domingo, 25 de septiembre de 2016

DE LA VIDA MISMA





Dedicado a Andrés Burgos






A principios de agosto me paso por una franquicia de electrodomésticos, en Granada. Una dependienta  me informa sobre un lavavajillas y, al final, me dice que se encuentra en período de prácticas y que no le pagan nada; que entró a las diez de la mañana, son las trece horas y todavía no ha podido ir al lavabo, y del bocadillo de la mañana para qué hablar: “Mi jefa no me ha dicho nada”. Así andan los derechos de los trabajadores y eso que la franquicia es francesa. Hace poco venía en la prensa que, un 30% de los trabajadores suelen echar una media de ocho horas extras a la semana, pero no se las pagan. Al haber mucho paro, los empresarios se aprovechan de la mano de obra. Con la reforma laboral, los trabajadores que ganaban mil euros pasaron a ganar seiscientos y, donde había un trabajador fijo de cincuenta años, metieron a un joven de veintitantos, con un contrato temporal o a tiempo parcial, por cuatro perras. De abonar cuarenta y tantos días al año por despido, se pasó a veinte tantos… Y es que el empresario sólo invierte cuando barrunta ganancias.

Esta reforma laboral también la hicieron en Alemania, de manera que, abaratando el salario, es cómo el empresario se anima y hace el agosto. De manera que reduce el paro –el presidente socialista Hollande ha copiado la reforma laboral de Rajoy y la ha aplicado en Francia– pero produce más desigualdad en la sociedad, pues unos pocos ganan mucho mientras que muchos ganan poco. Desgraciadamente, no se han inventado otras medidas económicas mejores para aliviar el desempleo. Un conocido asesor de Pedro Sánchez reconocía que la economía funciona así y que, la única diferencia entre la política económica del PSOE y la del PP estaría en subir los impuestos a unos o a otros. “Pues, como se entere Pedro Sánchez de lo que usted está  diciendo…”, le contestaba el periodista Carlos Alsina. Cuando hay muchas viviendas o tomates en el mercado, el precio baja; si es al contrario, sube: así funciona la ley de la oferta y la demanda. Y lo mismo ocurre con los trabajadores.

Al comprar un calentador de gas butano, por 210 euros, me ocurrió esto. El empleado sólo me dio un tique, entonces le pedí la factura pero me dijo que tenía que meter mis datos en el ordenador y que le llevaría tiempo… “A este tique, al cabo de un año, se le ha borrado la tinta”, le contesté. “Pues, le sacas una fotocopia…”, fue la solución que me dio el cajero. Al día siguiente, hablé por teléfono con la oficina de la tienda y la empleada me dijo que el tique tenía el mismo valor que la factura. “Vamos a ver –le repliqué–, si yo quiero presentar una reclamación, a tu empresa o a la Administración, ¿en el tique no figuran mis datos? ¿O tengo que ir a Hacienda para denunciar que estáis vendiendo a los clientes sin entregarles una factura?”. La joven encima se reía. Entonces me acerqué a la empresa y me hizo la factura, pues de lo contrario les hubiera puesto una reclamación. Una cosa es que compres una radio por veinte euros y te den un tique, y otra que compres un calentador y no te entreguen la factura… Aquí vienen los datos del comprador y de su domicilio, el producto adquirido, la garantía…, por lo que puedes reclamar en cualquier sitio.

Un amigo me contó su aventura: alquiló el piso a una pareja de estudiantes para el curso y estaba contento con ellos, de manera que los quince días de julio no se los pensaba cobrar. Los estudiantes se iban dos meses de vacaciones, les guardaba el piso y volvían de nuevo en septiembre. Cuando se marcharon, el propietario vio que el yeso se había desprendido, alrededor del marco de la puerta de entrada a la vivienda. Y que también existía una mancha de humedad, en el techo del cuarto de baño, pero la pareja de estudiantes no le había comentado nada de esto. Entonces llamó por teléfono al chaval y este le contestó: “El yeso de la puerta ya estaba despegado, cuando entramos, y la mancha de humedad del cuarto de baño también estaba”. El dueño se quedó asombrado por el descaro del estudiante y, viendo que negaba como un bellaco lo que era evidente, le dio una rápida solución al problema: “¿No has podido avisarme de la mancha de humedad del baño, en todos estos meses, para decírselo a la vecina o a la comunidad, y lo hubiera pagado el seguro de una u otra? Ahora me van a decir que la mancha está seca…”. Como el estudiante no se bajaba del burro, le espetó: “Mira, no me gustan los malos rollos, así que como el 15 de julio termina el contrato de alquiler, cogéis vuestras cosas y os marcháis”.

El joven no era de los que se callaban, y le respondió: “Se lo diré a mi abogada y a la inmobiliaria”. Y así hizo. La abogada, después de pedirle al dueño que se acercara al piso para dialogar, le dijo que “no tiene pruebas de que los estudiantes hubieran roto el yeso con los portazos y que no tienen que pagarle nada por la limpieza del piso”. No contenta con esto, tuvo la desfachatez de echarlo de la vivienda. En el contrato venía recogido que debían de pagar los gastos de limpieza, si no lo dejaban en el mismo estado en que encontraron el piso. Sin embargo, cuando finalizó el contrato y se marcharon los estudiantes, el dueño cambió la cerradura y estuvo negociando la devolución de la fianza, por correo electrónico. “Me cuesta poco enviaros un presupuesto de una empresa, con los desperfectos que vosotros negáis haber causado, con la excusa de no pagar, así como los gastos de la limpieza”. Al final llegaron a un acuerdo, los estudiantes pagaron y le entregaron las llaves del piso.

He visto en Granada cerrar y abrir el mismo  bar, en tres o cuatro ocasiones y de forma consecutiva. Los locales del centro de la ciudad tienen mucha demanda, por lo que no es raro ver cómo echan el cierre a un negocio y vuelven a abrir con otro dueño, pocos días después, tras hacerle unas reformas. En la plaza del Doctor… hay cuatro bares: uno ha echado el cierre hace poco porque, como es natural, no hay olla para todos. Es más, si cuando había tres bares tuvo que cerrar uno (aunque lo volvieron a abrir otros, pero bajando los precios), no se explica que pongan otro bar. En Francia apenas se ven bares, más bien son restaurantes donde se puede también tomar unas copas, de manera que los franceses no tienen la costumbre de los españoles, aparte de que allí las bebidas alcohólicas son muy caras. Recuerdo que en París entré a un bar, para ver al Real Madrid, que jugaba contra el París Saint-Germain. Allí me encontré con unos estudiantes españoles de Erasmus (algunos eran del Barça), que les gustaba el fútbol, pero dos cervezas creo que me costaron seis euros.






A la hora de montar un negocio, los expertos recomiendan hacer un estudio previo de los comercios de la misma rama que hay por los alrededores. Si en la calle hay una ferretería, no es aconsejable montar otra por allí cerca. Esto tan simple muchas veces no se tiene en cuenta, por lo que están predispuestos al fracaso y al cierre del negocio, aunque lo peor son las pérdidas. Recientemente, me ocurrió esto: en el mercadillo de un pueblo grande, un frutero vendía los melocotones a 1,20 euros el kilo y te decía que eran de Guadix, aunque en la furgoneta figura un pueblo de Almería. Al lado del frutero había un matrimonio que vendía los melocotones a 1,80: eran mucho más grandes y la furgoneta ponía la dirección de un pueblo cercano a Guadix. Mientras estos melocotones desprendían un olor dulce, los otros apenas olían. Sin embargo, el frutero de Almería se hinchaba de vender melocotones y hortalizas, mientras que el matrimonio apenas tenía clientela. Entonces les dije: “El de al lado los está vendiendo como melocotones de Guadix, aunque no lo son, y más baratos. Mientras que ustedes…”. “Es que mis melocotones son mejores y más gordos…”, me respondió la mujer. “Mire –le interrumpí–, usted está compitiendo con el frutero de al lado, que vende el kilo de melocotones a 60 céntimos más barato. Le está quitando la clientela, por lo que a usted no le queda más remedio que bajar el precio si quiere vender la mercancía”. Vi que el matrimonio no se quedó conforme con mi razonamiento, pues no entendía esta regla tan simple de economía.  A la semana siguiente, pude comprobar que había bajado el precio del melocotón a 1,50 euros y ahora tenía más clientela. 



jueves, 15 de septiembre de 2016

NUNCA LLUEVE EN GUADIX















Pocos saben que, en las comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, apenas llueve porque las cumbres de Sierra Nevada no dejan pasar las nubes. Ocurre algo parecido con la Cordillera del Himalaya: las nubes descargan la lluvia en el Everest y en las cimas del planeta, mientras que unos kilómetros más allá se encuentra el desierto de Gobi porque no recibe ni una gota de agua. Por eso, la Hoya de Guadix y Baza, así como la comarca de Huéscar son semidesérticas, con un paisaje estepario donde sólo hay vega en las márgenes de los ríos. A veces he pasado por la cuesta de Víznar, en dirección a Guadix, y estaba diluviando o bien el cielo tenía un color plomizo por la Sierra de Huétor, amenazando con una gran tormenta. Unos minutos después, en el Puerto de la Mora, la intensa lluvia o la niebla apenas dejan ver la carretera, mientras que no es raro ver a algún vehículo tirado o volcado en el arcén. Pero, una vez que dejas atrás la Venta del Molinillo, aparece recostado en la ladera el pueblo de Diezma, mientras que un sol resplandeciente e intenso te deslumbra los ojos. Y sin embargo, a lo lejos, se ven las nubes trepando por sobre las blancas cumbres de Sierra Nevada. Cuando acaban los bosques de pinos de la Sierra de Huétor, uno se topa con el árido paisaje de la tierra roja de Guadix, tan parecido a Capadocia, donde los dientes de los montes resecos parece que claman al cielo pidiendo que llueva.

Sin embargo, muchos comarcanos piensan que la falta de lluvia se debe a las misteriosas avionetas, que lanzan cloruro de plata sobre las nubes y las disuelven, para que no llueva o no caiga granizo en las cosechas y, también, para que los agricultores planten almendros, un árbol que apenas requiere agua mientras que el precio de las almendras está subiendo. Algo de cierto hay en las temidas avionetas, pues hay videos donde se ven lanzando el producto químico sobre las nubes, que desaparecen poco después. Pero, no es menos cierto que las nubes descargan la lluvia sobre Sierra Nevada, que se convierte en un enorme depósito de agua para Granada, regando su fértil vega. Sin embargo, en Guadix, el cauce del río Fardes permanece seco durante el verano (el agua se deriva a las acequias de riego), a la vez que el clima es mucho más gélido. Antiguamente, el cauce del río Fardes era el único camino que había para ir a Almería, por lo que sólo se podía hacer el recorrido durante el verano, según cuenta Pedro Antonio de Alarcón.









Foehn o Föhn es una palabra alemana que se aplica al viento del norte, de los Alpes. Éste se produce en las montañas, cuando una masa de aire cálido y húmedo tiene que ascender para salvar el obstáculo. Entonces, el vapor de agua se condensa y se produce la lluvia. Sin embargo, en el lado opuesto de la montaña, el aire seco desciende con rapidez por lo que aumenta la presión atmosférica y la temperatura. Esto es lo que se llama el Efecto Föhn. Este fenómeno se puede apreciar también en las cumbres de Sierra Nevada: obliga a ascender el aire húmedo que viene del Valle del Guadalquivir y, más tarde, descarga toda la humedad en forma de lluvia. Pero, al descender el aire por la otra vertiente, aumenta la temperatura y de esta manera se forma el desierto de Tabernas, en la provincia de Almería, y las resecas comarcas de Guadix, Baza y Huéscar, donde las precipitaciones no superan los 150 mm al año. 


Los romanos llamaron a Sierra Nevada Mons Solis (Monte del Sol), y de aquí Solaria, pues el Sol sale por la montaña, mientras que los árabes la denominaron Sulayr. El poeta de Al-Ándalus, Ibn al-Jathib, llamó a Sierra Nevada “maravilla de la tierra, de donde brotan treinta y cuatro ríos y arroyos”. Entre ellos destaca el río Genil, que significa en árabe Cien Nilos. Pero, así de caprichoso es el clima: agua abundante para la Vega de Granada mientras que para Guadix sólo deja poca lluvia y un gélido frío.

Publicado en la revista ABSOLEM, el 14 de septiembre de 2016



domingo, 4 de septiembre de 2016

EL DEFENSOR DEL MENOR ACUSA A LA JUNTA










El Defensor del Pueblo Andaluz y del Menor, Jesús Maeztu, presentó el pasado 30 de junio el “Informe del Menor de 2015”, en el Parlamento andaluz, y será debatido en el pleno en septiembre. En el informe hace una profunda crítica no sólo contra la Consejería de Educación, sino contra los colegios y las familias por no saber o no querer abordar el problema del acoso escolar. El Defensor acusa a la Junta de Andalucía y a los colegios de estar invisibilizando la violencia escolar, “igual que hace 30 años se ocultaba la violencia de género. Los profesores no quieren que el colegio tenga una tacha por haber tenido un caso de acoso escolar, porque creen que eso les va a estigmatizar y van a perder alumnos. Y debe ser justo al revés: el centro que lo denuncia públicamente y aborda el problema es el que pone la solución. Los colegios se resisten a tener una actitud frontal”.

El Defensor denuncia también que el Gobierno andaluz “silencia el problema del acoso escolar” y que la Consejería de Educación “oculta deliberadamente las cifras de un problema que está creciendo significativamente”, a causa del aumento de las quejas que recibe en su oficina. “Hay que sacar el acoso escolar del silencio. No sé si este tema vende mucho o poco, pero tiene que estar en la agenda de los medios de comunicación. Pido ayuda y sensibilidad”, ha dicho Maeztu. “La actitud es: mientras menos registro de acoso escolar tienes, eres mejor región, y no es verdad. Si no sale en prensa, los casos siguen. El escándalo dentro se soporta, y fuera no”, señala.

Según Maeztu, se han incrementado el número de quejas y consultas sobre el acoso escolar, tanto de padres de víctimas como de profesores, a la vez que desconocían el protocolo de actuación de la consejería para estos casos: 21 quejas y 51 consultas en 2013; nueve quejas y 28 consultas en 2014; 30 quejas y 38 consultas en 2015, y 21 quejas y 29 consultas en lo que va de año. Y añade: “La Junta no toma conciencia de lo que está pasando porque todavía no son cifras alarmantes, pero el acoso escolar debe atajarse ahora, porque más tarde degenerará en una actitud de dominación del macho a la hembra en la adolescencia, y luego en violencia de género en la edad adulta”. Por eso, el Defensor ha encargado un informe sobre el acoso escolar que presentará a final de año, en el Parlamento andaluz, a la vez que señala a los responsables públicos porque no ayudan a denunciarlo y a prevenirlo.

Maeztu se ha quejado también de la falta de transparencia de la Consejería de Educación, pues no conoce cómo están funcionando los protocolos y no tiene datos concluyentes del acoso, por edades, por etapas y por colegios públicos y privados, porque la Administración no le proporciona la información que requiere. En los casos que ha estudiado ha detectado “falta de coordinación y de control. He analizado protocolos concretos de colegios que han tomado medidas un mes y medio después de producirse el acoso, porque han esperado a que se resuelva de otra forma. ¿Qué clase de seguimiento se le hace a estos protocolos?”, se pregunta. El acoso escolar es más físico entre niños y más psicológico entre niñas, y tiene efectos en el rendimiento académico, pero sobre todo en la autoestima de las víctimas. Es difícil de detectar, porque a veces ni siquiera los perjudicados saben explicar qué les ocurre, piensan que están exagerando una pelea. Tampoco todos los profesores son capaces de ver y solucionar el problema, y para algunas familias, según Maeztu, es un deshonor hacerlo público y optan por ningunearlo o cambiar a su hijo de escuela. En fin, más claro y más alto no se puede decir.

Sin embargo, la consejera de Educación, Adelaida de la Calle, mostró su discrepancia con el Defensor: “Hay acoso, sí, pero, según el ‘Observatorio para la Convivencia Escolar’, sólo afecta al 0,03% entre dos millones de escolares de Andalucía, y que cuando se detecta un caso de acoso escolar se pone en marcha de manera inmediata un protocolo de actuación”. La consejera señaló que “en los últimos cuatro cursos se ha producido un descenso en los porcentajes de conductas contrarias o gravemente perjudiciales en las aulas, fruto de los planes de convivencia y de las distintas medidas puestas en marcha a partir de 2011, en las que Andalucía es pionera”. Sin embargo, según los datos del ‘Observatorio’, ofrecidos en mayo, se produjeron 358 situaciones denunciadas y confirmadas en el curso 2014-15.

Difícilmente se podrá solucionar el problema en Andalucía silenciando el acoso escolar, ocultando las cifras y diciendo que han disminuido los casos. El Defensor del Menor no se va a poner a inventar o exagerar un informe que tiene que remitirlo al Parlamento andaluz, donde va a ser debatido en el pleno. Y no sólo acusa a Educación, sino también a los colegios y a las familias. La consejera de Educación debería escuchar las recomendaciones del Defensor y tomar nota, si de verdad quiere atajar el problema para que disminuyan los casos de acoso escolar en la comunidad autónoma. Hay que tener más humildad para colaborar con la institución del Defensor, que precisamente fue elegido para esto por el Parlamento andaluz: para defender los derechos de los ciudadanos, en este caso concreto, de los más débiles. Las asociaciones de padres y los colegios deberían de apoyar el Informe del Defensor (poco puede hacer si no tiene el apoyo social y de los partidos políticos), ya que persigue la defensa de las víctimas (muchas tardan años en recuperarse del trauma y otras se suicidan), mientras que los agresores no pocas veces quedan impunes.








Hace dos años, un compañero me confesó que estaba padeciendo acoso laboral, le ofrecí la ayuda del sindicato pero él no quería que lo vieran hablando conmigo por el miedo que tenía, a pesar de estar afiliado. Un día, cuando ya estaba depresivo, le pregunté y me dijo: “La verdad es que no sé si me están haciendo acoso laboral”. Entonces, le respondí: “Esa es la prueba de que te están acosando”. Cuando se llega a una situación de confusión mental, de indefensión, de aislamiento y de soledad entonces pones en duda todo lo que ocurre a tu alrededor. Varios meses después, el compañero se marchó a otro destino, con su depresión a cuestas. Yo también he pasado por esta dramática situación de acoso laboral y, en una ocasión, un compañero se sinceró conmigo: “Me ha dicho… que no quiere verme hablando contigo”.


Trasladen este acoso a un niño o a un adolescente –tan inseguros y indefensos a esas edades, que hasta piensan que sus padres no los van a creer–, por lo que nada de extraño tienen los suicidios y las depresiones. Demasiadas muertes, demasiadas víctimas y demasiado daño en las familias ha producido ya el acoso escolar, para venir ahora a negar lo que es evidente a todas luces. En Francia tienen unos protocolos más seguros y eficientes, y el problema del acoso escolar se controla. Eso sí, gasta mucho más en Educación que en España, mientras que la Comunidad de Andalucía es de las que menos gasta por alumno. Es cuestión de mentalidad y de voluntad, esto es, de querer solucionar el problema.