sábado, 19 de noviembre de 2016

EL VICIO DE LEER PERIÓDICOS











 ‘La Codorniz’ fue una famosa revista que se editó en tiempos de Franco y durante varios años de la Transición, hasta que desapareció como tantas otras publicaciones. En 1968 valía 10 pesetas, mientras que en 1975 había subido a 30 pesetas. Fue la decana de la prensa humorística y en la portada venía este famoso eslogan: “La revista más audaz, para el lector más inteligente”. ‘La Codorniz’ fue multada en numerosas ocasiones por la censura y alguna vez secuestrada, por lo que sus colaboradores tenían que hacer malabarismos escribiendo, con el fin de evitar la tijera de los censores. Entre sus directores destacan Miguel Mihúra, el escritor Álvaro de la Iglesia, Cándido... Y entre sus colaboradores figuraron Chumy Chúmez, Miguel Gila, Forges, Antonio Mingote, ‘el Perich’, Máximo, Pitigrilli, etc.

La revista publicó un artículo, con el seudónimo de Vivillo, en octubre de 1975, donde explicaba los secretos “Para entender el periódico”. Aseguraba que, cuando el periódico dice, no van a subir la gasolina y la leche: hay que entender que van a subir la gasolina y la leche. Cuando dice, en la CEE un periódico vale unas quince pesetas: es que va a subir el periódico. Excelente cosecha de patatas: pues van a subir las patatas. Pésima cosecha de trigo: va a subir el pan.

Cuando el periódico anuncia que sube el agua, es que va a subir el vino. Que la epidemia no presenta caracteres preocupantes: es que los médicos están muy preocupados. Hay un nuevo brote de rabia, pues van a morir miles de perros. Subió el coste de la vida un 1,33%, pues, hay que entender que subió la cosa un 13,3%. Las temperaturas, al menos, permanecerán estacionarias: las temperaturas también van a subir. Que en la TVE, a las 21,30 horas, echarán una película interesante: pues, a las 21,30, será sustituida por una película tontorrona. Hay que tener en cuenta que esto se escribió en 1975, año en que murió el dictador Franco, y entonces no había libertad de prensa sino que estaba vigente la famosa ‘Ley de Prensa e Imprenta’ de Manuel Fraga, que daba cierta libertad pero imponía fuertes multas y, cuando la cosa era de mayor envergadura, secuestraba la publicación.

 
Prensa española




Hará unos quince años, saltó la noticia en el Reino Unido de que los huevos de algunas granjas estaban contaminados y producían enfermedades a quienes los consumieran. Los países de la Unión Europea tomaron las medidas oportunas y alertaron a la población, pero el ministro del ramo en el Reino Unido, para que no se hundiera la producción de huevos, salió en la televisión negando los hechos y diciendo que se podían consumir sin ningún peligro. El resultado fue que tres británicos murieron a causa del consumo de huevos. El Gobierno pensaría: ¿Qué nos importa que haya riesgo para las personas, si logramos que no se hunda la producción?

Lo único que consiguieron fue salvar las ventas durante unos días más, pero, a costa de la vida de unos ciudadanos. Si ocurriera esto hoy en una democracia occidental, el ministro tendría responsabilidad penal por engañar a sabiendas, además de poner en riesgo a la población. En España fue peor, con el “aceite de la colza”, a comienzos de la Transición. El ministro de Sanidad, Jesús Sancho Roff, calificó la alarma que generó como “un bichito”, para que la gente no dejara de consumir aquel producto hecho de mezclas de aceites de oliva y del que usaban para los automóviles. El resultado fue que fallecieron unas veinte personas y resultaron incapacitadas unas mil y pico. La intención de Vivillo con su artículo era avisar de que las noticias que salen en la prensa, no siempre son fiables ni están contrastadas, y más en aquella época en que no se podían publicar las noticias que eran previamente censuradas por el Régimen. Hoy los medios procuran no caer en el descrédito que les supone dar una noticia falsa y, lo que es peor, tener que ser denunciados en el juzgado por los perjudicados.

También se da mucho el caso de una persona que lee un periódico al día y permanece siempre fiel al mismo, podemos deducir que su vida transcurrirá sin grandes sobresaltos y hasta es posible que disfrute de una larga jubilación. Estará bien informado y, si es algo crédulo, creerá todo lo que le dicen. Esta persona siempre estará mejor informada que la que sólo ve las noticias por televisión. Ahora bien, cosa diferente es cuando se leen dos periódicos al día y se comparan las noticias. Entonces uno ya no sabe a qué carta quedarse… ¿Quién está diciendo la verdad? He ahí el dilema. Tendrá que ser un lector avisado y con fundamento, si quiere descubrir los gazapos. Los médicos aconsejan que, si uno quiere evitar problemas de subidas de tensión o de infartos cerebrales, se debe de leer el periódico afín, esto es, el de sus amores.

Leer más de dos periódicos al día es nocivo para la salud, aparte de la miopía y de los sofocos que pueden generar. Para estos casos, recomiendan siempre llevar una vida tranquila y leer sólo la letra gorda, que suele venir con estos titulares o parecidos: “Pablo Iglesias promete que si llega al poder subirá el salario mínimo y aumentará el gasto social”. Y entonces volvemos a lo mismo, a lo que ya nos avisaba Vivillo al principio: pues, que a otro día sube el pan veinte céntimos. “Rajoy promete que, si lo dejan gobernar, bajará el IRPF”: a otro día, la Unión Europea le recuerda que tiene que hacer un ajuste de 5.000 millones de euros para equilibrar el déficit. A Pedro Sánchez se le ocurrió decir que tenía un plan (un pacto secreto con Podemos y los independentistas para gobernar): a los pocos días, la plana mayor del PSOE le montó un congreso y Pedro se quedó sin plan. Y así nos hemos pasado todo un año, oyendo en la prensa, radio y televisión que si Pedro decía que “no es no” y que Rivera quería ser su pareja. Y ahora nos espera otro año, oyendo en los medios las sandeces y los disparates que suelta el impresentable de Donald Tramp. Digo yo que este tipo tendrá que adaptarse al mundo, y no que el mundo se adapte a él.





Hace poco, un amigo me comentaba sobre una emisora de radio: “Cuenta las noticias de forma parcial”. El caso es que yo también pensé lo mismo de la emisora que él escuchaba. El tema va así: una emisora es afín al socialismo, ya que los gobiernos autónomos socialistas invierten su buen dinero en publicidad, de manera que lo suyo es darle palos a la derecha, por sistema, y hacerle propaganda a la izquierda. La otra cadena es afín a la derecha y ocurre tres cuartos de lo mismo, pero al revés. Y algo parecido se puede decir de otros medios de comunicación. En Alemania, Francia o Reino Unido los medios son independientes de los partidos políticos, pero en España algunos más bien son dependientes, sea porque dependen de la publicidad o bien porque son de ideología afín. Yo suelo oír varias emisoras de radio y cada una ofrece a veces una versión diferente de los hechos, o te va vendiendo la burra.


Se cuenta la anécdota de un ministro de Franco, que le estaba diciendo al público lo bien que se vivía en España y un ciudadano le interrumpió: “Pues yo he viajado por España y no es como usted dice”. Y el ministro, ni corto ni perezoso, le espetó: “Pues, viaje usted menos y lea más los periódicos”. Vivillo no iba descaminado.

http://en-clase.ideal.es/2016/11/19/leandro-garcia-casanova-el-vicio-de-leer-periodicos/

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