martes, 9 de junio de 2015

‘CONVERSACIÓN SOBRE LA GUERRA’



Dedicado al bibliotecario, Luis Muriel Burgos


El escritor José Asenjo Sedano 







El escritor accitano, José Asenjo Sedano, obtuvo su mayor éxito literario con la novela 'Conversación sobre la guerra', con la que ganó el ‘Premio Nadal’ en 1977. Como dijo en su día, “es una obra complicada y auténticamente mía, en la que trato de rememorar la Guerra Civil española, desde la perspectiva de un niño –yo mismo–, que fue testigo de la contienda sin saber con exactitud qué era lo que pasaba, y que no cesa de hacer preguntas que muchas veces se quedan sin responder”. La obra fue premiada recién estrenada la Transición –Adolfo Suárez acababa de ganar las elecciones generales, el 15 de junio de 1977– y no entra en ideologías ni partidismos. Hay que recordar que la familia de José Asenjo Sedano abandonó Guadix, debido a los bombardeos, durante la Guerra Civil y se refugió en la localidad de Alcudia. Entonces eran siete hermanos y el mayor tenía doce años.

'Conversación sobre la guerra' es una de las mejores novelas que he leído, su lectura te engancha y cautiva, y está muy bien construida e hilvanada. El autor es todo un maestro, incluso el final de la novela es parecido al comienzo de ‘Madame Bovary’, de Gustave Flaubert. El niño es el personaje central de la novela y es complicado construirla, debido a sus limitaciones, pues él permanece siempre al lado de su madre y de la abuela. Otro protagonista, en cambio, hubiera estado en el frente y al regresar a Guadix nos contaría los acontecimientos de primera mano, en fin, hubiera tenido más movilidad geográfica y más sucesos que contar. Sin embargo, José Asenjo Sedano describe a los personajes con cuatro trazos, va narrando lo que la gente cuenta en la retaguardia y los escasos acontecimientos que ocurren en la ciudad, a la vez que va utilizando los recuerdos de la abuela y del niño.

Al escritor hay que recordarlo y reivindicarlo, porque esta novela es un testimonio fiel de la penosa y miserable situación de Guadix, durante la Guerra Civil. Se notaba en el paso de camiones y de soldados republicanos, que venían de Almería y se dirigían al frente de Granada (estaba por Huétor de Santillán), mientras la gente los saludaba con vítores y con el puño en alto. Precisamente, mi padre pasó por Guadix, con destino a Almería, cuando fue llamado a filas en 1938. Otras veces eran los relámpagos de los cañonazos, que se veían a lo lejos, o bien, lo que contaban los refugiados que llegaban a la ciudad huyendo de la guerra. Por lo demás, en la novela parece que no ocurre nada trascendente y que todo está tranquilo.










Entre el nieto y la abuela hay una especie de cordón umbilical, había una relación especial. El niño la recuerda así: “Había cambiado mucho, en estos pocos años, aquella abuela mía. Ni su sombra era. Hastiada de tantas cosas como habían pasado. Traspasada y más que herida por el pago de aquellas dos hijas de su sangre que andaban perdidas por ahí. Dolorida por ese olvido de mi madre, quien había preferido morirse viva a quedarse muerta de verdad… Y ese hijo en el que ella tenía cifradas sus esperanzas…”. En otro capítulo del libro, leemos: “Muerto… Lo fusilaron… Ha desaparecido… Está en la cárcel… No se sabe nada de ellos…”. Y entonces el lector descubre que la abuela está pensando, pero en un solo renglón José Asenjo Sedano nos define todo el horror y el espanto que la Guerra Civil produjo en España: medio millón de muertos y el doble de exiliados.

En cambio, la madre del niño está completamente ida, como ausente: “Mi madre se sentó junto a la mesa. Ni advirtió nuestras palabras. Sacó de alguna parte un estuche con fotografías y, en silencio, las fue remirando una a una, a la busca de instantes y tiempos perdidos…”. De esta forma describe el niño a su tío Miguel, cuando aquella lúgubre noche lo trajeron del frente, en un coche. Estaba sin piernas y venía montado en una silla de ruedas: “Luego los gritos y los lloros de mi madre y de la abuela, como si nos hubieran traído un muerto. Y es posible que fuera eso, lo que realmente nos trajeron a casa aquella noche…”. Eran los estragos de la guerra.

 “Para los niños la guerra era salir a la carretera. Al Este nos encontrábamos siempre con los presos que trabajaban en la calzada, transportando grava y derritiendo bidones de alquitrán en las calderas, bajo la vigilancia de los guardias de asalto… “. Esta frase me llama poderosamente la atención, porque mi abuelo materno estuvo trabajando precisamente en esa carretera, durante la Guerra Civil, como preso. En cambio, mi tío abuelo paterno me dijo que pasó gran parte de la contienda en la Catedral, pues los ‘rojos’ la convirtieron en un cuartel.  En esos años mis ascendientes eran jóvenes y seguramente se vieron en Guadix (donde todos se conocían), pero no llegarían a tratarse porque estaban en bandos contrarios ni podían sospechar que serían parientes pocos años después.

Casi al final de la novela, el niño recuerda aquellos días tristes de la guerra con la persona que más había querido y admirado: “La abuela, que ya no tenía fuerzas para nada, se quedó dormida ya de madrugada. Nunca me hubiera figurado que ese sueño era la muerte. Ha pasado mucho tiempo y todos esos recuerdos parecen flotar en alguna parte. Y yo me digo: ¿Pasó todo eso? ¿Ocurrió alguna vez? (...) No lloré, sino que estuve mucho rato viéndola así, recién muerta, tendida en el suelo frío, mientras alguien iba desnudando de cosas la habitación como si, con ella, también se hubieran muerto todos aquellos recuerdos que allí vivían…”. Estas frases tan sentimentales y vívidas impresionan a cualquiera.

Dicen que José Asenjo Sedano no fue un hombre mediático –confieso que yo no llegué a conocerlo, ni siquiera conozco a su hermano Carlos– y puede que por eso esté casi olvidado, pero, después de Pedro Antonio de Alarcón, es el escritor más importante que ha tenido Guadix. Si ambos escritores hubieran nacido en Granada o en Sevilla, seguramente tendrían más renombre. Los niños, sobre todo los de Guadix y su comarca, tenían que leer esta novela siquiera para conocer aquella época tan oscura y miserable que vivieron sus abuelos. “Y ahora, estoy seguro, muchos sabían que la derrota, que el fin de aquella guerra que había pasado por la tierra y por el aire, significaba, también, la muerte. Por eso había como un chirimiri, una nubecilla invisible que nos calaba y que era simple anuncio del desastre”.

Este breve diálogo, entre el niño y la abuela, nos da una idea de cómo estaba la situación:
-Abuela, se están yendo los refugiados.
-¿Estás seguro?
No se oía nada.
-Las ratas abandonan el barco.


Antigua estampa de Guadix, de Roberto Balboa


Y es que los refugiados se marchan de Guadix, porque todos barruntan que la República está perdiendo la guerra. En otro pasaje, el autor critica duramente el carácter ‘guerracivilista’ de los españoles: “Aquel día mi padre me abofeteó delante de la abuela… Puede que mi padre tratara de hacer de ese modo su pequeña guerra pendiente, esa guerra que tenemos y tenemos que hacer siempre los españoles, porque, si no la hacemos, ni nos sentimos libres, ni vivos ni muertos, ni nada. Sin entender ni comprender, de alguna manera me di cuenta de que yo simbolizaba el otro bando de mi padre”. La novela 'Conversación sobre la guerra' –a veces hay frases que me recuerdan a Gabriel García Márquez– son los recuerdos de la infancia de un niño y, se puede decir, que es un homenaje de José Asenjo Sedano a Guadix, su ciudad natal. Ya quisieran otras ciudades tener esta novela, que es la memoria viva y sentimental de una familia y de un pueblo. Por eso no puede permanecer en el olvido. 

Articulo publicado en el semanario WADI-AS, el 30 de mayo de 2015





Nota. La última semana de febrero de 2015, llamé por teléfono al bibliotecario de Guadix, Luis Muriel Burgos, para que me proporcionara información sobre el escritor José Asenjo Sedano, p ues quería escribir un artículo sobre su obra. La Biblioteca de Guadix precisamente lleva el nombre del escritor guadijeño. Luis me dio toda clase de información y eso que no lo conocía de nada. Fui sacando libros del escritor, en la Biblioteca Pública de Granada, donde salieran sus recuerdos de Guadix aunque al final me centré en su mejor obra. Unos días después, el 28 de febrero, falleció Luis Muriel y observé que en Guadix era una persona muy querida. Quiero dedicarle este artículo, en su recuerdo, porque las grandes personas se ven en los pequeños detalles.

6 comentarios:

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  4. Me he metido hoy en tu Blog, y de verdad, me he enganchado más de dos horas en los relatos que describes. He rememorado un montón de cosas que me son afines y permanecen intactas en mi memoria, me he sentido reflejada en momentos y situaciones parecidas, no de la guerra, puesto que yo nací el año que acabo 13-6-1939 pero si de los recuerdos de posguerra que me contaba mi abuela y hay mucha similitud en lo que aquí se narra. Me gustaría poder hablar contigo de tantas cosas. A ver si un día vienes por Barcelona o yo puedo ir por ahí y charlamos un rato. Tengo algo que te gustaría mucho, es una colección de artículos del IDEAL de la guerra, los coleccionó un tío mío y yo los fotocopié. Ya he dejado de leer en tu Blob, son las dos de la mañana y me duelen los ojos. Pero seguiré. Un abrazo amigo Leandro.

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  5. He tenido problemas con el ordenador y algo no estaba a mi gusto, tube que borrar y volver a poner el comentario. Perdona.

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  6. Buenos días, Esperanza. Gracias por entrar en mi blog y por el comentario. Ya ves, un libro excelente y casi nadie lo conoce, ni en Guadix ni en Granada... Por eso lo reivindico. Pero fíjate por donde, en ese Guadix que describe mis abuelos y padre estuvieron durante la guerra, y otro pariente estuvo de párroco. En Baza, lo cuento en 'Artículos del Altiplano y de Granada', estuvo mi tía, la monja, y mi madre en el colegio de la Presentación, creo. Y una prima de ellas se crió en la plaza Mayor, donde el tío Sebastián tenía una tienda... Los artículos que dices de Ideal tienen que ser interesantes, en la Biblioteca de Andalucía tenemos los periódicos de aquella fecha

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