una lápida. ¡Que la tierra que tanto amabas te sea leve, Roque! Nos ha quedado tu foto y una media sonrisa, y tu raída chaqueta a cuadros –tres o cuatro tallas más grande, pero eso no importa–. Roque fue un personaje de nuestra infancia, como esos tipos solitarios, extravagantes y desarraigados, que tanto abundan en la literatura. Y sin embargo, en nuestra inconsciencia de niños fuimos crueles con la desgracia ajena. Porque, Roque ‘Pum’, el famoso vagabundo, no era malo. No señor. El sólo bebía para olvidar los malos recuerdos de esta puñetera vida.

 

De la novela ‘Diálogos en la tierra de los ríos’ (2003), de Leandro García Casanova

10 comentarios:

  1. Precioso y tierno relato, amigos Leandro. Siempre hay un Roque en la vida de casi todos, pero pocas veces se les recuerda. Gracias por hacerlo tú.

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  2. Roque es un personaje novelesco, pues se sale de la norma, mientras que nosotros somos unos personajes rutinarios. En unos, el mendigo provocaría rechazo, en otros incomprensión y, cuando no, las burlas de los niños y mayores. Mi padre, con muchas tablas, supo capturarlo en ese instante: con esa sonrisa de medio borracho, su gorra, su cigarrillo y su vara de mendigo. El mérito es de mi padre, un fotógrafo de pueblo olvidado, que consiguió una foto insuperable. Yo sólo describo un poco las andanzas del mendigo, aunque mi trabajo me costó. El libro lo publiqué en el 2003 y me alegro de que te haya gustado.

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  3. Este comentario es de Miriam Teruel, pero no ha podido escribirlo en el blog:
    “Me ha encantado el texto que dedicas al mendigo borrachín de tu infancia. Como dice Antonio, en cada barrio o pueblo, seguramente habrá alguien similar, que se salga de la normalidad; pero yo además deseo destacar la actitud de los niños y algunos mayores, que se burlan de él hasta provocar su enfado. Esto es característico de muchos niños y adultos en el pueblo actualmente. Tu escrito capta perfectamente esa mezcla de crueldad y diversión de atacar siempre a los más débiles. Fantástico, de verdad”.

    Otro comentario: “Me ha encantado este escrito, me acuerdo del pobre Roque, siempre estaba metido en la taberna de Ramón Durán. El sitio de Roque era la alameda de la villa, enfrente de donde hacen hoy la plaza de toros, allí estaba hasta que se le pasaba la mona”. Manolo Martínez Puerta

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  4. Miriam, me he quedado bastante sorprendido de la reacción de la gente con Roque, tanto de quienes lo conocieron como de los que no. No doy muchos detalles aunque me costó trabajo escribir el artículo. Al final acabas queriéndolo, porque lo estás viendo, y la imagen de Roque nos dice mucho y hasta nos resulta ahora simpática. Puede que sea eso, porque fue un perdedor, un derrotado de la vida. Aunque Roque no era un personaje simpático –como el ‘Tonto Gitano’ o el ‘Tonto de Cortes’–, tenía “mala bebida” y con cualquier cosa que le dijeran se ponía hecho un basilisco.

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  5. Otros comentarios en Facebook, sobre Roque:
    Me ha encantado ese pequeño relato, lo has redactado de tal manera que parece que se pueda ver al pobre Roque tirado en cualquier bancal. Saludos. Brígida Martínez
    Preciosa semblanza de Roque. Lo recuerdo muchas veces yendo a casa de mi abuela con una sarta de peces en un junco, recién sacados del río y con las setas frescas que olían a gloria, para ganarse unas pesetillas. Se subía por un lado del burro y se caía por el otro en la puerta de la taberna de Ramón Durán, mientras su perrillo negro lo miraba, esperando pacientemente. Pilar Encinas Vegara
    Hay una persona en el pueblo, que le decía Roque ´pun´ y no se enfadaba, es Manolo el recobero, me ha contado muchísimas historias de Roque, vivían los dos en la cañada del lavar. Manolo
    Por qué damos por hecho que la mayoría de esas personas son desgraciadas?..... Lanzo esta pregunta al aire, después de haber compartido diálogo con algunos de ellos. Hay una frase célebre que dice "No es más rico el que más tiene, sino el que menos necesita".... Deberíamos replantearnos un poco los conceptos de nuestro alrededor, algunos los distorsionamos nosotros según nuestro enfoque de vida. Saludos. Marijose Muñoz
    A Roque lo recuerdo un día que estábamos muchos niños llamándole de todo (como en las películas de Joselito), iría borracho, como siempre (…) En los pueblos y en las ciudades siempre hay personas que, por una circunstancia o por su debilidad, caen en la mendicidad o en la bebida, como ocurría con frecuencia en aquella época. Y la compasión o la caridad no abunda entre los humanos (…) A Roque lo recuerdo sentado en el poyo de la Cruz de los Caídos, como sale en la foto. Después de meterse unos tragos en el cuerpo, se pondría allí a tomar el sol y a charlar con alguno que otro. Y aquí fue donde lo cazó mi padre, lo mismo que a Quico Porras en otra foto memorable y en el mismo sitio. Yo me acuerdo de ir varios niños por la calle Mayor, detrás de un borracho que iba haciendo eses muy grandes. Aquello era para verlo. Como no había otra cosa ni otras expectativas, se reunían en la taberna (sería la del 'Pelao') y allí se ponían morados, gente normal y corriente. Leandro
    Muy bonito Leandro!, muy tierno... Carmen Hernández Montalbán
    Carmen, era un personaje de mi infancia que tenía que rescatar de las tinieblas. Leandro
    'Noches de tragos, mañanas de resacas y tardes de ardores..' me gusta el artículo. Rafael Ruiz

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    1. El 15 de enero recibí un correo electrónico de mi hermano Carlos Pablo. Tiene un restaurante en Cornellá (Barcelona) y Luis Romero 'el Latas' le comentó esta anécdota de Roque que no tiene desperdicio.
      Roque fue un trabajador a cargo del abuelo de Luis el Latas y dormía en la cuadra de la cueva. Un buen día disfrutando de una buena cogorza como era de costumbre, la gente empezó a meterse con él. Ni mas ni menos, Roque lleno de ira sacó una pistola y alzando las dos manos hacia arriba dijo, “os vais a enterar, pun”, y disparó el arma con tan mala fortuna que se disparó en la mano haciéndose un agujero en ella. A partir de entonces se le empezó a llamar Roque Pun. Carlos Pablo García Casanova

      El abuelo de Luis ‘el Latas’ creo que se llamaba Romualdo y era hojalatero, de manera que la familia heredó el mote de ‘Latas’. Recuerdo que un día se hundieron algunas habitaciones de su cueva, por detrás de donde estaba la antigua botica en las Casas Baratas, unos pocos metros más allá. Aquel hoyo en el terreno impresionaba verlo, pero nadie se preocupó de que los críos jugáramos por allí y, con el tiempo, el agujero se fue rellenando con lo que tiraban los vecinos y no se tiene constancia de que ocurriera ninguna desgracia por el hundimiento. Leandro

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  6. Hace unos días me enteré que Roque 'Pum' no estuvo en la residencia Rodríguez Penalva, de Huéscar. Recuerdo que pasó sus últimos días en una residencia de ancianos y pensaba que fue la de Huéscar. Si alguien sabe algo...

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    1. Esta es la respuesta que me ha dado Manolo Martínez Puerta, el 19 de marzo: "Leandro, creo que te refieres a Roque pun, si es a este Roque, creo que se lo encontraron muerto en su cueva". Hasta siempre, Roque, tú formas parte de la intrahistoria de Castilléjar y de los recuerdos de nuestra infancia.

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  7. Bien escrito y contado de forma certera y tal como lo recuerdo, y yo lo recuerdo perfectamente porque Roque sabía que siempre, cuando no tenía donde acudir, había un lugar donde descansar, calentarse y bebida y si quería también comida. Mi padre y especialmente mi madre siempre lo trataron muy bien. Pepe el de Petra

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    1. Gracias, Pepe, por tu comentario y por aquellos inolvidables partidos de furbo que organizabas. Primero teníamos que limpiar las Eras de montones de estiércol

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